Adiós Rusia

Penúltimo penal, Bacca parece tranquilo, camina hacia el punto blanco donde deberá afinar su puntería para vencer la valla de Pickford; el juez toma el silbato para darle la facultad al delantero colombiano de fusilar al enemigo, lanza, Pickford detiene. Murmullos de ansiedad. Dier camina sabiendo que en sus pies está la sentencia final o una luz de esperanza para el rival, Ospina pone el pecho, quiere ser el héroe, el juez da la indicación, corre Dier, gol de Inglaterra. Silencio atroz.

Un día después de la eliminación, me es imposible no tener guayabo aún, tener en mi cabeza momentos tan épicos como el gol de Mina al final del juego para darnos vida o la atajada de Ospina que nos puso en camino de la clasificación, como también momentos tan tristes como el tiro en el horizontal de Mateus y el penal que le atajaron a Bacca… Sentí una tristeza enorme en este pedazo de corazón futbolero que se agudiza en la nostalgia más y más con cada recuerdo.

Hablando de lo que fue el partido, desde que se anunció la titular, pese a que no me gustó lo que se puso en cancha, quise tener fe en las decisiones de Pékerman. Ya en cancha, tras 15 minutos intensos de Inglaterra sobre Colombia, se vio lo que se predecía, teníamos la pelota, pero no había peso ofensivo, un toque de un lado a otro que no se veía que nos llevara para algún lado, se veía a Quintero, Cuadrado y Falcao peleando solos arriba sin poder invocar a los demás, se veía a Mojica sin poder explotar su banda, vi el medio campo enredado para crear (porque Barrios, Sánchez y Lerma no son jugadores con la vocación de crear). Vi a Colombia haciendo bien la mitad de la tarea, detener a los ingleses, pero mal la otra mitad, agredirlos.

El segundo tiempo fue lo mismo hasta el gol de Kane (con penal que me parece discutible). Luego, pensamos que la reacción llegaría, pero no, se demoró bastante. Meter a Bacca por Lerma fue algo que no entendí, porque seguía estando el dilema de: ¿QUIÉN CARAJOS CREABA JUEGO CON QUINTERO? Hasta el 78′, el profe se decidió al fin por meter a Mateus (hombre que debió arrancar y sino, al menos ser el primer cambio) y luego, a falta de… ¡5 MINUTOS! Metió a Muriel. Creo que a Pékerman se le pegó lo de la mayoría de los colombianos, dejarlo todo para última hora. Al final el corazón, el amor propio (porque de eso sí hubo durante todo el partido y todo el mundial) le dieron a Colombia una luz con el empate de Mina. Ya después la historia la sabemos.

Alguien en Twitter me regañó, que disociador, que desagradecido, y pues no, jamás estaré desagradecido con Pékerman porque por él y estos jugadores vi a Colombia en dos mundiales, los vi romper la historia hace 4 años, y los vi volver a un mundial con hambre de más. Pero hoy fue apático desde el comienzo, traté de entenderlo, es algo muy de Pékerman ser precavido, pero después, no vi reacción por parte del banco. No estoy diciendo que es lo peor, ni que no le agradezco todo lo que nos ha dado, solo digo que se pudo buscar más y no se quiso.

Lo cierto es que esta derrota duele aún, porque si bien en un principio, el sueño de llegar muy lejos en la copa era casi una utopía, y tras el juego ante Japón la idea se reforzó, con el juego ante Polonia fue inevitable no ilusionarse, había con qué, podíamos lograrlo, había que superar peldaños duros (como este en el que nos quedamos), pero se podía ilusionar, se valía soñar. Así como hace 4 años, la derrota en cuartos ante Brasil dolió pero había felicidad, ayer y hoy (y quizá mañana y pasado…) hay tristeza por lo que pudo ser y no fue.

Queda agradecer la entrega de los jugadores, fue lo único que nunca nos faltó, actitud. Se pusieron esta camiseta y la sintieron como si fueran cada colombiano (amante y no del fútbol). Ellos no fueron un equipo, fueron todo un país que quiso dejar nuestro nombre en lo más alto. Gracias por ponernos en este bonito sueño, y por darlo todo para que éste continuara.

