(…)

¿En serio? ¿Justo ahora? En este preciso momento, donde ya este largo camino debería estar por acabar, los miedos, las presiones, los malos pensamientos se les da por aparecer otra vez, justo cuando más seguro debía estar, justo cuando no puedo flaquear.

Necesito paz, necesito algo en mi interior que me de tranquilidad, necesito que la llama vuelva a surgir. Necesito volver a sobrevivir a mis temores…

 

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Dolor

Dolor, dolor solo dolor, no se siente más. No se puede creer que sigamos siendo esto, que sigamos con los mismos, que haya ganado Colombia, no la de todos, sino la Colombia de los mismos que nos han gobernado y que nos tienen dónde nos tienen.

Que dolor, no que Petro no haya sido presidente, sino haber estado tan cerca del cambio y haberlo dejado ir, no haber podido consolidarnos, unirnos, sino dispersarnos y dejar que el uribismo se fuera solo. Ojalá Duque sea independiente, pero es casi inevitable pensar que no habrá más que un show de ventriloquia por 4 años.

No quedan ganas de nada, pero hay que seguir, porque como dijo el gran Freddie en su última canción, el show debe continuar… (Así en el interior, mi corazón se esté quebrando).

Que dolor…

 

 

 

Resaca electoral

El fin de semana pasado fue bastante frustrante para mí. Vi como Liverpool perdía la final de la Champions League de manera absurda ante uno de los equipos que no me aguanto ni por el putas, el Real Madrid; vi como el monstruo de LeBron James dejaba sin final a mis aguerridos Celtics en la NBA (para el que le esté hablando en chino); y tras del hecho, estaba muerto del susto preparando (je je) un parcial el cual debía pasar sí o sí. Pero todo esto fue quizá la mitad de las frustraciones, quizá menos, porque faltaba el golpe mayor, pero era la frustración más evidente que se veía venir: las elecciones presidenciales.

Antes que nada, ni soy experto ni pretendo serlo, y tampoco quiero mostrarme como un ser superior, cada quién tiene derecho y tiene sus razones para creer en un candidato, pero, ¿los que votaron por Duque, al menos son conscientes que es Uribe el que va a gobernar? Prefiero que voten conscientes de que es Uribe, y no como reverendas güevas creyendo que Duque es la renovación, porque de verdad, es patética la campaña y el slogan de que él es el cambio, quizá el cambio de interiores de Uribe, que dejó con rayitas de canela a Zuluaga y a Santos le talló la entrepierna y lo tuvo que dejar, pero de resto, veo muy poco probable que Duque vaya a ser autónomo.

Pero más allá de que la gente siga de cabeza con Uribe, lo que más me dolió fue ver como nosotros, los que queremos una renovación alejada de nefastos ex-presidentes, curas de la santa inquisición, conservadores y religiosos arraigados a su fe, no solo hacia un Dios sino hacia el patrón Uribe, nos terminamos aniquilando entre los que buscamos ese cambio. Desde problemas internos entre los candidatos Petro, Fajardo y De La Calle, hasta nosotros mismos, agrediéndonos, anulándonos y no uniéndonos. Al final, Fajardo tenía razón, debemos aprender a ser diferentes sin ser enemigos.

Aun así, con poca diferencia hubo un mano a mano emotivo entre Petro y Fajardo, y al final quedó el que más polariza, Petro. Pero más allá de si van o no van a votar por Petro los que votamos por Fajardo, o los que votaron por De la Calle (pa que contar al pastor y al quemado de los coscorrones), queda ahora la incertidumbre de saber si era posible pensar que quedarán más cerca en votos a Duque sabiendo la genuina aparición de la nueva fuente de Word Office, la DUQUE-14 (quién quita que hasta Petro y Fajardo hubieran pasado, vaya uno a saber). Este Uribe es un omnipotente, desparece gente, pone votos, hace y deshace, cómo no le van a tener fe sus feligreses. Lo más triste es que lo más probable, como todo en este país, es que nada pase y DuUrQiUbEe se proclame presidente de la nación.

Creo que de estas elecciones no queda más que una moraleja para que en el futuro, los candidatos se miren como un equipo que puede trabajar en un mismo ideal, y también nosotros, que en vez de putearnos en redes, que si Petro que si Fajardo que si de la calle, que tibio, que guerrillero, que lo uno, que lo otro,  miremos que es Colombia la que terminó perjudicada, y Colombia somos nosotros, los que estamos acá, y hasta los que están afuera pero ejercen su derecho al voto (y bueno, también la que no lo ejerce y pasea en  yate por Mónaco mientras muestra su intención de voto que poco y nada vale porque ¡NO VOTA!).

Quizá estoy demasiado pesimista ya, y es que es demasiado probable que suba al poder Porky, pero hombre, vivimos en un país laico que es más religioso que el mismísimo Vaticano, por qué no creer entonces en un milagro y por obra y gracia del espíritu santo, Duque no quede presidente, aunque bueno, también ya notamos las facultades milagrosas de la Registraduría para multiplicar los votos… por Duque… ¡Por favor! Uribe, hacéte una biblia que ya tenés toda la historia hecha.

