Melodramathico.

Hace unos meses temía por el semestre, por si podría revertir un mal comienzo, y hoy puedo decir: ¡La remonté! ¡No la “pechee”! Logré sacar adelante un semestre que solito se me complicó. A trancas y mochas la pude sortear y sobrellevar la situación, y estar hoy tranquilo al otro lado del semestre, pero algo en el fondo me impide celebrar con total satisfacción.

Es increíble pero a estas alturas del partido aún tengo dudas, tengo temores respecto a lo que hago, lo que estudio. Estoy plagado de miedos, y quizá ellos me permiten seguir sintiendo la vida al máximo, ese temor antes de presentar un parcial, o antes de vender humo en una exposición, ese temor de abrir Cóndor (me importa un carajo que ya no tenga ese nombre) y no ver la nota esperada. Todo este conjunto de cosas me angustia y a la vez me mantienen ahí.

Hace poco una amiga me pregunto por cuál era uno de mis mayores miedos en la vida, a parte de los nimios temores que padezco y que ya mencioné, le pude contestar por uno que siempre me acongoja, el temor a no dar la talla en lo que hago. Es absurdo, pero siempre dudo y me siento inferior a los demás, siento que no soy bueno en esto, y ese hecho me llevo el otro día a una reflexión; Durante la carrera he visto cada tema con miedo, con temor de no ser capaz de comprenderlo, en vez de tratar de entenderlo con calma y por qué no, gozarlo me. En conclusión, no he disfrutado la carrera y quizá haya desperdiciado en cierto modo esta oportunidad.

De pronto estoy pasado de pesimista, me este dando duro, esté viendo todo de manera trágica cuando debería estar tranquilo por la buena racha que llevo. Es posible que sea por el final que ya empieza a asomar, o simplemente sea la reacción a la acción de esta puta baja autoestima que me corroe desde pequeño.

Esta pequeña entrada ha sido como liberadora y pesimista, además de desesperada. Me disculpo por el post melodramático, pueda que sea también porque pese a la remontada, el semestre no fue lo que esperaba que fuera y desaproveché una oportunidad enorme de subir ese promedio que parece no sube ni a rueda de Nairo. Aún así estoy tranquilo, porque el objetivo principal se cumplió.

Hasta pronto.

 

A veces el silencio puede ser más sabio, más significativo, más valioso y precavido. Ese silencio que a veces no se sabe guardar, que se escapa del consejo de la prudencia y que termina invocando a todos los demonios de mi interior. El silencio puede ser el más hijueputa, el más certero, que haga sentir ignorado u olvidado al otro, pero ese silencio, el que no guardé, pudo haber evitado lo que parece difícil de evitar ya. Qué puta tristeza, qué impotencia, qué desolación.

Semana de resurrección

Semana santa, ¿por qué nos has abandonado? Por qué tan rápido, sin esperarte a un tinto siquiera. Te vas así no más, después de que tanto te esperamos, tanto te bendecimos, te alabamos, te glorificamos, pequeño oasis en el semestre.

Quisiera soñar con un país justo, en donde la religión prima, y se nos de después de esta semana de reflexión una semana de recuperación (todo queriéndolo habilitar uno), en donde uno como estudiante pueda hacer todos los trabajos que la reflexión santa no permite hacer. Sí, dejan aún trabajos en semana santa, creí que eso ya era pecado constitucional. Perdónalos señor, porque no saben lo que hacen.

Lo cierto es que esta semana fue más corta que un suspiro, duró menos que un polvo desdichado, y ya nada podemos hacer. La vida parece correr a causa de una diarrea de tiempo, que no da espera y nosotros no le podemos dar siquiera Bisbacter, porque entre la ida y la venida a la droguería, el tiempo ya se ha ido.

Necesito como el sabio Eric Cartman, un trasplante de tiempo, una semanita más al menos, porque necesito cambiar más cosas que Sampaoli en la selección Argentina (si es que lo confirman como DT). Necesito remontar un semestre que sin querer queriendo se me chispoteó. Parezco Higuaín definiendo en una final, y no soy técnico para culpar al árbitro por mis fallos.

Lo bueno es que aún necesito la calculadora solo para algunos ejercicios de Fourier; sí, aun dependo de si mismo. No será fácil, pero tampoco imposible. Lo único que espero (y siendo yo hincha embajador) es no hacer un Millos, remontarlo para que me lo empaten e ir a penales. De los penales y las recuperaciones, líbrame señor. La procesión de los católicos fue ayer viernes santo, la mía comienza el lunes, yo tan solo espero capar la crucifixión, absolverme de todo sufrimiento por allá en junio y vivir la vida eterna, amén.

Hasta pronto.