Ahora solo me queda, como amante el amante del fútbol que soy, disfrutar lo que queda de mundial a media máquina, con el dolor por la eliminación y sin la ansiedad de saber que el sábado jugaría la selección. Sintamos, vivamos esta derrota, y levantémonos, miremos al futuro y cambiemos lo que tengamos que cambiar para mejorar (esto último le calza al país no solo en el ámbito futbolero, ya van dos derrotas, una muy dolorosa y ésta).

Hasta pronto.

 

 

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Y llegó la 15

Qué felicidad tengo, aún tengo en la retina el riflazo de Henry Rojas al 85′ para darnos la tan anhelada estrella 15, aún tengo viva la emoción, como si hasta ahora hubiera finalizado la final ante Santa Fe. Después de 5 años, y por primera vez en este blog, escribo por un triunfo y no por una derrota como hincha de Millos y del fútbol.

Después de tantas desilusiones tras aquel 16 de Diciembre de 2012, donde con un penal atajado, Luis Delgado cortó la sequía de 24 años y nos dio la estrella 14 (la primera que veía en mi firmamento azul), las frustraciones parecían estar a la orden del día en la casa Embajadora: La temprana eliminación en Libertadores 2013, dos cuadrangulares flojos en el mismo año, eliminados por penales ante Junior en semifinales (2014-I), eliminados por Cali en semis, nuevamente en penales (2015-I), eliminados por Junior en cuartos de final por penales ¡Otra vez!, tras una remontada épica (2016-I), eliminados en la misma instancia por Nacional (2016-II), y eliminados al último minuto el semestre pasado ante Nacional en semifinal. Todas esas tristezas, quizá tan vivas, potencian aún más la inmensa alegría del hoy, la importancia de este título.

Sin duda ayer fue uno de los partidos más intensos que he vivido. En la tienda, tensionado, con el gol de Cadavid se paralizó todo con mi efusivo grito de “¡Gol!” seguido por un “¡hijueputa gol, carajo!”, luego de la pena le pedí disculpas a los vecinos por el susto y la emotividad, mi padre no podía de la risa. Todo parecía opacarse con el tanto de Morelo, pero con el golazo de Rojas que sentenció el título, no hubo perdón que pedir, solo celebración, euforia, alegría, ¡vencimos! Triunfamos callados, sin ser favoritos jamás, ante un complicadísimo Santa Fe, fuimos los protagonistas cuando los llamados a serlo eran otros, fuimos campeones cuando éramos equipito de medio pelo para muchos.

La verdad fui escéptico cuando hace casi un año, llegó Russo a reemplazar a Diego Cocca, creí que era mejor buscar a alguien que conociera el fútbol colombiano y sobre todo a Millos. Hoy debo reconocer que él supo hacer historia con un equipo de obreros, sin estrellas, pero que a fin de cuentas como equipo terminaron siendo más valiosos.

Solo queda agradecer a todos, a la institución, a Russo, a los jugadores que dejaron el alma en la final, en ambos partidos, con baches, con fortuna si se quiere, pero que nunca dejaron de ponerle corazón. Gracias por jugarse la vida por la gloria que es para ustedes, jugadores, y la alegría inmensa para todos nosotros, la familia embajadora. 15×10^googol de gracias por esta alegría, Millonarios.

Por ahora será seguir disfrutando de las mieles del triunfo, eso sí, reconociendo lo que dijo Russo anoche: “somos los mejores por una noche, mañana hay que seguir trabajando”. Hasta acá llega el post futbolero alegre, exótico en este blog, único en su especie (espero lleguen más). Gracias a los que leyeron estas palabras, perdón a los que no les gusta el fútbol, pero no podía privarme de compartir mi emoción.

Hasta pronto.

Millos Campeón.PNG

Pdt: Espero que este triunfo no sea una excusa para que las directivas no busquen invertir más. La idea de mejorar la cantera me gusta, pero también se requiere inversión para seguir mejorando. Vamos Millos por más.

