Disfrutando el silencio

Dicen que vale más tarde que nunca, y por eso estoy acá, escribiendo ya 4 días después de uno de los conciertos más perfectos que he vivido. Depeche Mode mostró porque son lo que son, una banda inmensa que ha cautivado a buena parte del mundo y que se ha ganado su lugar en el olimpo de los dioses.

Con la puntualidad característica de los británicos, las luces se apagaron a las 8:45 pm para darle play a Revolution de The Beatles, la cual anunciaba el inicio del espectáculo. De pronto se veía asomar a Dave Gahan y su combo. The Beatles se diluyó, las pantallas se encendieron con un colorido fondo y de la mano de Going Backwards la magia empezaba a llegar al Simón Bolívar.

De ahí en adelante todo fue un sueño, temas icónicos de la banda, acompañados por un sonido brutal, rayando la perfección, y una puesta en escena acompañada por unos cortos artísticos muy bien logrados, hicieron del concierto una obra de arte que maravilló a todos los afortunados asistentes al evento. Hasta el anunciado final a cargo de la popular Personal Jesus, todos vivimos extasiados.

Fue tal el espectáculo que aún hoy, 4 días después, aún me cuesta dimensionar lo vivido, y eso que al final del show, como mi novia me lo dijo: “fue hermoso pero me siento incompleta”, y cómo no, para estar completos sería necesario un Depeche Mode by Request de por lo menos 4 hrs. Aun así, pese a que tantas canciones que tanto me gustan no estuvieran en el setlist, me siento un afortunado, porque valió la pena el esfuerzo por verlos y disfrutarlos.

Sin duda cosas así se viven una sola vez en la vida. Qué gran noche (hace 4 noches) que nos diste Depeche Mode, gracias y mil gracias.

Hasta pronto.

Anuncios

El Arcade se hizo fuego

El anunciador, en el centro del ring, anunció la entrada del púgil, un púgil que no es un solo sujeto, sino un conjunto armónico, mágico, que ingresó a la arena y con golpes de guitarra y emoción, dieron un golpe de knock out a los asistentes luego de dos horas emotivas de espectáculo.  

Arcade Fire cumplió con lo prometido, un show espectacular que se anunciaba como el mejor que se vería en 2017, no puedo asegurar que lo hubiera sido porque económicamente y por cuestión de gustos me es imposible verlo todo, pero si puedo decir que fue de los mejores conciertos que he vivido, pese a los fallos técnicos y logísticos que se hubieran presentado.

Las palabras son muy cortas para describir lo vivido, desde el instante en que sonó de manera intrépida la quinta sinfonía de Beethoven (versión de Walter Murphy) para dar paso al ingresó de la banda para luego iniciar con “Everything Now”, hasta el intenso y nostálgico final con “Wake Up” el concierto fue un viaje emocional decorado majestuosamente con la calidad musical del grupo, que con intensidad, pasión y sencillez, se entregaron al público bogotano para darnos una noche inolvidable.

Entre al recinto con el gusto por Arcade Fire y salí enamorado de ellos, son de esos grupos que en vivo sellan un vínculo para toda la vida. Después del concierto entendí porque los teloneros, Bomba Estéreo, no tocaron “Fuego”, el fuego lo pondría otro grupo en el escenario.

La nostalgia post-concierto es inevitable, pero la cara de ponqué que aún tengo al recordar cada instante de anoche me hacen estar más que agradecido por la suerte que se tuvo para poder ir y sobretodo por el gran concierto que vivimos anoche y que aún retumba en nuestros oídos, cabezas y corazones.

Infinitas gracias Arcade Fire.

Capítulo 3: Sonido infernal.

Luego de dos conciertos muy buenos, faltaría lo que se diría por ahí, ‘la cereza del postre’, había que cerrar con broche de oro este mes atípico para mí, pero que lo goce hasta más no poder. Lo único curioso es que el broche no sería de oro, sino que podría ser negro, o simplemente grabado con una cruz o un pentagrama invertido. Cuánta variedad entre gustos, pasar de SOAD a Muse y de Muse a… Inquisition. Si, el último concierto fue de Black Metal.

Podrán decir que soy muy ‘poser’ y demás, pero qué puedo hacer, mi época metalera paso hace ya algunos dos años -cuando digo época metalera, me refiero a que solo escuchaba metal. Obviamente jamás dejaré de escucharlo- y justamente, esta época se cerró de la manera más “oscura”, escuchando Black Metal a por doquier. Haber negado que no quería ver a Inquisition, apenas vi el cartel, hubiera sido negar mi pasado.

