El Arcade se hizo fuego

El anunciador, en el centro del ring, anunció la entrada del púgil, un púgil que no es un solo sujeto, sino un conjunto armónico, mágico, que ingresó a la arena y con golpes de guitarra y emoción, dieron un golpe de knock out a los asistentes luego de dos horas emotivas de espectáculo.  

Arcade Fire cumplió con lo prometido, un show espectacular que se anunciaba como el mejor que se vería en 2017, no puedo asegurar que lo hubiera sido porque económicamente y por cuestión de gustos me es imposible verlo todo, pero si puedo decir que fue de los mejores conciertos que he vivido, pese a los fallos técnicos y logísticos que se hubieran presentado.

Las palabras son muy cortas para describir lo vivido, desde el instante en que sonó de manera intrépida la quinta sinfonía de Beethoven (versión de Walter Murphy) para dar paso al ingresó de la banda para luego iniciar con “Everything Now”, hasta el intenso y nostálgico final con “Wake Up” el concierto fue un viaje emocional decorado majestuosamente con la calidad musical del grupo, que con intensidad, pasión y sencillez, se entregaron al público bogotano para darnos una noche inolvidable.

Entre al recinto con el gusto por Arcade Fire y salí enamorado de ellos, son de esos grupos que en vivo sellan un vínculo para toda la vida. Después del concierto entendí porque los teloneros, Bomba Estéreo, no tocaron “Fuego”, el fuego lo pondría otro grupo en el escenario.

La nostalgia post-concierto es inevitable, pero la cara de ponqué que aún tengo al recordar cada instante de anoche me hacen estar más que agradecido por la suerte que se tuvo para poder ir y sobretodo por el gran concierto que vivimos anoche y que aún retumba en nuestros oídos, cabezas y corazones.

Infinitas gracias Arcade Fire.

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