Cánticos que no van

Ir al estadio es una oportunidad única para mí, esto debido a que no vengo de una familia futbolera y no tengo la capacidad económica para costearme el abono para ver a mi equipo del alma; pero ayer creo que no tuve una de las mejores experiencias y no precisamente por lo futbolístico.

Sí, Millos jugó horrible ayer y siendo sincero mereció perder, pero el resultado es meramente deportivo, algo que ocurrió y que se puede olvidar. Pero lo que no puedo olvidar es sentir que buena parte de la hinchada le pareció muy divertido cargar al rival con un tema que a mi modo de ver no tiene nada para coger de chanza.

Se veía venir que el clásico iba a tener ambiente pesado dado el escándalo sexual que involucra a unos jugadores (¡No todos!) de Santa Fe. Quise tener fe en nosotros, los hinchas, de que podríamos saber reconocer la diferencia entre meterle presión al rival y tomar un tema tan delicado para vulnerarlo. No debí tener fe, aunque debo decir que otra parte de los que estuvimos en oriental no seguimos la chanza.

El momento que me generaba incertidumbre llegó, salieron los jugadores de Santa Fe a caminar la cancha y los gritos de “Violadores” no se hicieron esperar. Curioso, acusar a todo un equipo que son unos violadores cuando ni siquiera se han revelado detalles concretos de quiénes son los involucrados. Que por uno paguen todos. Escueleros a morir. Ya en el juego, gritos solitarios de “Violador”, “Violador hijueputa” no faltaban, gritos desesperados de hinchas que van a putear más que a alentar. Algún cántico quizá se me pasa, pero la gota que rebosó la copa, mi copa, llegó cuando empezó a escucharse un: “el que no salte / es violador”. Se me quebró todo, quedé sin palabras.

Para quienes han asistido a un estadio saben en qué sentido se usa el cántico, para quién no, el cántico invita a saltar a toda la hinchada local para diferenciarla de la hinchada visitante, ósea que ¿se quiso decir que también los hinchas cardenales son unos violadores? Sí, no hubo hinchada visitante ayer, pero el sentido está, la intención está. Me parece increíble que se juegue con eso, decirle a toda una hinchada, que son personas igual que nosotros, con una misma pasión por el fútbol, que tan solo cambia de color, que son unos violadores. Estoy seguro que a ninguno ayer en el estadio le hubiera gustado que los mismos cánticos fuesen dirigidos hacia nosotros.

Yo entiendo que el hincha quiere apoyar al equipo y así mismo hacerle sentir al visitante que no esta jugando en su casa, se quiere presionarlo y puedo hasta entender que se puteen (ya las groserías se han tergiversado tanto que hay es que mirar el contexto en que se dicen), pero no puedo entender que se hagan cantos como el de ayer. Si muchos nos indignamos con el tweet del honorable senador Uribe (al cual inexplicablemente aún algunos llaman  presidente) en contra de Daniel Samper, pues lo de ayer me parece que no es menos indignante.

Quiero que se entienda que no estoy defendiendo a los de Santa Fe, mi deseo es que se haga justicia, pero que se haga con los que son, y si el rumor de que se pagó por el silencio es comprobado, que también se haga justicia allí. Pero no estoy de acuerdo en que se acuse a diestra y siniestra a todos los jugadores rivales y aún más a una afición que ni velas tiene en ese entierro; aunque también es reprochable la actitud de mucho hincha cardenal en Twitter justificando la violación porque “es una trabajadora sexual” o dándole mayor trascendencia a que justo pasó antes del clásico. ¡Por favor, fue una VIOLACIÓN! En qué mundo estamos; si el partido era lo que más les importaba, pues ya, lo ganaron, pero lo ocurrido es demasiado grave como para que el fútbol esté por encima. Amamos el fútbol, pero que este no nos enceguezca.

También quiero ser claro que no es solo cosa por parte de la hinchada embajadora, así digan que todos somos unos gamines, unos bocones y demás, no todos lo somos (y no lo digo por sentirme más). Estoy casi seguro que si Santa Fe hubiera tenido que visitar cualquier otra plaza “caliente” (Medellín, Cali, Barranquilla) también las acusaciones de violadores no se hubieran hecho esperar y es más, si la situación hubiera sido al revés, no dudo también que hinchas cardenales hubieran hecho cánticos similares en contra nuestra. Hinchas así abundan en Colombia y hay en TODOS los equipos con hinchadas considerables.