De las corrientes tradicionales del Metal, el Black Metal era la única a la cual no había tenido la oportunidad de asistir a algún evento. Si bien en Rock Al Parque del año pasado Thy Anthicrist se presentó, considero que el ir a un evento exclusivo de Black Metal hacía falta entre mis experiencias, y pues dada la oportunidad, no se podía dejar pasar.

Me pareció curioso que siendo Inquisition una banda clave en la escena del Black Metal, -y además con raíces colombianas-, tuviera tan baja asistencia, no creo que hubieran más de 400 personas en el lugar. Quizá para mi Inquisition es muy grande, pero también hay que ser consciente que este duo se ha movido más en la escena underground, lo cierto es que estuvimos los que somos, los true fans from hell (?)

El evento fue como se esperaba, un recinto pequeño y con un comienzo tradicional, donde antes de la presentación principal van los teloneros que esta vez no fueron tan teloneros. STNZR Cult y Divine Profanity abrían ‘el culto’, como ellos mismos lo denominaron, con temas repetitivos, intensos, algunos indiferenciables entre sí, temas que me hacen ver aún más por qué el Metal y la escena local se han estancado.

Si bien a la escena local le ha faltado apoyo, también considero que a la escena local le hace falta dedicarse más a la hora de componer. No me parece lógico que entre bandas de Thrash, Death y Black, la única variación considerable este en la voz, porque de resto o suenan a Thrash o suenan a Death Metal. Pueda que yo sea un completo ignorante, pero a eso me suenan. Uno escucha bandas legendarias de cada género y se encuentra con que por ejemplo, Kreator no suena a Deicide, y mucho menos suenan a Burzum. Sí, hay bandas, como por ejemplo Darkthrone, que tienen un sonido algo frenético que puede parecerse a alguna banda de Thrash, pero los mismos temas se sienten como Black Metal y no como Thrash Metal.

Cuando tuve mi época ‘blackera’, el sonido que tenía el Black Metal era de las cosas más características para mí. No sé si es que estaba muy ‘psicoseado’, pero los temas, a parte de sus temáticas existenciales, satánicas y demás, eran muy ’gélidos’, por lo menos yo los sentía así, sentía frío al escucharlos, se me helaba la sangre, era extraño. No podría generalizarlo y decir que toda banda de Black debe sonar así, porque es una sensación muy personal, pero si podría decir que no todas deben sonar como una banda de Thrash o Death con un gutural más agudo. Además, en la actualidad hay bandas que en mi opinión son muy elaboradas, como por ejemplo Taake, lo que muestra que aún se pueden hacer cosas nuevas.

Luego de ese viaje musical oscuro, en general por tierras escandinavas, llegué a la conclusión de que Inquisition es la banda que mejor representa al Black Metal, sin necesidad de ‘tramar’ a los seguidores con que son los seres más satánicos, fríos y oscuros que hay sobre la faz de la tierra -estilo Danielsson, de Watain. Buena banda pero un poco patética cuando habla el sueco en entrevistas- siendo humildes, sin olvidar sus raíces y siendo  fieles a su estilo, además que en mi opinión, son de las bandas más atípicas del Metal. Solo dos tipos, un sonido único y ni hablar de la voz de Dagon…

Cuando por fin Inquisition salió a la tarima, el sonido infernal se tomó el lugar y el verdadero ‘culto’ había comenzado. Para esa hora, una buena parte de los asistentes estaban en la inmunda, entre borrachos y drogados, pero así vivieron el concierto -aunque me cuestiona un poco ese vivir, sobre todo el de los borrachos-. La presentación iba más que bien hasta que hubo un fallo eléctrico y por un momento -aproximadamente 30 minutos porque falló dos veces la energía- el show parecía que no iba a continuar, pero el profesionalismo de Dagon e Incubus, más la ineptitud de los organizadores que a trancas y mochas se dieron mañas para arreglar la situación, hicieron que el evento pudiera tener un buen final.

Fue más que grato ver a Dagon y su atípica voz en vivo, realmente es de esas voces que uno no se explica cómo la hacen y que le dan al artista y a la banda un toque único, además, que lleguen a sonar bien siendo solo guitarra y batería, son realmente únicos. La presentación fue majestuosa omitiendo los fallos técnicos ya mencionados, por lo menos yo me sentí satisfecho por la presentación de los que en mi consideración son la mejor banda de Black Metal.