 

Alzas

Este nuevo año ha comenzado con más malestar que comodidad y todo a causa de la reforma tributaria y todo el desangre monetario que ésta significa para el bolsillo de los colombianos que en verdad lo sufren (porque los que lo aplican se suenan la nariz con billetes de 50 y la dignidad del pueblo).

No soy un experto en el tema económico y político del país, pero si puedo hablar de lo que vivimos como comerciantes ante las alzas que se presentan, todo por la usura de poner el IVA en un 19% a causa de cosas que quizá no veremos jamás. Perdón el pesimismo, pero nuestra clase política actual es la heredera de la clase política que robó en el ayer, son las mismas familias, el mismo negocio, dudo que hagan algo en verdad significativo para el país.

Pero bueno, no me quiero quejar de un gobierno que nunca pierde, porque dejémonos de vainas, más allá de la izquierda, de la derecha, de los de Santos, de los de Uribe, de los que sí, de los que no; el que pierde es el ciudadano común, al que le clavan los impuestos,el que con las uñas y esfuerzo busca la manera de subsistir, al que manipulan y someten. Pero hoy quiero hablar de las multinacionales, distribuidoras, etc., de los cuales somos clientes para surtir el negocio (si, porque aunque muchos no lo crean, a uno le toca comprar para surtir. A uno no le regalan las cosas).

La aplicación del nuevo IVA es flexible en este primer mes según el gobierno y en febrero ya todo quedará gravado con el 19%, pero al parecer varias empresas, por ejemplo, Bavaria, Mondeléz, Nutresa, han implementado este de una buena vez. Lo interesante del asunto es que los vendedores le dicen a mi padre: “Este producto ya viene con el IVA pero usted tranquilo, mantenga los precios del año pasado”. ¿Es una broma? Es decir que nosotros pagamos un producto con un IVA más caro pero debemos perder ese 3% de aumento en el impuesto. Un descaro

Cualquiera podría decir que no seamos bobos, que le subamos, pero en esta sociedad, por lo único que no alegan cuando ésta caro es por licor y cigarrillos (y estos últimos sí que han subido, pero con gusto los pagan). Subirle a productos como por ejemplo, la gaseosa,  implicaría inconformidad en el cliente el cual se iría a donde alguien que haya mantenido el precio, ya que, (dentro de nuestro argot, donde la envidia y los prejuicios son lo que más sacamos a flote), al subirle nosotros, somos unos ladrones, usureros, y demás. Pareciera que el cliente creyera que a nosotros no nos cuestan los productos.

Este particular fenómeno no viene de ahora, se potenció con el alboroto generado a razón de la reforma, pero ya de antes se veían casos donde es la empresa quien maneja la ganancia del cliente y futuro vendedor. Quala es una empresa que nos distribuye productos como el destapa cañerías, Frutiño, el éxito del verano en Europa, Suntea, el gel pa’ machos, Ego, el shampoo que encrespa a Paola Turbay, Savital, la bebida que es mejor que dormir, Vive 100, entre otros. Todos hemos visto las campañas mediáticas que hay con estos productos en radio y TV, sabemos sus precios, pero nosotros que se lo compramos a ellos, sabemos que la ganancia que le dejan a uno es mínima ya que ellos imponen el precio y nos cobran como quieren. Negocio redondo para ellos que no pierden y venden por montones.

Yo tengo una hipótesis. Creo que las empresas someten a sus cliente directos para que sus productos no pierdan impacto ante el cliente indirecto, es decir, aumentan costos, reduciendo nuestra ganancia para así el producto pueda mantener su precio usual ante el público. ¿No sería algo desleal que esto fuera cierto? Sí, pero también es su estrategia para que los que pierdan no sean ellos, que han de estar ahogados en dinero, sino uno, que se mata de domingo a domingo en un negocio esclavizante.

No sé si andar viendo tanta sería conspirativa me tiene paranoico o qué, pero se siente que entre el gobierno, las multinacionales y la competencia algo desleal y sospechosa (D1, Justo y Bueno, etc.), la meta fuera acabar con el comerciante pequeño. Por ejemplo, Bavaria a tomado por costumbre que en diciembre, cerca de las fechas navideñas, “se queda” sin cerveza en lata, que se les agotó. ¿En serio la única cervecería colombiana, la que acapara el mercado, la que no tiene competencia alguna y que ha de vender más que cualquier otra empresa en el país, se le agota uno de sus productos principales? Lo más curioso es ver qué almacenes de cadena y bodegas del centro no dan abasto con bandejas de Poker en lata y a precios bajos, ¿eso no es competencia desleal, no venderle el producto al comerciante pequeño para que las grandes cadenas dominen el mercado? Y eso sin contar con los nuevos impuestos y el alza de los servicios que hacen que uno no quiera seguir en esta labor. Cómo no pensar que lo que quieren es acabarnos

Lo cierto es que la situación está cada vez más que dura. Si bien nosotros entendemos que la economía no le da para tanto a muchos clientes, y que pese a que todo les gusta regalado, también la situación no da para más. Nosotros también somos humanos, ciudadanos y tenemos que comer, que subsistir en una sociedad de consumo que no da tregua. Espero que esté alboroto se calme en algún punto. Lo que si toca es seguir mientras se quiera y se pueda, porque pese a los golpes bajos recibidos, seguimos dependiendo de nosotros mismos.