Eso sí, el 17 de Junio salga y vote, con convicción, vote, es su derecho y su deber. Y a la próxima, unámonos, no nos fragmentemos más de lo que ya estamos.

Hasta pronto.

 

 

 

 

 

 

Nostalgia.

No sé por qué, soy demasiado nostálgico o demasiado marica, pero luego de alguna experiencia muy grata quedo como con un guayabo que me dura al menos una semana. Me pasa con los conciertos, o con un día que haya sido muy especial, o como en este caso, un viaje.

Hace una semana larga estaba en tierra llanera, tour Yopal-Chámeza (aunque Chámeza de llano solo tiene el espíritu llanero de su gente, porque eso es más cordillera que otra cosa), y la experiencia se me hizo inolvidable. Hacía tanto tiempo que no iba que fue como si fuera por primera vez. Quedé embobado, fascinado y con ganas de volver.

Haber vuelto a ver a la mayoría de mis tíos (solo faltó una), volver a ver a mi abuela y que dijera que éste chinito ya estaba muy grande, reencontrarme con el abuelo, aunque con él hace poco nos habíamos visto, pero sobre todo compartir muchísimo con mis primos. Siempre sentí que esa parte me faltó, compartir más con mis primos, la distancia y la diferencia de edad pesaron, pero esta vez no importó nada, todo fue risa, historias, baile, canto, joda, de todo, fue algo maravilloso, creo que no pude empezar mejor el año.

Los momentos vividos han sido demasiado gratos y sin duda me han marcado. Pequé al dejar pasar tanto tiempo sin ir, pero ahora solo tengo el deseo de volver más seguido. Siempre supe que allá tengo familia, pero esta vez la volví a sentir, un pedazo de corazón se me ha quedado allá, en la llanura.

Hasta pronto.

 

(…)

Recordar el colegio implica recordar esa exploración musical que tuve a través del metal, hoy recuerdo en especial un tema, “To Enter Your Mountain” de Bathory. La verdad yo en la interpretación de las letras en inglés he sido un vil güeva, pero siempre esa canción me transportaba, me llevaba a una montaña, quizá en el interior de uno, donde hubiera paz, tranquilidad, donde pudiera reorganizarse y salir de nuevo con claridad. Hoy sé qué no dice nada de eso, pero la sigo sintiendo igual y hoy más que nunca me serviría encontrar esa montaña, adentrarme en ella, y poder alejar todos mis demonios…

Cánticos que no van

Ir al estadio es una oportunidad única para mí, esto debido a que no vengo de una familia futbolera y no tengo la capacidad económica para costearme el abono para ver a mi equipo del alma; pero ayer creo que no tuve una de las mejores experiencias y no precisamente por lo futbolístico.

Sí, Millos jugó horrible ayer y siendo sincero mereció perder, pero el resultado es meramente deportivo, algo que ocurrió y que se puede olvidar. Pero lo que no puedo olvidar es sentir que buena parte de la hinchada le pareció muy divertido cargar al rival con un tema que a mi modo de ver no tiene nada para coger de chanza.

Se veía venir que el clásico iba a tener ambiente pesado dado el escándalo sexual que involucra a unos jugadores (¡No todos!) de Santa Fe. Quise tener fe en nosotros, los hinchas, de que podríamos saber reconocer la diferencia entre meterle presión al rival y tomar un tema tan delicado para vulnerarlo. No debí tener fe, aunque debo decir que otra parte de los que estuvimos en oriental no seguimos la chanza.

El momento que me generaba incertidumbre llegó, salieron los jugadores de Santa Fe a caminar la cancha y los gritos de “Violadores” no se hicieron esperar. Curioso, acusar a todo un equipo que son unos violadores cuando ni siquiera se han revelado detalles concretos de quiénes son los involucrados. Que por uno paguen todos. Escueleros a morir. Ya en el juego, gritos solitarios de “Violador”, “Violador hijueputa” no faltaban, gritos desesperados de hinchas que van a putear más que a alentar. Algún cántico quizá se me pasa, pero la gota que rebosó la copa, mi copa, llegó cuando empezó a escucharse un: “el que no salte / es violador”. Se me quebró todo, quedé sin palabras.

Para quienes han asistido a un estadio saben en qué sentido se usa el cántico, para quién no, el cántico invita a saltar a toda la hinchada local para diferenciarla de la hinchada visitante, ósea que ¿se quiso decir que también los hinchas cardenales son unos violadores? Sí, no hubo hinchada visitante ayer, pero el sentido está, la intención está. Me parece increíble que se juegue con eso, decirle a toda una hinchada, que son personas igual que nosotros, con una misma pasión por el fútbol, que tan solo cambia de color, que son unos violadores. Estoy seguro que a ninguno ayer en el estadio le hubiera gustado que los mismos cánticos fuesen dirigidos hacia nosotros.

