Nostalgia.

No sé por qué, soy demasiado nostálgico o demasiado marica, pero luego de alguna experiencia muy grata quedo como con un guayabo que me dura al menos una semana. Me pasa con los conciertos, o con un día que haya sido muy especial, o como en este caso, un viaje.

Hace una semana larga estaba en tierra llanera, tour Yopal-Chámeza (aunque Chámeza de llano solo tiene el espíritu llanero de su gente, porque eso es más cordillera que otra cosa), y la experiencia se me hizo inolvidable. Hacía tanto tiempo que no iba que fue como si fuera por primera vez. Quedé embobado, fascinado y con ganas de volver.

Haber vuelto a ver a la mayoría de mis tíos (solo faltó una), volver a ver a mi abuela y que dijera que éste chinito ya estaba muy grande, reencontrarme con el abuelo, aunque con él hace poco nos habíamos visto, pero sobre todo compartir muchísimo con mis primos. Siempre sentí que esa parte me faltó, compartir más con mis primos, la distancia y la diferencia de edad pesaron, pero esta vez no importó nada, todo fue risa, historias, baile, canto, joda, de todo, fue algo maravilloso, creo que no pude empezar mejor el año.

Los momentos vividos han sido demasiado gratos y sin duda me han marcado. Pequé al dejar pasar tanto tiempo sin ir, pero ahora solo tengo el deseo de volver más seguido. Siempre supe que allá tengo familia, pero esta vez la volví a sentir, un pedazo de corazón se me ha quedado allá, en la llanura.

Hasta pronto.

 

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(…)

Recordar el colegio implica recordar esa exploración musical que tuve a través del metal, hoy recuerdo en especial un tema, “To Enter Your Mountain” de Bathory. La verdad yo en la interpretación de las letras en inglés he sido un vil güeva, pero siempre esa canción me transportaba, me llevaba a una montaña, quizá en el interior de uno, donde hubiera paz, tranquilidad, donde pudiera reorganizarse y salir de nuevo con claridad. Hoy sé qué no dice nada de eso, pero la sigo sintiendo igual y hoy más que nunca me serviría encontrar esa montaña, adentrarme en ella, y poder alejar todos mis demonios…

Cánticos que no van

Ir al estadio es una oportunidad única para mí, esto debido a que no vengo de una familia futbolera y no tengo la capacidad económica para costearme el abono para ver a mi equipo del alma; pero ayer creo que no tuve una de las mejores experiencias y no precisamente por lo futbolístico.

Sí, Millos jugó horrible ayer y siendo sincero mereció perder, pero el resultado es meramente deportivo, algo que ocurrió y que se puede olvidar. Pero lo que no puedo olvidar es sentir que buena parte de la hinchada le pareció muy divertido cargar al rival con un tema que a mi modo de ver no tiene nada para coger de chanza.

Se veía venir que el clásico iba a tener ambiente pesado dado el escándalo sexual que involucra a unos jugadores (¡No todos!) de Santa Fe. Quise tener fe en nosotros, los hinchas, de que podríamos saber reconocer la diferencia entre meterle presión al rival y tomar un tema tan delicado para vulnerarlo. No debí tener fe, aunque debo decir que otra parte de los que estuvimos en oriental no seguimos la chanza.

El momento que me generaba incertidumbre llegó, salieron los jugadores de Santa Fe a caminar la cancha y los gritos de “Violadores” no se hicieron esperar. Curioso, acusar a todo un equipo que son unos violadores cuando ni siquiera se han revelado detalles concretos de quiénes son los involucrados. Que por uno paguen todos. Escueleros a morir. Ya en el juego, gritos solitarios de “Violador”, “Violador hijueputa” no faltaban, gritos desesperados de hinchas que van a putear más que a alentar. Algún cántico quizá se me pasa, pero la gota que rebosó la copa, mi copa, llegó cuando empezó a escucharse un: “el que no salte / es violador”. Se me quebró todo, quedé sin palabras.

Para quienes han asistido a un estadio saben en qué sentido se usa el cántico, para quién no, el cántico invita a saltar a toda la hinchada local para diferenciarla de la hinchada visitante, ósea que ¿se quiso decir que también los hinchas cardenales son unos violadores? Sí, no hubo hinchada visitante ayer, pero el sentido está, la intención está. Me parece increíble que se juegue con eso, decirle a toda una hinchada, que son personas igual que nosotros, con una misma pasión por el fútbol, que tan solo cambia de color, que son unos violadores. Estoy seguro que a ninguno ayer en el estadio le hubiera gustado que los mismos cánticos fuesen dirigidos hacia nosotros.