Al final del show iba a haber firma de autógrafos, pero dado el cansancio y que lo único que había para que firmaran era la boleta, que si bien es muy bonita –qué pussy para ser Black Metal- y muy bien elaborada, el hecho de que fuese negra podría complicar las cosas. Al final se perdió una firma pero no una grata experiencia.

Antes de irme, me disculpo por lo tarde del post, ocho días después del evento, pero es que después de los gozosos llegan los dolorosos, y el tiempo ya no da abasto. Espero no haberlos aburrido con mis historias ‘blackeras’ y por último, no olviden que son solo opiniones personales las que hago respecto al metal, mi percepción de lo que se ve hoy en día en la escena,  más no son axiomas ni mucho menos. Espero no haber ofendido a nadie.

Hasta pronto

.

Capítulo 2: El camino a la perfección

Estoy sin palabras, estoy nostálgico, estoy aun emocionado por lo que viví ayer, estoy… de todo y sin palabras, y todo esto patrocinado por una sola cosa: Muse. ¡Qué concierto! ¡Qué nivel! ¡Qué show! Sin dudarlo un solo instante, el concierto de Muse anoche fue el mejor concierto que he presenciado. No sé si exista la perfección, pero no me cabe duda que el show de Muse se acercaría mucha a tal definición.

El trío de Teignmouth, Inglaterra, acompañados por un cuarto integrante, Morgan Nicholls, nos regalaron una noche épica e inolvidable a todos los asistentes al evento. Y es que lo hecho por Muse anoche fue algo tan maravilloso, tan hermoso, tan puro, que me quedo corto en calificativos para describir lo que en realidad fue el evento, podría irme hasta de cursi y decir que quedé enamorado del show -me faltó vomitar arco iris al terminar-

Más de 10 horas haciendo fila -mi par duró 14 horas-, resistiendo el sol cuando se le dio la gana de salir, cruzando los dedos para que no lloviera muy duro -Bogotá mágica-, haciendo rendir la comida y guardando restos físicos para no estar agotados a la hora de Muse, todo eso fue insignificante al lado de lo que nos esperaba. Esperar un rato más para ver al telonero, Telebit, que a la hora de la verdad tienen un sonido muy similar a otras bandas pero que nos entretuvieron mientras se llegaba el momento estelar. La espera había terminado, Muse estaba en tarima, era momento de disfrutar. Aye, sir!

No hubo cosa mala en la presentación, un espectáculo visual magnifico, un sonido excepcional y una calidad musical tremenda a la que nos tienen acostumbrados Matt, Christopher y Dominic, con una presentación que desde el potente arranque de la mano de ‘Psycho’ hasta el emotivo final con ‘Knights of Cydonia’  nos cautivó con una presentación más que sublime.

Por cuestión de gustos, quizá hubiera sacado del setlist a ‘Madness’ o ‘Dead Inside’, y hubiera puesto ‘Butterflies and Hurricanes’ o ‘Muscle Museum’, aunque para ser sinceros, para quedar a gusto con todos los temas, hubiéramos tenido que dejar a Muse tocando algunas cuatro horas lo cual era imposible. Lo que se me hizo extraño fue que dejaran afuera del setlist ‘Hysteria’, pero a la hora de la verdad todo fue más que perfecto así como se dio, pedir más sería ya un abuso.

Lo único que le reprocharía al evento de ayer, sería la organización la cual estuvo algo desordenada. Demorados en la apertura de puertas, pocos baños en el primer filtro y nulos en el segundo, y luego, un despelote para repartir materiales que servirían para animar algunos temas -una máscara de cartón para animar la entrada de ‘Psycho’- y que hacían que el público se alborotara. La otra cosa fea de ayer fue el transporte para regresar a casa -y más que Engativá queda más lejos que Mosquera (?)- pero pese a todo esto, la satisfacción fue muchísimo mayor a estas nimiedades.

Me siento afortunado -y un poco endeudado- de haber podido asistir a semejante concierto, que quizá quede en la historia como uno de los mejores que se hayan visto en Bogotá. En mi opinión, Muse es la banda más grande y más importante de nuestro tiempo, y lo considero porque para mí, es una banda que es capaz de conectar dos generaciones, que tiene un calidad muy alta y que de hace rato tienen un estilo consolidado y único. Quizá en sus trabajos ‘The Resistance’ y ‘The 2nd Law’ -sobre todo este último- su sonido se había perdido y había tomado matices de bandas legendarias como Queen, pero con ‘Drones’, considero que Muse retomó su estilo. Definitivamente, fue un privilegio haber estado ayer en el Parque 222.

