A la rueda rueda de B.Y.O.B y Aerials.

Cuando uno crece va dejando atrás tantas cosas que suelen olvidarse con el tiempo, recuerdos de cuando se jugaba con muñecos, o se veía uno el rey león -cosa que jamás hice- o cuando la mamá lo llevaba a uno a la escuela de fútbol, o cosas así por el estilo. Recordar esas cosas lo llena a uno de nostalgia, y lleno de nostalgia estoy, porque quizá la noticia que jamás pensé que llegaría, llegó, System of a Down vendrá a Colombia.

¿Pero qué clase de infancia tuvo este man?, podrá preguntarse alguno, y yo le podré decir, de las mejores. No tuve muchos amigos, y después de habernos mudados quedé aún más solo, pero eso no fue impedimento para la diversión (?). Jugaba de arco a arco en mi casa -de cocina a sala, para ser más exactos-, disfrutaba eternas peleas con los power rangers y demás cosas, pero hay dos cosas que marcaron mi infancia desde que tengo uso de razón, la lucha libre y SOAD.

Recuerdo como me decantaba por ver salir a Kane, aquel monstruo salido del infierno, y verlo pelear contra otro -algún tal The Rock, o Triple H-  o ver a Undertaker en su era harlista, o al mismísimo Shawn Michaels hacer de las suyas en el rin ¡qué recuerdos!, amaba ver Smackdown. Era tal mi afición, que solía jugar con un Bugs Bunny que tenía, lo tiraba, me arrojaba encima de él, solía subirme a un camarote y lanzarme sobre él -obviamente, había otra cama en el cuarto-, era tan feliz. Por eso,  a pesar de que ahora -y quizá siempre, para destruir un poco de esa infancia feliz-  la WWE sea tan actuada y  aburrida por momentos, cada lunes en la noche lo veo -gracias FOX Sports, por poner más (?)-, y lo veo solo por mantener viva parte de mi infancia, para no dejarla morir aun.

Pero para hablar ya de SOAD, es claro que en la vida de un hombre no va a faltar la música, desde niño algo escuchamos, y en mi caso, mi joven e inocente cabeza no se pudo topar con algo mejor que Aerials. Solía poner Play TV -cuando eran algo decente-, y cada que aparecía en pantalla un lugar algo desierto, luego una carpa de circo, unos manes con barba tocando y luego un niño con rasgos extraños -algo orientales- que tenía a su cargo poderes extraordinarios, cada que veía eso me enloquecía, amaba esa canción, era capaz de esperar ahí, en el canal hasta que volviera a aparecer. Obviamente no era la única canción que me gustaba -ni la única banda-, disfrutaba mucho de Red Hot Chili Peppers, Creed, algo de Linkin Park -que es la única banda que si suprimí de mis gustos-, pero como SOAD y su Aerials, no había nada para mí.

Cuando fui creciendo, fui conociendo más de la banda, pero el detonante llegó cuando apareció B.Y.O.B ¡joder, qué tema!, recuerdo que ponía el canal de música siempre a las 10 pm porque sabía que a esa hora siempre la pasaban, era La Locura -osea-. Recuerdo que había un compañero en el colegio que también conocía la canción, y se la sabía de cabo a rabo, yo le compartía de mis onces con tal de que el la cantará hasta que se cansará. Creo que fue allí cuando empecé a descubrir y buscar más cosas de SOAD, que los integrantes -y sus lugares de nacimiento, por favor-, que la discografía, que cómo se conocieron, que lo uno qué lo otro, en verdad amaba a SOAD.

Cuando por primera en la casa se cambió de perubólica a parabólica, ver en MTV -cuando era algo medianamente rescatable- temas como Question -que para mí es la mejor canción de ellos-, Hypnotize o Lonely Days fue para mí gratificante, trataba de estar pendiente del canal para ver si estaban poniendo música de SOAD, solía ver el conteo de las 10 canciones -mierda, no recuerdo el nombre, pero no era el ridículo del medio día, sino el de la noche-, porque sabía que fijo, las 3 canciones estaban en el conteo, creo que fueron de las mejores épocas para mi

Como nadie es niño por siempre, tuve que ir dejando mi infancia con una noticia que fue triste, muy triste para mí, al parecer SOAD se desintegraba, ¡qué duro! Serj sacó un disco en solitario, pero no era lo mismo –no digo que fuera malo, solo digo que como SOAD no hay dos- y esto fue llevando a que con el paso del tiempo yo fuera olvidando a SOAD. Conocí a Slayer, al Thrash Metal, luego al Death, y así, fui adquiriendo  presencia y plata (?) y fui dejando un poco de lado, pero jamás olvidado a esta parte tan importante para mí, a mi querido System of a Down, al que hoy recuerdo y vuelvo a vivir como si fuera un niño.