Hasta pronto.

¡Si se pudo!

Acabar una semestre es más que agotador, y aún más si este termina casi sobre la antesala de la navidad, que donde se alargue un poquito más el semestre, se reza la novena, subiendo las a veces eternas escaleras, con piedritas en los zapatos, como penitencia o sacrificio para habilitar las materias no pasadas.

Pero cuando no tiene uno que llegar a ese último peldaño de tortura, esa prolongación angustiosa del semestre en la que se juega el todo por el todo, la sensación es sanadora, reconfortante y hasta motivadora. Así me siento, porque no solo fue un semestre, fue un año así.

Estoy tan emocionado que no me lo creo aún. Tuve mi mejor año desde que ingresé a la universidad, y si, debería sentir vergüenza de ello, pero dadas las circunstancias que se han presentado en la carrera y lo ruda que es la misma (y lo malo que soy), creo que es un motivo para emocionarme, así que, dejando la pena a un lado, me siento  feliz.

La costumbre de estar cayendo constantemente y estar levantándome, temeroso de que no pudiera, de que no fuera ser capaz de acabar la carrera, ese miedo constante se ha disipado un poco. El sentimiento de que si se pudo, que logré superar la adversidad, el poder encontrar un año que no fue fácil y sobrepasarlo con satisfacción, sin duda me da un envión anímico, que me dice que si es posible, que así sea sufrido y justo, puedo.

Aún tengo las rodillas peladas, los codos raspados y hasta un diente desportillado de lo sufrido que fue el cierre de semestre, pero la felicidad no se me va a quitar, porque logré lo que llegue a sentir como un imposible (hasta con la misma álgebra que me tira sin piedad).

Hasta pronto.

SadoMathsochistic

En pleno parcial no puede ser que en mi cabeza se atraviese la pregunta que a estas alturas ya no debe hacerse, y más encima, como pecado mortal, como nombrar a Voldemort en Hogwarts, salga de mi boca la oración “¿qué hago estudiando esto?” 

A esta altura en la que voy, (la cual no es la altura esperada, pero ya se va en el aire), es casi un suicidio, es echar por la borda el esfuerzo, o bueno, los trancazos con los que se ha llegado a este punto, pero la frustración le llega más rápido a uno que las ideas para resolver un parcial.

Bien nos dijeron en la inducción, por allá hace tanto tiempo ya, que las matemáticas muchas veces son ingratas, y sí que lo son, hombre honesto aquel que nos advirtió de los baches emocionales en los que podíamos recaer. El problema es que parece que cogí el bache de cama, justo en este semestre aterrador que atravieso.

Uno a los golpes le ha cogido más cariño a la carrera. Al reto que significó poder acabar una carrera de matemáticas al principio, cuando uno no sabía qué hacer con su vida, ahora, que tampoco está muy claro qué se quiere hacer, al menos siente uno que quiere acabar  la carrera de matemáticas y forjarse uno el camino entorno a ella.

No sé cómo haré (aparte de estudiar y poner toda la carne en el asador para el final del semestre), pero tendré que ser como Rose en Titanic, y dejar hundir solas a mis penas, haciendo ellas el papel de Jack (aquí si tengo que dejar morir a  Leo, por más que hubiera espacio para salvarlo).

Antes de irme, creo que le debo una disculpa a mi par en el parcial, mi compañera ;), mi amiga, mi novia, mi apoyo, mi terroncito de azúcar, mi cuchicuchi, mi… *Lo cachetean por cursi*, por soltar tal frase tan motivadora en pleno parcial, sé que no era lo ideal. Lo siento.

Hasta pronto.

Pdta.: El título del post  tan solo me surgió de pensar en una canción de Carpathian Forest y hacerle una pequeña variación, no es para nada una incitación a pensar que estudiar matemáticas es sadomasoquista o algo por el estilo.

(…)

El camino fácil sería odiar algo que te ha golpeado tan duro y tan seguido, que te patea y que parece barrer el piso contigo, pero yo, siendo estúpido, no la odio aún, aunque si, ya empiezo a resignarme con ella. Siempre cayendo ante ella, tratando de evitar el knockout, pero cada vez siento que la siguiente caída ya no podré reponerla. Así me siento, tan derrotado como tantas veces, tan incapaz después de cada golpe, y quizá mañana supere el altibajo, pero la frustración contigo, esa ya no se me va a quitar nunca.

Para ti, álgebra, que me has dado como a pandereta de cristiano…