Por ahora solo me queda esperar a que se me calme un poco la emoción post concierto y esperando que en lo que me quede de vida pueda vivir cosas así nuevamente y porque no, mejores, aunque no sé qué podría ser mejor, me cuesta encontrar una banda que pueda igualar el nivel musical de Muse, y más aún, que hagan tan buen show en vivo.

Hasta pronto.

Pdt:

Setlist:

  1. Psycho
  2. Reapers
  3. Plug in Baby
  4. The Handler
  5. The 2nd Law: Unsustainable
  6. Dead Inside
  7. Supremassive Black Hole
  8. Resistance
  9. Munich Jam
  10. Madness
  11. Citizen Erased
  12. Apocalypse Please
  13. Time is Running Out
  14. Starlight
  15. Uprising
  16. Stockholm Syndrome
  17. Mercy
  18. Knights of Cydonia

Capítulo 1: Al borde de la locura.

¡System! ¡System! ¡System! Habrá momentos inolvidables en mi vida, y sin duda la noche de ayer será uno de ellas. El concierto dado por System of a Down anoche en Bogotá fue algo que sencillamente no se puede describir, algo que solamente cada uno de los asistentes al evento podemos sentir pero quizá no podamos expresar fácilmente. Fue energía, magia, locura y felicidad, fueron muchas emociones para una sola noche.

No es que me la pase en conciertos ni mucho menos, pero de los conciertos a los que había asistido hasta la fecha, en ninguno había saltado, cabeceado, gritado, cantado, tarareado tanto como anoche en SOAD. Desde el momento en que salieron al escenario hasta el momento en que desafortunadamente el show tuvo que terminar, no paré, no sé de dónde saqué tantas energías, solo sé que lo viví al máximo, como ningún otro.

Desde temprano -no madrugados pero si temprano- el día comenzó. Casi dos horas para llegar al lugar del evento y luego a hacer fila. Cinco horas esperando a que abrieran puertas, recibiendo el sol en la cara, con cansancio en los pies y dolor en la espalda, pero nada importaba, todo el sacrificio al final valió la pena. Entre canciones coreadas por los asistentes y vendedores haciendo su agosto, la espera terminó, pudimos acceder al lugar y para nuestra fortuna quedamos realmente cerca.

Ya adentro, la espera se hacía más larga, la ansiedad aumentaba y el tiempo no parecía correr. A eso de las 6:30, por fin alguien se dignó a subir a subir al escenario. Esta es la hora en que aún no sé cómo se llaman los teloneros, lo cierto es que no estuvieron mal más allá de que la voz no se escuchaba muy bien. Lo curioso de la noche fue un idiota que estaba al lado -y le digo idiota porque la verdad, es lo que es- El hombre disfrutando la fiesta antes de que esta empezará, tomó, fumó y hasta metió antes de SOAD, y faltando tan poco para que salieron, el hombre no pudo más, se desvaneció y en cierto modo, arruinó no solo su concierto sino también el de su amigo. Qué lindo gastar 320.000 para perder el control y perderse parte del evento -sino fue que se lo perdieron todo-. Pero bueno, así es la gente.

El telonero acabó y la espera parecía acabar. Entre temas de Pantera y AC/DC la organización acomodaba el escenario para SOAD, los asistentes gritábamos: ‘¡System! ¡System! ¡System!’ y el ritmo cardíaco aumentaba con cada minuto que pasaba. Las luces se apagaron y empezaron a aparecer en la tarima Serj, Daron, Shavo y John, sentí que me iba a dar algo, el caos había comenzado.

Desde el primer tema –‘I-E-A-I-A-I-O’- hasta el último –‘Sugar’- la locura no tuvo límites, no pasaron 3 temas y de tanto saltar e irnos moviendo, terminé aislado de mis amigos, pero eso no fue impedimento para no disfrutar del soberbio espectáculo de SOAD. A decir verdad, no hubo canción mala, quizá por cuestión de gustos, ‘Lonely days’ y ‘Lost in Hollywood’ no son de mis favoritas, pero sirvieron para tomar un segundo aire. Si por ahí en vez de estas hubieran tocado, por ejemplo, ‘U-Fig’ , ‘Nugüns’, ‘P.L.U.C.K’ o ‘DDevil’ quizá no estaría acá escribiendo este post, podría estar en la cama vuelto nada.