No quería cargar a la hinchada de mi equipo, pero así como Millos ayer cayó en el juego que Santa Fe le planteó en la cancha y perdió, parte de la hinchada también cayó en toda la situación mediática y perdió con una actitud que considero reprochable. Si algún hincha embajador me lee, espero entienda mi posición, que este no es un tema de hinchada ni de fútbol, esto es algo delicado en la sociedad en la cual vivimos, y antes que hincha soy ciudadano. Sí su sentir es putearme, hágalo, pero este post lo hago siendo orgulloso de ser de Millos, pero lamentando lo ocurrido.

Hasta pronto.

 

YNWA

Este blog parece un elogio a la derrota, plagado de tristezas como si de fondo tuviera la malévola intención de revivir la moda ‘emo’; pero que culpa digo en mi defensa si hoy vivo con otra derrota, una que no fue mía (no de manera directa), pero que la siento, la vivo y la sufro.

Para muchos es una estupidez, y no los juzgo (aunque si se sienten superiores por no sufrir por ello o porque no les gusta, ya empiezo a verlos con ojos desaprobadores), pero el fútbol a mi modo de ver no es algo que se haya quedado en un deporte, el fútbol ha trascendido cultural, económica y emocionalmente en la sociedad. Y sí, estoy triste por fútbol,  estoy triste por la final perdida de Liverpool.

Sé que para muchos amantes del fútbol y que son hinchas de equipos de su nación, les suena estúpido enamorarse y decir que son hinchas de un club de otro país (en cierto punto de mi vida a mí también me pareció estúpido, por ejemplo, con tanto madridista criollo. Creo que en parte es también porque no soporto al Real Madrid); pero últimamente me he hartado del fútbol colombiano (sin dejar de lado a Millos) y me he encariñado aún más con el Liverpool, equipo al que siento un poquito menos que al ‘Embajador’ pero que al igual lo siento con demasiado fervor en la sangre.

Dicho esto, me fue imposible no sentir una pesadez, un agobio sobre este latente músculo que me mantiene vivo, al instante en el que el juez pitó el final del juego (aunque el partido hacía rato había acabado) decretando al Sevilla como amo, dueño, rey y todo lo que quieran del segundo torneo más importante de Europa. Empiezo a considerar la frase “El fútbol es un juego simple: 22 hombres corren detrás de un balón durante 90 minutos y al final los alemanes siempre ganan” dicha por Gary Lineker en el 90′, y hacerle un pequeño cambio armando un corolario que diga ‘la Europa League la juegan 56 equipos y siempre la gana Sevilla’.

Quedé tan aburrido que ni quise saber los datos de Míster Chip diciéndole al mundo vía Twitter que España es la hostia, ni quise escuchar el par de bandas españolas que vienen a Rock al Parque, es que ni a Paco de Master Chef me lo hubiera bancado ayer. Hice un esfuerzo extrahumano para soportar las estupideces que comentaban en la transmisión española de la NBA, pero el fastidio y la tristeza me ganaban por dentro. Apenas Klopp y su combo recibieron su premio al segundo lugar, apague el inmundo TV y reducí mi mundo al silencio y a un sentido abrazo con mi amada (eso si es ‘ternurismo’ y sin pierna de cerdo).

Para no aburrirlos tanto con mi melancólica parla, voy a hablar sobre lo que fue el juego en si (primera vez que lo hago por este medio… ¡Te extraño Gazzetta!). Liverpool tuvo un buen primer tiempo, fue más que su rival y sin dudarlo mereció irse victorioso en la primera parte, pero fue muy corta la ventaja y como dicen por ahí ‘el que no los hace los ve hacer’. Para el segundo tiempo salieron como bellas durmientes, solo que no recibieron a un príncipe azul sino un gol sevillano a los 18 segundos. Después de eso ya Liverpool no fue nada, quedó estupefacto, parecía estudiante de universidad pública (no mamerto), que se relaja a causa de un paro y que de repente éste se levanta y él, sin darse cuenta del poco tiempo que le queda debe empezar a correr por su vida académica. El problema de Liverpool ayer fue que no corrió, se quedó allí, esperando el fin como el que escucha a The Doors. ¿Qué pienso del árbitro? Que es un hijo de su gran p#@/&… Está bien, no. Cometió errores, pero no por ellos perdió Liverpool, de todas formas, saludos a tu madre, Jonas Eriksson (?)