Yo entiendo que el hincha quiere apoyar al equipo y así mismo hacerle sentir al visitante que no esta jugando en su casa, se quiere presionarlo y puedo hasta entender que se puteen (ya las groserías se han tergiversado tanto que hay es que mirar el contexto en que se dicen), pero no puedo entender que se hagan cantos como el de ayer. Si muchos nos indignamos con el tweet del honorable senador Uribe (al cual inexplicablemente aún algunos llaman  presidente) en contra de Daniel Samper, pues lo de ayer me parece que no es menos indignante.

Quiero que se entienda que no estoy defendiendo a los de Santa Fe, mi deseo es que se haga justicia, pero que se haga con los que son, y si el rumor de que se pagó por el silencio es comprobado, que también se haga justicia allí. Pero no estoy de acuerdo en que se acuse a diestra y siniestra a todos los jugadores rivales y aún más a una afición que ni velas tiene en ese entierro; aunque también es reprochable la actitud de mucho hincha cardenal en Twitter justificando la violación porque “es una trabajadora sexual” o dándole mayor trascendencia a que justo pasó antes del clásico. ¡Por favor, fue una VIOLACIÓN! En qué mundo estamos; si el partido era lo que más les importaba, pues ya, lo ganaron, pero lo ocurrido es demasiado grave como para que el fútbol esté por encima. Amamos el fútbol, pero que este no nos enceguezca.

También quiero ser claro que no es solo cosa por parte de la hinchada embajadora, así digan que todos somos unos gamines, unos bocones y demás, no todos lo somos (y no lo digo por sentirme más). Estoy casi seguro que si Santa Fe hubiera tenido que visitar cualquier otra plaza “caliente” (Medellín, Cali, Barranquilla) también las acusaciones de violadores no se hubieran hecho esperar y es más, si la situación hubiera sido al revés, no dudo también que hinchas cardenales hubieran hecho cánticos similares en contra nuestra. Hinchas así abundan en Colombia y hay en TODOS los equipos con hinchadas considerables.

No quería cargar a la hinchada de mi equipo, pero así como Millos ayer cayó en el juego que Santa Fe le planteó en la cancha y perdió, parte de la hinchada también cayó en toda la situación mediática y perdió con una actitud que considero reprochable. Si algún hincha embajador me lee, espero entienda mi posición, que este no es un tema de hinchada ni de fútbol, esto es algo delicado en la sociedad en la cual vivimos, y antes que hincha soy ciudadano. Sí su sentir es putearme, hágalo, pero este post lo hago siendo orgulloso de ser de Millos, pero lamentando lo ocurrido.

Hasta pronto.

 

La Tierrita

Quizá sea un romántico excesivo, un enamorado de los paisajes repetidos, del verde abrumador y el aire liviano que se respira. Puede que sea un lugar aburrido para algunos, pero se me hace imprescindible entre mis destinos. Ir por la carretera, bordeando un río o cruzando el valle, rodeado por la montaña cargada de bosques que sin importar el clima dan un toque mágico al viaje, a mi viaje, que me absorbe al otro lado del cristal.

Llegar al campo, respirar naturaleza, sentir calma; lugares como la tierra de mi padre me hacen sentir esperanza, sentir que pese al daño ambiental que generamos, aún se puede hacer algo y podemos preservar lo que aún tenemos. Estar allá me hace creer que aún hay vida, una estable.

En la noche, el camino se muestra bajo la luz de una luna, de las estrellas, gracias al cielo puro que ninguna ciudad jamás podrá apreciar. El sendero nos guía hacia el potrero, donde una vaca que junto a su vástago desean probar de la densa cubierta del suelo. De allí, la siguiente parada es  la zona de relajación (el SPA boyacense (?)).

La pista está puesta a disposición, las piedras vuelan de lado a lado en un movimiento parabólico cuyo ángulo de disparo dependerá de su peso y la fuerza del tirador; artefactos triangulares estallan sin tomar prevenido a nadie, que entre algún grito de susto y risa se celebra el equivalente a un gol.

Es allí, estando en la banca, con una bebida de cebada en la mano, observé la iglesia del pueblo, a lo lejos, escondida entre los árboles, y me pregunté, ¿Llegarán a dejar de existir estos pueblos? Algo exagerado mi pensamiento, pero dados los estereotipos de progreso, de ciudad y de campo, me fue imposible no dejarme llevar por la pregunta; además, es muy difícil negar que cada vez se ve más una población longeva en los pueblos. Pensar en ello me dejó melancólico, qué seríamos sin el campo, qué sería de mí sin aquel lugar al cual no pertenezco pero que me acoge como si lo fuera desde que tengo uso de razón; no podría aceptar la idea de que estos municipios llegasen a quedar desiertos, olvidados.

Es irónico que una persona como yo, que digo no querer dejar la ciudad alguna vez (son ideas que pueden cambiar con el paso del tiempo) salga ahora a añorar y desear que la tierrita nunca sea la tierra de la que Vives canta. No faltará quien me diga que coja azadón, botas y me vaya pa’llá, pero el hecho de que no viva allá no implica que no sienta cariño por la tierra que busco empedernido entre la montaña cada que estoy del otro lado del valle durante el camino, esa tierra que crió a mi padre, que es hogar de mi abuelo y que es como una segunda tierra natal para mi.