Luego de dos horas -creo que fue menos- solo podía tener dos sensaciones, la de satisfacción y la de cansancio. Lo que mostró SOAD anoche es algo que es muy difícilmente se repetirá en Colombia, y más porque bandas como SOAD no hay. No quiero sonar como fanático acérrimo de SOAD -aunque lo soy- pero el sonido que ellos tienen, no lo tiene nadie más, por eso son únicos, por eso son legendarios pese a que no son del gusto de todo el mundo.

Al final, valió la pena todo lo que se hizo por ver a SOAD, endeudarme, esperar siete meses, trabajar para pagar la boleta, aguantar haciendo fila, quemarme, resistir el dolor de espalda, mojarnos -porque así es el clima en Bogotá- y esperar, todo, absolutamente todo lo que se tuvo que hacer valió la pena, SOAD valió la pena, y más sabiendo que posiblemente no vuelvan, es más, en el momento que dijeron que venían fue una sorpresa total ya que llegué a hacerme a la idea de que nunca iban a venir.

Ahora que el concierto ha pasado, yo solo puedo tener una sonrisa dibujada y recordar cada instante que viví ayer -síndrome post concierto- eso sí, aguantando este pitido en los oídos, pero no importa, es una mínima consecuencia para tan gran concierto que se vivió anoche. Ahora la vara ha quedado muy alta para lo que aún me queda por vivir en este mes, veremos a ver qué pasa.

Hasta pronto.

 

pdt:

Setlist:

  1. I-E-A-I-A-I-O
  2. Suite Pee
  3. Attack
  4. Prison Song
  5. Know
  6. Aerials
  7. Soldier Side (Intro)
  8. B.Y.O.B
  9. Soil
  10. Darts
  11. Radio/Video
  12. Hypnotize
  13. Temper
  14. ATWA
  15. CUBErt
  16. Needles
  17. Deer Dance
  18. Bounce
  19. Suggestions
  20. Psycho
  21. Chop Suey!
  22. Lonely Days
  23. Question!
  24. Lost in Hollywood
  25. Vicinity of Obscenity
  26. Forest
  27. Spiders
  28. Sultans of Swing (Dire Strairs Cover)
  29. Cigaro
  30. Toxicity
  31. Sugar

Metal sobre Bogotá

Ayer comenzó una edición más del ya tradicional Rock al Parque, evento que durante 3 días reúne una gran variedad de artistas, en su mayoría rockeros, para que el público capitalino se deleite -u otros madreen porque no les traen la banda que querían- en un ambiente cada vez más tranquilo. Como es costumbre en mí, mi cita con el festival es en  el día del metal; no asistí a todo el evento -no soy true- pero contaré mi experiencia desde lo que vi.

Mi pequeña reseña no puede comenzar sin antes quejarme por un hecho externo a Rock al Parque. Cómo es posible que duremos con un amigo y su hermana, una hora esperando la ruta del SITP que queríamos tomar para ir al Parque Simón Bolívar. Es realmente penoso. Después de esperar algo más media hora, la ruta venía, todo era un alivio, pero el alivio se marchó en el momento en que el lector de tarjetas del bus se dañó, no podíamos pagar nuestro pasaje, y como Poncio Pilato, el conductor nos bajó y se fue. Después de media hora más, pasó un bus de los normales, con desconocida ruta que decía “Pq. Simón Bolívar”. Toco abordarlo y esperar a que no diera tanta vuelta.

No me explico cómo el SITP planea ser el medio masivo de transporte público, ser los únicos que presten el servicio a toda una ciudad, y ni siquiera son capaces de mandar rutas con frecuencia. No entiendo a qué juegan. No me quedan dudas de que esto fue solo un invento para monopolizar el Transporte público y quedarse ellos con todo el negocio, nada más. ¿Y el ciudadano? ¡Qué se joda! A fin de cuentas ellos están haciendo su agosto. Pero bueno, este no es el tema del post.

Después de la fila, la requisa, la revisada de bolsillos -extraño que esta vez no nos hicieron quitar los zapatos-  lo que quedaba era disfrutar. Extrañamente, el escenario plaza estaba algo desocupado respecto a festivales anteriores. Luego de unos diez minutos y de encontrar un buen lugar, la primera banda que vimos en tarima fue Melechesh, la primera banda internacional del día, oriunda de Jerusalén pero radicada en Holanda.