Lo cierto es que la final se perdió y la tristeza aún esta. Durante lapsos del día se reproducía en mi cabeza el ‘You’ll Never Walk Alone’, y la nostalgia volvía con los recuerdos que había dejado la final en Basilea. Así es esto, no pueden haber dos campeones, y mientras unos tocan el cielo a dos manos (así sea por tercera vez consecutiva), otros pasan el trago amargo de la derrota.

Algún día tendré que escribir algún post con temas futboleros donde me regocije victorioso, lleno de felicidad a causa de que alguno de mis equipos ganó algo. No sé cuándo pasará, pero tendrá que pasar (la madre si no). Aun así, no dejaré de querer a mis equipos, así pierdan y pierdan a más no poder.

Hasta pronto.

Poniéndome azul

Hace un buen rato que no escribo de fútbol en este espacio, pero en estos momentos parece inevitable no hacerlo. Y es que después de ver al eterno rival -por el cuál no guardo mayor rencor- coronarse internacionalmente en el torneo que mi equipo, Millonarios, estuvo tan cerca de ganar en dos ocasiones, y ahora ver al rival histórico… Desde los 70’s-80’s -y por el cuál no siento ni una pizca de aprecio- quitarnos el lugar de ser el más veces campeón, no puede sentirme muy feliz, aunque a decir verdad, no me enamoré de Millos por sus 13 títulos -hoy 14- que tenía cuando lo empecé a seguir.

Yo siempre he creído que desde una vez -como en 2002- que mi papá me regaló un reloj de Millonarios me empecé a interesar en el equipo,  pero fue realmente en 2003, donde aquel equipo dirigido por Norberto Peluffo y que contaba con jugadores como Julián Téllez,  Mayer Cancelo, Belmer Aguilar,  López Caballero, Héctor Burguez, Andrés Pérez, entre otros -no tengo mente prodigiosa- estuvieron más que cerca de ser finalistas del torneo finalización de ese año, siendo derrotados en casa por el Cali -otro eterno rival- y luego eliminados por Unión Magdalena en lo que fueron las últimas dos fechas de ese cuadrangular. No tengo dudas que desde ese entonces, mi amor por Millos floreció sin jamás llegar a marchitarse –irónico que me enamore de Millos en un momento de tristeza, ¿debí suponer mi destino?-.

Desde entonces, entre idas y venidas, entre alegrías y tristezas, he sido orgulloso de ser hincha de Millos pese al odio y el rechazo que esto pueda generar en hinchas de otro equipo -suena estúpido pero lo he sentido, así es la gente-. Cuando Millos estuvo tan cerca de la final de Copa sudamericana en 2007, estaba sin palabras ya que el equipo no era un equipazo y después de un comienzo pésimo logró reponerse de la mano de Vanemerak. Cuando América de México nos eliminó no me sentí triste porque se logró más de lo previsto,  pero en 2012 si no puedo negar que el haber caído ante Tigre de Argentina en la semifinal, y después de haber dejado en cuartos de final al favorito Gremio de Porto-Alegre, me dejó un sin sabor que luego se pasaría con la obtención de la Liga tras 24 años sin títulos -el único de los 14 títulos que he visto y por lo cual, no me gustaba alardear con lo de “más veces campeón “-.