Yo entiendo que el hincha quiere apoyar al equipo y así mismo hacerle sentir al visitante que no esta jugando en su casa, se quiere presionarlo y puedo hasta entender que se puteen (ya las groserías se han tergiversado tanto que hay es que mirar el contexto en que se dicen), pero no puedo entender que se hagan cantos como el de ayer. Si muchos nos indignamos con el tweet del honorable senador Uribe (al cual inexplicablemente aún algunos llaman  presidente) en contra de Daniel Samper, pues lo de ayer me parece que no es menos indignante.

Quiero que se entienda que no estoy defendiendo a los de Santa Fe, mi deseo es que se haga justicia, pero que se haga con los que son, y si el rumor de que se pagó por el silencio es comprobado, que también se haga justicia allí. Pero no estoy de acuerdo en que se acuse a diestra y siniestra a todos los jugadores rivales y aún más a una afición que ni velas tiene en ese entierro; aunque también es reprochable la actitud de mucho hincha cardenal en Twitter justificando la violación porque “es una trabajadora sexual” o dándole mayor trascendencia a que justo pasó antes del clásico. ¡Por favor, fue una VIOLACIÓN! En qué mundo estamos; si el partido era lo que más les importaba, pues ya, lo ganaron, pero lo ocurrido es demasiado grave como para que el fútbol esté por encima. Amamos el fútbol, pero que este no nos enceguezca.

También quiero ser claro que no es solo cosa por parte de la hinchada embajadora, así digan que todos somos unos gamines, unos bocones y demás, no todos lo somos (y no lo digo por sentirme más). Estoy casi seguro que si Santa Fe hubiera tenido que visitar cualquier otra plaza “caliente” (Medellín, Cali, Barranquilla) también las acusaciones de violadores no se hubieran hecho esperar y es más, si la situación hubiera sido al revés, no dudo también que hinchas cardenales hubieran hecho cánticos similares en contra nuestra. Hinchas así abundan en Colombia y hay en TODOS los equipos con hinchadas considerables.

No quería cargar a la hinchada de mi equipo, pero así como Millos ayer cayó en el juego que Santa Fe le planteó en la cancha y perdió, parte de la hinchada también cayó en toda la situación mediática y perdió con una actitud que considero reprochable. Si algún hincha embajador me lee, espero entienda mi posición, que este no es un tema de hinchada ni de fútbol, esto es algo delicado en la sociedad en la cual vivimos, y antes que hincha soy ciudadano. Sí su sentir es putearme, hágalo, pero este post lo hago siendo orgulloso de ser de Millos, pero lamentando lo ocurrido.

Hasta pronto.

 

La Tierrita

Quizá sea un romántico excesivo, un enamorado de los paisajes repetidos, del verde abrumador y el aire liviano que se respira. Puede que sea un lugar aburrido para algunos, pero se me hace imprescindible entre mis destinos. Ir por la carretera, bordeando un río o cruzando el valle, rodeado por la montaña cargada de bosques que sin importar el clima dan un toque mágico al viaje, a mi viaje, que me absorbe al otro lado del cristal.

Llegar al campo, respirar naturaleza, sentir calma; lugares como la tierra de mi padre me hacen sentir esperanza, sentir que pese al daño ambiental que generamos, aún se puede hacer algo y podemos preservar lo que aún tenemos. Estar allá me hace creer que aún hay vida, una estable.

En la noche, el camino se muestra bajo la luz de una luna, de las estrellas, gracias al cielo puro que ninguna ciudad jamás podrá apreciar. El sendero nos guía hacia el potrero, donde una vaca que junto a su vástago desean probar de la densa cubierta del suelo. De allí, la siguiente parada es  la zona de relajación (el SPA boyacense (?)).

La pista está puesta a disposición, las piedras vuelan de lado a lado en un movimiento parabólico cuyo ángulo de disparo dependerá de su peso y la fuerza del tirador; artefactos triangulares estallan sin tomar prevenido a nadie, que entre algún grito de susto y risa se celebra el equivalente a un gol.

Es allí, estando en la banca, con una bebida de cebada en la mano, observé la iglesia del pueblo, a lo lejos, escondida entre los árboles, y me pregunté, ¿Llegarán a dejar de existir estos pueblos? Algo exagerado mi pensamiento, pero dados los estereotipos de progreso, de ciudad y de campo, me fue imposible no dejarme llevar por la pregunta; además, es muy difícil negar que cada vez se ve más una población longeva en los pueblos. Pensar en ello me dejó melancólico, qué seríamos sin el campo, qué sería de mí sin aquel lugar al cual no pertenezco pero que me acoge como si lo fuera desde que tengo uso de razón; no podría aceptar la idea de que estos municipios llegasen a quedar desiertos, olvidados.

Es irónico que una persona como yo, que digo no querer dejar la ciudad alguna vez (son ideas que pueden cambiar con el paso del tiempo) salga ahora a añorar y desear que la tierrita nunca sea la tierra de la que Vives canta. No faltará quien me diga que coja azadón, botas y me vaya pa’llá, pero el hecho de que no viva allá no implica que no sienta cariño por la tierra que busco empedernido entre la montaña cada que estoy del otro lado del valle durante el camino, esa tierra que crió a mi padre, que es hogar de mi abuelo y que es como una segunda tierra natal para mi.

Hasta pronto.

 

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