Hasta pronto.

 

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Melodramathico.

Hace unos meses temía por el semestre, por si podría revertir un mal comienzo, y hoy puedo decir: ¡La remonté! ¡No la “pechee”! Logré sacar adelante un semestre que solito se me complicó. A trancas y mochas la pude sortear y sobrellevar la situación, y estar hoy tranquilo al otro lado del semestre, pero algo en el fondo me impide celebrar con total satisfacción.

Es increíble pero a estas alturas del partido aún tengo dudas, tengo temores respecto a lo que hago, lo que estudio. Estoy plagado de miedos, y quizá ellos me permiten seguir sintiendo la vida al máximo, ese temor antes de presentar un parcial, o antes de vender humo en una exposición, ese temor de abrir Cóndor (me importa un carajo que ya no tenga ese nombre) y no ver la nota esperada. Todo este conjunto de cosas me angustia y a la vez me mantienen ahí.

Hace poco una amiga me pregunto por cuál era uno de mis mayores miedos en la vida, a parte de los nimios temores que padezco y que ya mencioné, le pude contestar por uno que siempre me acongoja, el temor a no dar la talla en lo que hago. Es absurdo, pero siempre dudo y me siento inferior a los demás, siento que no soy bueno en esto, y ese hecho me llevo el otro día a una reflexión; Durante la carrera he visto cada tema con miedo, con temor de no ser capaz de comprenderlo, en vez de tratar de entenderlo con calma y por qué no, gozarlo. En conclusión, no he disfrutado la carrera y quizá haya desperdiciado en cierto modo esta oportunidad.

De pronto estoy pasado de pesimista, me este dando duro, esté viendo todo de manera trágica cuando debería estar tranquilo por la buena racha que llevo. Es posible que sea por el final que ya empieza a asomar, o simplemente sea la reacción a la acción de esta puta baja autoestima que me corroe desde pequeño.

Esta pequeña entrada ha sido como liberadora y pesimista, además de desesperada. Me disculpo por el post melodramático, pueda que sea también porque pese a la remontada, el semestre no fue lo que esperaba que fuera y desaproveché una oportunidad enorme de subir ese promedio que parece no sube ni a rueda de Nairo. Aún así estoy tranquilo, porque el objetivo principal se cumplió.

Hasta pronto.

 

A veces el silencio puede ser más sabio, más significativo, más valioso y precavido. Ese silencio que a veces no se sabe guardar, que se escapa del consejo de la prudencia y que termina invocando a todos los demonios de mi interior. El silencio puede ser el más hijueputa, el más certero, que haga sentir ignorado u olvidado al otro, pero ese silencio, el que no guardé, pudo haber evitado lo que parece difícil de evitar ya. Qué puta tristeza, qué impotencia, qué desolación.

Semana de resurrección

Semana santa, ¿por qué nos has abandonado? Por qué tan rápido, sin esperarte a un tinto siquiera. Te vas así no más, después de que tanto te esperamos, tanto te bendecimos, te alabamos, te glorificamos, pequeño oasis en el semestre.

Quisiera soñar con un país justo, en donde la religión prima, y se nos de después de esta semana de reflexión una semana de recuperación (todo queriéndolo habilitar uno), en donde uno como estudiante pueda hacer todos los trabajos que la reflexión santa no permite hacer. Sí, dejan aún trabajos en semana santa, creí que eso ya era pecado constitucional. Perdónalos señor, porque no saben lo que hacen.

Lo cierto es que esta semana fue más corta que un suspiro, duró menos que un polvo desdichado, y ya nada podemos hacer. La vida parece correr a causa de una diarrea de tiempo, que no da espera y nosotros no le podemos dar siquiera Bisbacter, porque entre la ida y la venida a la droguería, el tiempo ya se ha ido.

Necesito como el sabio Eric Cartman, un trasplante de tiempo, una semanita más al menos, porque necesito cambiar más cosas que Sampaoli en la selección Argentina (si es que lo confirman como DT). Necesito remontar un semestre que sin querer queriendo se me chispoteó. Parezco Higuaín definiendo en una final, y no soy técnico para culpar al árbitro por mis fallos.

Lo bueno es que aún necesito la calculadora solo para algunos ejercicios de Fourier; sí, aun dependo de si mismo. No será fácil, pero tampoco imposible. Lo único que espero (y siendo yo hincha embajador) es no hacer un Millos, remontarlo para que me lo empaten e ir a penales. De los penales y las recuperaciones, líbrame señor. La procesión de los católicos fue ayer viernes santo, la mía comienza el lunes, yo tan solo espero capar la crucifixión, absolverme de todo sufrimiento por allá en junio y vivir la vida eterna, amén.

Hasta pronto.