A decir verdad, no me impresionaron. Soy un completo ignorante en el mundo del Metal y no los conocía, y después de lo visto, no me impresionaron mucho. Arrancaron con una puesta en escena interesante, pero ya, nada más, lo típico de muchas bandas, un buen riff para entrar pero luego, una canción monótona que no llegaba a diferenciarse de las demás. Lo más curioso de la banda estuvo en la batería, que en varias canciones llevaba un ritmo poco usual en el Metal, y que pese a ser arriesgado hacerlo -esto lo digo porque en muchas ocasiones, el metalero es muy radical y no acepta más que un tupa-tupa- la verdad es que no entraba muy bien en las canciones. En general, ni me gustó pero tampoco me disgustó; eso sí, me pareció interesante que trajeran una banda internacional que en general no es muy conocida.

La banda que siguió ya había tenido su chance en Rock al parque, los bogotanos de Sacred Goat no brindaron nada nuevo que no hayamos visto en 2013, temas frenéticos, indiferenciables entre ellos y una voz algo esforzada en la que se podía apreciar que la vocalista no tiene mucha técnica para cantar, cosa que llegará a ser perjudicial para ella y su voz. Alguien podrá decir: ” pero este qué va a saber de canto”, pero creo que no se necesitaba saber para ver cómo se lastimaba la voz. Espero que lo que escribo sea al final una falacia; mi intención no es denigrar de ellos, pero fue mi percepción, solo digo lo que vi.

Con una llovizna leve pero tediosa, de esas que pueden durar todo un día;  la noche continuó con Serpentarius. De entrada, la puesta en escena se vio interesante, y a diferencia de muchas bandas locales, mostraban algo distinto, tenían armonía, pero esta se fue diluyendo ya avanzada la canción. Debo confesar que lo más flojo de la banda, para mí, fue la voz, lo demás no estaba mal. Como a la tercera canción, la banda volvió a sorprender, la inclusión de un violín y dos voces, que si bien eran también guturales, mejoraban en mucho la del vocalista principal.

Esa inclusión de violín, luego la inclusión de flautas, zampoñas y al final un conjunto de percusión – con el que arrancaron- le dieron un toque muy bueno a la banda, a decir verdad, me dejaron una grata impresión pese a que los errores de sonido -como ya es costumbre en Rock al Parque- se hicieron notar: las percusiones no sonaron tan fuerte como podrían sonar, en un tema la flauta no se escuchó y en el cierre, una zampoña sonaba más que la otra; pero con todo esto, me gustaron bastante. Aplaudo el proyecto que tienen, porque buscan hacer algo distinto acá, una propuesta atrevida y vistosa, no el mismo Thrash, Death o Black que ya conocemos de siempre.

Finalizado el show de Serpentarius, solo quedaba esperar el plato fuerte, Behemoth. En este punto de la noche, la ansiedad aumenta y tanta propaganda hacen qué la paciencia de nosotros se agote. Es estúpido porque todo se hace para brindar un mejor espectáculo, mientras cuadran sonido y demás cosas, pero ese deseo de ver a la banda principal nos lleva a desesperarnos y querer que la espera no sea prolongada. Eso sí, al final, la espera valió la pena.

La presentación de Behemoth fue más que sublime, una puesta en escena magnifica, buen sonido y una calidad musical más que brillante. En mi opinión, es una de las mejores bandas en la actualidad, una banda que no se estanca en su pasado, sino que va progresando musicalmente, sin perder su sonido, pero si mostrando cosas nuevas cada vez. Además, el detalle del cierre, las máscaras. ¡Épico!

Podrán ser muy ‘satánicos’ y lo que quieran considerar los que no son de su gusto, pero lo que se vio anoche con Behemoth me parece que no tiene punto de comparación con otros cierres de Rock al Parque en el día del metal. Sé que mi experiencia con el festival es realmente corta -apenas 4 festivales y los demás, los que recuerdo, vistos por Canal Capital- pero una presentación como la de anoche será muy difícil de igualar. Realmente quedé asombrado con la show de los polacos.

Las comparaciones son odiosas, pero ver la diferencia que hay entre muchas bandas locales y bandas internacionales como Behemoth es más que notoria. Es claro que divergen en muchos puntos, lo económico, la escena del país, la promoción de la banda y un sin fin de razones, pero creo que una cosa no cae entre esas razones, el deseo de hacer algo distinto. Muchas de las bandas que vemos es un reencauche de algo que ya está, ya fue hecho, no presentan variantes y por eso, el metal, se hace monótono en muchas ocasiones. Ojalá pudiéramos ver en el futuro más bandas locales, mostrando cosas más interesantes que tupa-tupa y guitarras desenfrenadas de las que poco se puede apreciar. Hacer metal no es hacer un desmadre, hay que también innovar, buscar algo de armonía, que si se va a hacer algo rápido, sea bien hecho y no solo algo que la amplificación haga sentir pesado.