Esa tristeza que luego olvidaría con la obtención de la estrella 14 regreso a mí. En el momento en que Omar Pérez alzó el trofeo de la Copa Sudamericana para Santa Fe, me dio nostalgia de pensar cómo hubiera sido si Tigre no nos hubiera eliminado aquella vez, quizá hubiéramos logrado lo que Santa Fe logró. Pese a la tristeza que me trajo esos recuerdos, me alegre y apoyé a Santa Fe, quizá sea el hecho de tener más amigos ‘Cardenales’ que ‘Embajadores’ lo que me hace sentir algo de simpatía por Santa Fe cuando Millos no está -esperando por la tormenta de arena y odio…-. Pero esa simpatía que siento por Santa Fe no la puedo sentir por Nacional, un equipo con suerte y que a partir de ella se ha sabido construir. No es odio, simplemente no me simpatizan.

Ver a Nacional llegar a cada rato a finales y ganarlas fue el apocalipsis para la hegemonía ‘Embajadora’ en cuanto a títulos se refiere -aunque a decir verdad, del gran Millos que todos hablan y nunca conocí sólo queda la historia-. A mí me invade la tristeza no sólo por la historia, sino porque es Nacional, es ese rival al que no quiero y que por nada del mundo quiero que gane, es como el compañero que siempre hace copia en los parciales y con el que uno siente un fresquito cuando sabe que perdió el examen –no encontré un mejor ejemplo-, pero la realidad es otra, ellos son quizá el mejor equipo de Colombia en la actualidad –haciendo o no copia- y nos han aplastado.

De todo esto, lo que más tristeza me da es ver que mi equipo parece estar en un sueño más profundo que el mar y no escucha el despertador -así como yo cuando tengo que madrugar- que quiere anunciarle los triunfos ajenos y las penas propias para así despertar y retomar el camino. Pero bueno, pese a todo esto, el sentimiento no podrá cambiarse, como mencione en algún post, pese a querer a equipos que parecen estar destinados a ser el hazme reír de todos en la actualidad, yo los quiero y no dejaré de seguirlos por ello, como dijo Sandoval, ‘una pasión es una pasión’ -siento la obsesión con la frase, pero es que para mí es LA frase-.

Ahora solo me queda esperar, con la pasión en el corazón que algo haga mi equipo del alma, el que me enamoró desde niño y el cual no me endulzó con sus títulos, pero al que si me gustaría ver que brille como cuenta la leyenda que brillo.

Hasta pronto.

 

¡Esa cábala si sirvió!

¡Qué felicidad tan infinita! Y es que no es para menos, hoy vi por primera vez que Colombia derrotara a Brasil. Yo sé qué hace mucho no escribo sobre fútbol acá, pero es que no puedo está más contento y no pude evitar compartirles mi sentimiento.

Y es que después del paupérrimo partido que nos jugamos el pasado domingo, todo quedaba resumido al juego de hoy, era vencer o morir -aunque eso de “mejores terceros” (Losers!) nos hubiera dejado medio vivos- y de hecho así se dio el juego, aunque yo, como hincha, me lo preparé desde el domingo.

Sin poder ser yo agüerero, apenas finalizó el juego ante Venezuela, doble la camiseta -para evitar que se ensucie, porque el amarillo es familiar del blanco a la hora de ensuciarse- y me dije: “esta pinta no sirvió”. Saqué mi sudadera que me acompañó durante todo el mundial pasado -irónicamente el primer mundial en el que vi a Colombia-  y la puse a lavar junto a mi busito que siempre me pongo debajo de la camiseta.

Ya esta mañana, después de acicalarme, la pinta quedo puesta en mí, con nervios por el juego -Y pena por el pantalón salta charcos- después fue solo espera, un poco de lectura, un poco de TV, un poco de las payasadas con la que se exagera el fervor nacional con el juego por parte de las noticias, luego otro poco de lectura, luego caminar, luego ver el mundial femenino –porque para mí también existen ellas, así juegue la selección ante Brasil- Y luego esperar… la hora se acercaba, me tome la club roja de la suerte y a sufrir.

No voy a hablar del juego, solo diré que lo sufrí de principio a fin. Llegué a tener las manos llenas de ese sudor frío que se siente cuando se está muy ansioso y angustiado por algo, en este caso por el fútbol –y que me digan pendejo por sufrir por fútbol, pero “una pasión es una pasión”- Eso sí, la única queja que tengo es con la maldita señal de UNE que parece estar más atrasada que la de los demás y a modo de spoiler tenía que sufrir los gritos de los hinchas por la calle o en otras casas. Pero al final eso fue lo de menos, se disfrutó y se vivió el partido de igual manera.

