Borrando lo imborrable

De pequeño recuerdo a dos tías maternas que eran algo frenéticas en la manera de vivir sus respectivas vidas. Yo era muy pequeño pero tengo vagos recuerdos de las fiestas que se organizaban en el nimio apartamento-local en el que vivimos con mis padres. Tengo recuerdos de ellas estando allí. Eran almas fiesteras, que le daban rienda suelta a sus placeres pecaminosos, y uso este término tan jarto porque en efecto, después de ser tan “mundanas” se volvieron cristianas. No digo que ser cristiano sea malo, pero dejarse llevar hasta los extremos si lo es y muy para mi pesar ambas se volvieron así.

Dada su vinculación radical a la iglesia, empezaron ellas su ardua tarea de evangelización. La tarea tenía que empezar con nosotros, la familia más cercana y fueron tan intensas con el tema que para mis padres se convirtió en algo tedioso manter una conversación con ellas, pero la sangre tira y no iban a dejarlas de lado. El lío fue que me vieron como árbol pa’ enderezar y a punta de terror lograron convencerme de cosas, como dejar de ir a la escuela de fútbol a la que solía asistir solamente porque “a Diosito le gustaría verme haciendo cosas que le agradarán más a él, en vez de verme jugar fútbol”. Hoy golpearía a mi infante yo (después recuerda que ahora también es un manojo de inseguridades y se pone a llorar con su yo infantil).

Ya grande, el diablo tomó las rienda de mi destino a punta de “música metálica“, el caso se volvió imposible para ellas, al punto de que después de haberle brindado tanto apoyo a una de ellas (casi se muere), muy agradecida ella, una almita de Dios, se fue echando pestes, a llorar bajo las naguas del papá, diciendo que antes la habíamos sacado para que dejara de “joderme” (no tan literal pero casi).

La otra tía, que también casi se muere y si no es por el compadre diablo (sí, mi papá. Y compadre porque antes de convertirse, ella aceptó ser madrina de mi hermana) fue a llevarla al médico cuando ninguna de las tan queridas hermanitas de la caridad podía, seguramente estarían aleteando y esperando a ver quién les ofrecía un tintíco. El caso es que ella resultó peor, encontró mejor iglesia, encontró el camino correcto, el que sí es, certificado por el mismísimo Dios, el de verdad, no el de las otras iglesias, y terminó entregándose de lleno a la iglesia a tal punto que solo vive y trabaja para esta.

Pero eso en cierto modo no me importa tanto, allá ella, pero los hijos… mis primos. Los privó de estudiar, los privó de su infancia, de vivir sus mejores años, los días azules, los privó de su libre albedrío si se quiere poner en términos cristianos. El mayor de ellos intentó escaparse e ir directo al infierno, es decir, a nuestra casa, pero falló en su intento. Lo bueno es que ya mayor se reveló y logró escapar de allá.

Pero ¿para qué toda esta verborrea blasfema en contra de tan nobles seres? La verdad es que no lo sé, solo quería tomar un ejemplo cercano para decir que no por ser fanático creyente se tiene la razón sobre los demás, y no se puede pretender manipular a los demás ni controlar sus vidas. Está bien aconsejar, pero hay un punto donde muchos pasan la raya, en nombre de un Dios que al final es solo cuestión de fe, pero que la mayoría no lo entiende así y lo impone como única verdad absoluta.

Pero ese no es el único porqué para este post. La verdad es que todo se debe a una película (y es que de qué putas más voy a hablar acá). Si para mí y más aún para mi primo, que somos “normales” dentro de los horribles estereotipos que maneja la religión y en general la sociedad, tuvimos que soportar y dejar cosas por los lineamientos e ideologías religiosas, no me quiero imaginar si él o yo hubiéramos sido homosexuales. Boy Erased (o Corazón Borrado) se desarrolla en estos dos ambientes, la extrema creencia religiosa y la homosexualidad; quizá no sea la mejor película sobre el tema (la verdad desconozco mucho), pero en lo personal me dejó pasmado.

Decir que es una gran película sería mentirme, tampoco es pues lo último en guarachas, pero la idea tomada de un caso real toma hasta un punto aires de “A clockwork Orange” solo que en vez de erradicar la ultra-violencia erradican la ultra-homosexualidad (que quede claro, hago énfasis solo en la idea, no digo que sea tan buena como el libro de Burgess o la respectiva película de Kubrick). De por si hasta hubiera quitado cosas y el final… Para mi sobraban ciertas cosas de este; pero no puedo negar que varias escenas me dejaron sin palabras. Como es usual en mí, no quiero dar spoilers, pero si debo decir que en general la película me agradó, me impactó y pues si alguien se anima, aún está en cine para ser consumida en esos recovecos mágicos y oscuros, o en su defecto, chuzarse un ojito y verla en la casita.

Creo que me extendí demasiado para recomendar una película, pero hubo una escena de la misma que me motivó a hacerlo así. Mi blog, mis reglas.

Hasta pronto.

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Alive

“… y por momentos ni lloraba ni me sentía triste o feliz, sólo me sentía viva…”

Encontrar refugio en las letras, paz en los ritmos, silencio en la naturaleza, calma en el cielo, descanso en los trayectos. Reencontrarse consigo mismo para darse cuenta que la vida está de nuevo allí, que el motor que no debió aplacarse tomó un nuevo aire, ¡está vivo! Como su portador. Sin necesidad de vivir al límite, sin hacer mil cosas a la vez, tan solo sintiendo cada instante, ya sea monótono, feliz, nostálgico o aburrido, sin importar, sentirlo a tope, degustarlo, abrazarlo y luego dejarlo fluir.