Al final fueron más las gratas sensaciones que me dejo este mini Rock al Parque al que asistí -al menos podría sentirme con más autoridad para hablar si hubiera asistido a todo- No soy un arraigado y radical metalero, me gusta el Metal, fin, no pasa de ahí. Solo quería dar mi percepción de lo que para mí fue el festival ayer. Ahora solo queda esperar a que la tierra vuelva a darle la vuelta al sol para caer de nuevo en este punto y poder vivir un nuevo Rock al Parque.

Hasta pronto.

A Volear Melena

Ayer no fue un día cualquiera, ayer era un día único en el año capitalino, ayer empezaba una fiesta de trayectoria en la ciudad. Rock al parque abría sus puertas para que todas esas almas desorientadas (como diría mi mamá) tengan un lugar de regocijo para sus pesadas sombras negras, tengan un lugar de comprensión, donde no habrían miradas de desaprobación, sino solo sonidos extremos, entrega, fuerza, golpes y felicidad.

Obvio, yo como metalero devoto a las riendas de satán (?) no me iba a perder esta fiesta, además que venían dos de mis bandas favoritas, Nile y Exodus. La fiesta estaba servida, solo habría que asistir, y como buen colombiano que donde es gratis allá cae, pues fui, con mi mini combo (como los de McDonald’s) para no perderme el banquete metalero por venir.

Después de un camino algo latoso, con trancones y conductores con ínfulas de tortugas (pero no las ninja) llegamos al Simón Bolívar, poco alentador, multitudes monocromáticas (aunque entra la discusión de si el negro es un color) en un sola fila espanta flojos, pero si había que hacer fila, se hacía. Al final la fila terminó siendo lo que auguré, espanta flojos, el flujo fue rápido, el lío fueron las manoseadas por parte de la siempre gentíl policía nacional, que revisa como están tonificados tus pectorales y tu abdomen, revisan que tus piernas estén sanas y para culminar, revisan que todo esté en su lugar. Después de todo esto, va la reconfirmación (porque hombre prevenido vale por dos) y te hacen otra vez el chequeo, no sea que algo ande mal,  y para cerrar, revisan si te echaste talquitos en la mañana haciéndote quitar los zapatos.

Cruzados los esquemas de seguridad, solo había una sola cosa que hacer, ir a los “higiénicos” baños del festival. Filas no tan largas que se diluían rápido con explicación lógica del metalero-filosofo-físico cuántico que estaba en la otra fila y el cuál afirmaba que el hombre solo tardaba 30 segundos (certificado por él) en hacer sus necesidades, gracias a…. ¿belcebú?

Ya estaba todo preparado. Chequeos, listos, necesidades, satisfechas, solo había que buscar un lugar y esperar. Mientras se llegaban las 7:30 pm (hora prevista para Nile) tocaron dos bandas locales. Lo mismo de siempre, tupa-tupa, guitarras aceleradas, sin tempo alguno y, solos desenfrenados y sin sentido. No es por no apoyar la escena local, pero hay que ser realistas, el metal se estancó, pocas bandas son capaces de darle nuevos matices al metal o a su propio estilo, pero como las bandas colombianas mantienen su influencias de la vieja escuela, pues se quedan en lo mismo pero con menos calidad, además, no sé si alguien lo ha notado, pero ahora todas las bandas tienen una obsesión con el famoso “Wall of Death”, todos quieren hacer uno en Rock al parque, así estén tocando “Nothing Else Matters”, no existen excusas para privarse de hacer Wall of death. Aun así, no estaban mal para pasar el rato, sobre todo Withering Void, que tenía algo más de calidad y un cover de Metallica que les salvó la noche.