Creo que un hombre nunca debe olvidar jamás de donde viene, no debe olvidar sus raíces y las cosas que lo fueron formando, por eso, por más que ahora tenga más gustos, System of a Down y el Smackdown son para mí lo que puede ser el Rey León, o Dragon Ball Z,  o las eternas tardes de aventuras con sus amigos, para los demás, por eso debo ir al concierto, un poco caro, sí, pero que vale la pena. No sé qué tenga que hacer, de todos modos ya cree una cuenta de ahorros para que hagan sus donaciones para que este humilde servidor tenga un momento inolvidable en su vida, el número de la cuenta es:____(?) está bien, no cree nada, pero si deberé “prostituirme” -lo digo de manera jocosa, no me malinterpreten- para poder ir y disfrutar de Question, Aerials, B.Y.O.B, Deer Dance, Bounce, Jet Pilot, Forest, Suggestions, Needles Prisong Song, X, Violent Pornography, Soldier Side, Cigaro, Psycho… y un sin fin de temas que me quiero gozar en vivo, aunque bueno, con los que ellos quieran tocar estaré más que satisfecho.

Por ahora los dejo, porque no solo debo mermar mi alegría para ir a pensar en parciales –*llora*-, sino que debo empezar a generar alguna estrategia para conseguir dinero, eso sí, sin tener que acudir al Patrón ni mucho menos. Debo tratar de hacerlo de la mejor manera, con mucho fuicio, que si Dios quiere, con la ayuda de Dios, un 5 en ese parcial y pa’ System me voy ome. –lo siento, pero no podía irme sin evocar al hombre del momento. ¡El Fuicioso presidente! para erradicar la irresponsabilidad de toda la gente ome…(?) –

Hasta pronto.

 

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A Volear Melena

Ayer no fue un día cualquiera, ayer era un día único en el año capitalino, ayer empezaba una fiesta de trayectoria en la ciudad. Rock al parque abría sus puertas para que todas esas almas desorientadas (como diría mi mamá) tengan un lugar de regocijo para sus pesadas sombras negras, tengan un lugar de comprensión, donde no habrían miradas de desaprobación, sino solo sonidos extremos, entrega, fuerza, golpes y felicidad.

Obvio, yo como metalero devoto a las riendas de satán (?) no me iba a perder esta fiesta, además que venían dos de mis bandas favoritas, Nile y Exodus. La fiesta estaba servida, solo habría que asistir, y como buen colombiano que donde es gratis allá cae, pues fui, con mi mini combo (como los de McDonald’s) para no perderme el banquete metalero por venir.

Después de un camino algo latoso, con trancones y conductores con ínfulas de tortugas (pero no las ninja) llegamos al Simón Bolívar, poco alentador, multitudes monocromáticas (aunque entra la discusión de si el negro es un color) en un sola fila espanta flojos, pero si había que hacer fila, se hacía. Al final la fila terminó siendo lo que auguré, espanta flojos, el flujo fue rápido, el lío fueron las manoseadas por parte de la siempre gentíl policía nacional, que revisa como están tonificados tus pectorales y tu abdomen, revisan que tus piernas estén sanas y para culminar, revisan que todo esté en su lugar. Después de todo esto, va la reconfirmación (porque hombre prevenido vale por dos) y te hacen otra vez el chequeo, no sea que algo ande mal,  y para cerrar, revisan si te echaste talquitos en la mañana haciéndote quitar los zapatos.

Cruzados los esquemas de seguridad, solo había una sola cosa que hacer, ir a los “higiénicos” baños del festival. Filas no tan largas que se diluían rápido con explicación lógica del metalero-filosofo-físico cuántico que estaba en la otra fila y el cuál afirmaba que el hombre solo tardaba 30 segundos (certificado por él) en hacer sus necesidades, gracias a…. ¿belcebú?

Ya estaba todo preparado. Chequeos, listos, necesidades, satisfechas, solo había que buscar un lugar y esperar. Mientras se llegaban las 7:30 pm (hora prevista para Nile) tocaron dos bandas locales. Lo mismo de siempre, tupa-tupa, guitarras aceleradas, sin tempo alguno y, solos desenfrenados y sin sentido. No es por no apoyar la escena local, pero hay que ser realistas, el metal se estancó, pocas bandas son capaces de darle nuevos matices al metal o a su propio estilo, pero como las bandas colombianas mantienen su influencias de la vieja escuela, pues se quedan en lo mismo pero con menos calidad, además, no sé si alguien lo ha notado, pero ahora todas las bandas tienen una obsesión con el famoso “Wall of Death”, todos quieren hacer uno en Rock al parque, así estén tocando “Nothing Else Matters”, no existen excusas para privarse de hacer Wall of death. Aun así, no estaban mal para pasar el rato, sobre todo Withering Void, que tenía algo más de calidad y un cover de Metallica que les salvó la noche.