“Somos insignificantes porque somos finitos. Pero mientras más finita es una cosa, más cargada está de vida, emociones, dicha, temor, compasión”

Pese a tener problemas de inseguridad, la cual siempre me ha traicionado, con mi léxico y autosabotaje que se  convirtieron en un arma de doble filo con la cual trato de mofar mis propios miedos, pero que en otras situaciones tan solo los refuerzan; en este momento de la vida, mi vida (que vivo, que siento), no había tenido tantas certezas, tanta seguridad de lo que pienso, siento y vivo. Quizá sean cosas vanas, quizá no sean del todo respecto al futuro laborioso que desde pequeños nos han implantado, pero son cosas que dan vida, y al final para eso estamos acá, para sentir y vivir.

“…la vida es una sucesión de equívocos que nos conducen a la verdad final, la única verdad.”

El poder ver hacía atrás y pese a todo poder sonreír, me hace ver que todo al final tiene o tuvo un propósito, y cuando digo esto no hablo de algo material,  para ser usado nada más, simplemente hablo acerca de algo que nos fue brindado, que nos ayudó a crecer y por lo cual siempre agradeceré. Poder ver hacía atrás y pese a los errores no tener mayores lamentaciones me hace pensar que nada a la larga es en vano. Quizá por ello debería quitar el “vano” del segundo párrafo (“Quizá sean cosas vanas”), pero lo dejaré solo por autosabotearme (?)

Solo debo seguir caminando y sintiendo… Respirando, ya sea consciente o no del acto, allí siempre esta.

Hasta pronto.

 

Padre

Días atrás, por x o y razón, mi padre descubrió una pequeña fuga en el contador de agua, era un problema que no se podía dejar avanzar puesto que el agua corre y corre y la factura crece y crece. Se dijo: “aquí qué putas pasó” y sin buscar pero alguno, con su voluntad de acero se puso el overol, aun sin saber un carajo de plomería.

El problema no resultó ser tan trivial. Cacharreó durante días, bajo el sol, ante la incomodidad que representa trabajar en un pequeño hueco el cuál no facilita la tarea de aflojar y apretar cosas, lo intentaba una y otra vez, parecía que no iba a poder pero siguió, tuvo qué cambiar de ángulo, mirar el problema desde otro punto, rompió parte del andén, buscó más a fondo la causa de la fuga, y tras varios días, de persistencia total, logró solucionarlo.

Mi padre ya tenía mi total admiración y cariño, pero hoy se ha ganado algo más, mi envidia. Cómo me gustaría tener al menos una pizca de esa seguridad, de esa confianza, dejar de ser una calculadora de posibles fracasos sin ni siquiera intentarlo, y lanzarme al ruedo, hacerlo y ya. Cómo me gustaría creer en mí como él cree en él.

El contraste es brutal, porque se mezcla ese orgullo que siento por él, así para alguien que lea esto le pueda parecer una bobada lo que hizo, con la frustración tan grande que llevo sintiendo estos últimos días. A veces pienso y me digo: la vida quizá fue injusta, era él quien debió haber tenido la chance de estudiar, de ser matemático o lo que quisiera ser. Pero después pienso que él no se pondría a pensar en eso, solo es feliz de lo que ha logrado y de tenernos donde nos tiene.

No sé cómo, pero tengo que lograr tener algún día la convicción que él tiene. Supongo que esto es solo un bache pero como dice Casale al inicio de En La Jugada: Ya vendrán tiempos mejores.

Hasta pronto.

Caminar

Caminar por el sendero

que describe el interior

buscando aquel ser que alguna vez fue

sin saber de él alguna razón.

 

Caminar por el sendero

hecho un solo suspiro

alzando de a pocos la mirada

pero sin poder ver ya nada.

 

Caminar hasta el final del sendero

y encontrarse con el vacío

con aquel silencio necesario

para reencontrarse consigo mismo.

 

Polvo celeste

Sobre el verde lecho

abrigado por la manta oscura de la noche

los ojos se cruzan con el firmamento

perdiéndose entre las luces

formando un arco iris

entre aquellos ojos y la tenue luz.

 

Como si el espacio exterior

fuera su más profundo interior

un agujero negro

está absorbiendo todo a su alrededor.

 

Y allí acostado el sujeto

sólo suspira mientras su mirada

se confunde con las estrellas.

Allí el hombre,

con un frívolo andar en sus manos

sólo quiere levitar

para ser polvo celeste

y confundirse en aquel inmenso mar.

(…)

¿En serio? ¿Justo ahora? En este preciso momento, donde ya este largo camino debería estar por acabar, los miedos, las presiones, los malos pensamientos se les da por aparecer otra vez, justo cuando más seguro debía estar, justo cuando no puedo flaquear.

Necesito paz, necesito algo en mi interior que me de tranquilidad, necesito que la llama vuelva a surgir. Necesito volver a sobrevivir a mis temores…

 

Dolor

Dolor, dolor solo dolor, no se siente más. No se puede creer que sigamos siendo esto, que sigamos con los mismos, que haya ganado Colombia, no la de todos, sino la Colombia de los mismos que nos han gobernado y que nos tienen dónde nos tienen.

Que dolor, no que Petro no haya sido presidente, sino haber estado tan cerca del cambio y haberlo dejado ir, no haber podido consolidarnos, unirnos, sino dispersarnos y dejar que el uribismo se fuera solo. Ojalá Duque sea independiente, pero es casi inevitable pensar que no habrá más que un show de ventriloquia por 4 años.

No quedan ganas de nada, pero hay que seguir, porque como dijo el gran Freddie en su última canción, el show debe continuar… (Así en el interior, mi corazón se esté quebrando).

Que dolor…