Ahora solo queda celebrar – ¡MODERADAMENTE! Que hasta ahora se dio el primer paso-  y esperar al siguiente juego. Yo haré lo propio con mis cábalas, por efectos de cumplir con mi parte (?) y seguir disfrutando de mis vacaciones con Xbox, libros, ella y fútbol… ¿qué más le puedo pedir a la vida?

Hasta pronto.

Una derrota más.

Que dolor tengo, que amargura, después de una jornada más, la última de la fase de grupos, hemos sido eliminados. No soy inglés, no necesito serlo para sentir, simplemente me gusta Liverpool, quiero al Liverpool, y aquí en Bogotá, o como si estuviera en Merseyside, en Liverpool, a la salida de Anfield, abrigado, con frío, estaría igual de triste, con la misma amargura.

Tengo una derrota más para mi colección. “¿Una más?, pero si tú no juegas”, me podrá decir alguien, y qué importa si no juego, uno lo siente como si estuviera ahí, esa es la magia del fútbol y la magia de ser hincha de un equipo, sentirse uno cuando son varios y más precisamente, cuando son 11 (más los que están en el banco) los que definen las cosas en cancha. El fútbol no es algo lucrativo (para el que ama el fútbol de verdad), es pura pasión, y la pasión que hoy me condena, es la tristeza por ver a mi Liverpool eliminado.

Si vamos a hablar netamente de fútbol, sí, Liverpool merecía quedar eliminado, pero uno como hincha siempre quiere fantasear con algún futuro mejor, ¿cómo no iba a querer que Liverpool clasificará?, esta bien, no lo merecía, pero siempre se puede mejorar, y más si tenemos el mercado de invierno ahorita (?). ¡Ahhhh!, pero es que duele, después de esperar 5 años y ver este papelón. Dónde quedó el Liverpool guerrero de 2005, el indomable monstruo inglés de Champions, que siempre veía yo en Semifinales, que siempre se iba con la frente en alto, con las botas puestas, dónde quedo. Seguramente está en el mismo lugar donde están mis equipos predilectos, en el baúl de los que algún día fueron.

Hoy, con Heineken en mano y con “You’ll Never Walk Alone” de fondo, paso la triste eliminación, paso la triste pena de caer eliminado en fase de grupos, como en aquel 2009, donde también quedamos terceros del grupo y que al igual que hoy, nos deja con el comodín de jugar Europa League. Que pena, que triste pena, y siento una pena mayor, por ver que mis equipos son perdedores en estos momentos, ¿me he transformado en un ser que quiere a los perdedores?, no sé, uno podría escoger el camino fácil y volverse hincha de los ganadores, Real Madrid, Barcelona, Bayern, Nacional (si queremos hablar de la tierrita), pero no, muy fácil para mi gusto. Yo soy de Millos, soy del Liverpool, los quiero a ambos, y por más malos que sean en estos momentos (en el presente inmediato) seguiré siendo de ellos, porque esa es la magia del fútbol, y lo inexplicable del amor al fútbol (que en sí, es inexplicable amar al fútbol), no todo puede tener una explicación, simplemente siento, y ya está.

Ahora me quedo con la tristeza que ya se irá, con la pena que me abandonara y la Heineken que se acabará (menos mal hay más (?)). No siempre se puede reír, siempre se puede llorar una vez más, pero lo importante es vivir, vivir ese momento al máximo, porque son esos momentos los que hacen grato el acto de vivir, creo que es ahí donde potencialmente está el secreto del fútbol, en las mínimas alegrías que hacen mejor nuestra existencia (claro, para al que le gusta el fútbol, otros encontraran los mismo en otras cosas). Lo cierto es que con pena y todo, me toca ir a atender, así que me despido con algo de tristeza, y diciendo una sola cosa más: YOU’LL NEVER WALK ALONE.

Hasta pronto.