Todo estaba listo, mientras alistaban el escenario, yo me alistaba para vivir mi banda predilecta en el mundo del Metal, no podía estar más emocionado hasta que frías y pequeñas gotas empezaron a caer, nada alarmante que presagiara algún diluvio de castigo para todos nosotros, los pecadores. Pero sí significó para mi estallar en jubilo, y solo porque la lluvia hacia más mítico el hecho de ver a Nile. Todo se remonta al colegio, en esas tarde aburridas donde el Metal era la única solución y solo cuando en la lista de reproducción aparecía Khetti Satha Shemsu, la lluvia no se hacía esperar, no tenía explicación alguna, solo pasaba (y tengo testigos de que pasaba) así que el hecho de la llovizna casi que me hace llorar. Cuando Sanders, Dallas Toler-Wade, Kollias y Ellis empezaron a tocar, fue lo máximo. Para mí son la mejor banda de Death y del Metal en general, y bastó para que en Rock al parque lo demostraran, ejecuciones perfectas, técnica impecable, sonido bestial (Y BUENO, en cuanto a lo claro que sonaban), además estos tipos tienen la potencia escénica y el majestuoso sabor egipcio que ha condimentado sus temáticas durante 21 años. Para mí son lo mejor, y lo más curioso es que casi no voleé melena, estaba tan perplejo, tan maravillado, que solo podía admirarlos y disfrutarlos, fue para mí, perfecto.

Pasado el sueño, se venían Neurosis y… ¿Thy Anthcrist?, ¿acaso ellos no tocaban en el escenario ECO? No sé qué pasó, lo cierto es que esto llevo a correr la presentación de Exodus quién sabe para qué hora. Neurosis, normal, poco me apetece. Thy Antichrist, nada del otro mundo (de pronto del inframundo), puesta en escena típica del Black Metal, aunque con un sonido más criollo (no se sentía ese frío nórdico que se siente al escuchar el Black de Europa), no estuvo mal aunque genero muchos disgustos, pero como dicen por ahí: Al que no le gusta el caldo, se le dan dos tasas, tome su show de Thy Anticrhist.

La cuenta regresiva empezaba para el 100% de  los asistentes, de los que diría yo, un 75% fueron por ver a Exodus y algo de Neurosis (al menos yo ya estaba feliz con Nile). La demora, típica del que se quiere hacer esperar, que la batería, que las guitarras, que el bajo, que el “1-2-3 probando”(bueno, esta vez fue “check, check” si mal no estoy) lo cierto es que la espera parecía prolongarse más y más, hasta que de pronto sonó el característico sonido de apertura del “Bonded by Blood” del 85′, el progenitor del Thrash ya estaba en tarima, todo era felicidad hasta que, Steve “Zetro” Souza no tenía sonido, era absurdo, verlo cantar y no poder escucharlo, que insulto tanto para la banda como para los asistentes, no entiendo de dónde sacaron esos ingenieros de sonido, pero si quieren devuélvanlos que salieron con error de fábrica (aunque Rock al Parque sin errores de sonido, no es Rock al Parque), después de los descrestantes solos de Gary Holt y Lee Altus, por fin pudimos escuchar a “Zetro” Souza, todo fue felicidad.

De ahí para adelante, la cabeceada fue épica, la energía, brutal, y entre idas y venidas del sonido (que se acercaba al Thrash sin H, una vergüenza el sonido) la dicha, y el pogo (y la nube de humo vicioso) hicieron de esta noche una fiesta y un hito para este festival. Recordando el “Wall of Death”, si hay una banda que lo popularizó a éste, fue Exodus con su intermedio en el tema “Strike of the beast”, se llegó el momento del intermedio, todos se abrieron paso para la brutal golpiza a ritmo de Exodus, “Zetro” Souza parecía estar listo para empezar, cuando de repente, la troleada llegó, qué continuación de Strike of the beast ni que ocho cuartos (o cuatro medios, o dos), ellos continuaron con “The Toxic Waltz”, yo no podía de la risa (de pronto se consideraron de tanto Wall of Death en la tarde). Al final del show, salí diciendo: “-Como que tocaron muy poquitas”, todos me miraron mal, después hice memoria, conté 11 temas y caí en cuenta que son muchos los temas que me gustan de ellos, imposibles que los toquen todos, nada que hacer.

No vale la pena hablar de la salida, la historia es la misma, nunca hay transporte para los chulos esos que vienen del Simón, pero que importaba después de haber tenido una de mis mejores noches en la vida. Muchos salieron decepcionados porque querían un mejor show de Exodus (el cuál no lo fue por lo de Thy Antichrist y el sonido) pero yo, yo andaba feliz, muerto de la dicha.

Perfectamente hoy hubiera ido si no me hubiera tocado trabajar, y mi dilema esta en ir mañana, Black Label Society y Anthrax para el cierre, estupendo, pero sería mejor si el martes no tocará ir a estudiar (que lo declaren día cívico, que carajos), lo cierto es que me toca ir a dormir, porque vaya o no vaya, mañana toca madrugar a hacer tareas, y además este cuello me está matando.

Hasta pronto.