Todo estaba listo, mientras alistaban el escenario, yo me alistaba para vivir mi banda predilecta en el mundo del Metal, no podía estar más emocionado hasta que frías y pequeñas gotas empezaron a caer, nada alarmante que presagiara algún diluvio de castigo para todos nosotros, los pecadores. Pero sí significó para mi estallar en jubilo, y solo porque la lluvia hacia más mítico el hecho de ver a Nile. Todo se remonta al colegio, en esas tarde aburridas donde el Metal era la única solución y solo cuando en la lista de reproducción aparecía Khetti Satha Shemsu, la lluvia no se hacía esperar, no tenía explicación alguna, solo pasaba (y tengo testigos de que pasaba) así que el hecho de la llovizna casi que me hace llorar. Cuando Sanders, Dallas Toler-Wade, Kollias y Ellis empezaron a tocar, fue lo máximo. Para mí son la mejor banda de Death y del Metal en general, y bastó para que en Rock al parque lo demostraran, ejecuciones perfectas, técnica impecable, sonido bestial (Y BUENO, en cuanto a lo claro que sonaban), además estos tipos tienen la potencia escénica y el majestuoso sabor egipcio que ha condimentado sus temáticas durante 21 años. Para mí son lo mejor, y lo más curioso es que casi no voleé melena, estaba tan perplejo, tan maravillado, que solo podía admirarlos y disfrutarlos, fue para mí, perfecto.

Pasado el sueño, se venían Neurosis y… ¿Thy Anthcrist?, ¿acaso ellos no tocaban en el escenario ECO? No sé qué pasó, lo cierto es que esto llevo a correr la presentación de Exodus quién sabe para qué hora. Neurosis, normal, poco me apetece. Thy Antichrist, nada del otro mundo (de pronto del inframundo), puesta en escena típica del Black Metal, aunque con un sonido más criollo (no se sentía ese frío nórdico que se siente al escuchar el Black de Europa), no estuvo mal aunque genero muchos disgustos, pero como dicen por ahí: Al que no le gusta el caldo, se le dan dos tasas, tome su show de Thy Anticrhist.

La cuenta regresiva empezaba para el 100% de  los asistentes, de los que diría yo, un 75% fueron por ver a Exodus y algo de Neurosis (al menos yo ya estaba feliz con Nile). La demora, típica del que se quiere hacer esperar, que la batería, que las guitarras, que el bajo, que el “1-2-3 probando”(bueno, esta vez fue “check, check” si mal no estoy) lo cierto es que la espera parecía prolongarse más y más, hasta que de pronto sonó el característico sonido de apertura del “Bonded by Blood” del 85′, el progenitor del Thrash ya estaba en tarima, todo era felicidad hasta que, Steve “Zetro” Souza no tenía sonido, era absurdo, verlo cantar y no poder escucharlo, que insulto tanto para la banda como para los asistentes, no entiendo de dónde sacaron esos ingenieros de sonido, pero si quieren devuélvanlos que salieron con error de fábrica (aunque Rock al Parque sin errores de sonido, no es Rock al Parque), después de los descrestantes solos de Gary Holt y Lee Altus, por fin pudimos escuchar a “Zetro” Souza, todo fue felicidad.

De ahí para adelante, la cabeceada fue épica, la energía, brutal, y entre idas y venidas del sonido (que se acercaba al Thrash sin H, una vergüenza el sonido) la dicha, y el pogo (y la nube de humo vicioso) hicieron de esta noche una fiesta y un hito para este festival. Recordando el “Wall of Death”, si hay una banda que lo popularizó a éste, fue Exodus con su intermedio en el tema “Strike of the beast”, se llegó el momento del intermedio, todos se abrieron paso para la brutal golpiza a ritmo de Exodus, “Zetro” Souza parecía estar listo para empezar, cuando de repente, la troleada llegó, qué continuación de Strike of the beast ni que ocho cuartos (o cuatro medios, o dos), ellos continuaron con “The Toxic Waltz”, yo no podía de la risa (de pronto se consideraron de tanto Wall of Death en la tarde). Al final del show, salí diciendo: “-Como que tocaron muy poquitas”, todos me miraron mal, después hice memoria, conté 11 temas y caí en cuenta que son muchos los temas que me gustan de ellos, imposibles que los toquen todos, nada que hacer.

No vale la pena hablar de la salida, la historia es la misma, nunca hay transporte para los chulos esos que vienen del Simón, pero que importaba después de haber tenido una de mis mejores noches en la vida. Muchos salieron decepcionados porque querían un mejor show de Exodus (el cuál no lo fue por lo de Thy Antichrist y el sonido) pero yo, yo andaba feliz, muerto de la dicha.

Perfectamente hoy hubiera ido si no me hubiera tocado trabajar, y mi dilema esta en ir mañana, Black Label Society y Anthrax para el cierre, estupendo, pero sería mejor si el martes no tocará ir a estudiar (que lo declaren día cívico, que carajos), lo cierto es que me toca ir a dormir, porque vaya o no vaya, mañana toca madrugar a hacer tareas, y además este cuello me está matando.

Hasta pronto.