Adiós Rusia

Penúltimo penal, Bacca parece tranquilo, camina hacia el punto blanco donde deberá afinar su puntería para vencer la valla de Pickford; el juez toma el silbato para darle la facultad al delantero colombiano de fusilar al enemigo, lanza, Pickford detiene. Murmullos de ansiedad. Dier camina sabiendo que en sus pies está la sentencia final o una luz de esperanza para el rival, Ospina pone el pecho, quiere ser el héroe, el juez da la indicación, corre Dier, gol de Inglaterra. Silencio atroz.

Un día después de la eliminación, me es imposible no tener guayabo aún, tener en mi cabeza momentos tan épicos como el gol de Mina al final del juego para darnos vida o la atajada de Ospina que nos puso en camino de la clasificación, como también momentos tan tristes como el tiro en el horizontal de Mateus y el penal que le atajaron a Bacca… Sentí una tristeza enorme en este pedazo de corazón futbolero que se agudiza en la nostalgia más y más con cada recuerdo.

Hablando de lo que fue el partido, desde que se anunció la titular, pese a que no me gustó lo que se puso en cancha, quise tener fe en las decisiones de Pékerman. Ya en cancha, tras 15 minutos intensos de Inglaterra sobre Colombia, se vio lo que se predecía, teníamos la pelota, pero no había peso ofensivo, un toque de un lado a otro que no se veía que nos llevara para algún lado, se veía a Quintero, Cuadrado y Falcao peleando solos arriba sin poder invocar a los demás, se veía a Mojica sin poder explotar su banda, vi el medio campo enredado para crear (porque Barrios, Sánchez y Lerma no son jugadores con la vocación de crear). Vi a Colombia haciendo bien la mitad de la tarea, detener a los ingleses, pero mal la otra mitad, agredirlos.

El segundo tiempo fue lo mismo hasta el gol de Kane (con penal que me parece discutible). Luego, pensamos que la reacción llegaría, pero no, se demoró bastante. Meter a Bacca por Lerma fue algo que no entendí, porque seguía estando el dilema de: ¿QUIÉN CARAJOS CREABA JUEGO CON QUINTERO? Hasta el 78′, el profe se decidió al fin por meter a Mateus (hombre que debió arrancar y sino, al menos ser el primer cambio) y luego, a falta de… ¡5 MINUTOS! Metió a Muriel. Creo que a Pékerman se le pegó lo de la mayoría de los colombianos, dejarlo todo para última hora. Al final el corazón, el amor propio (porque de eso sí hubo durante todo el partido y todo el mundial) le dieron a Colombia una luz con el empate de Mina. Ya después la historia la sabemos.

Alguien en Twitter me regañó, que disociador, que desagradecido, y pues no, jamás estaré desagradecido con Pékerman porque por él y estos jugadores vi a Colombia en dos mundiales, los vi romper la historia hace 4 años, y los vi volver a un mundial con hambre de más. Pero hoy fue apático desde el comienzo, traté de entenderlo, es algo muy de Pékerman ser precavido, pero después, no vi reacción por parte del banco. No estoy diciendo que es lo peor, ni que no le agradezco todo lo que nos ha dado, solo digo que se pudo buscar más y no se quiso.

Lo cierto es que esta derrota duele aún, porque si bien en un principio, el sueño de llegar muy lejos en la copa era casi una utopía, y tras el juego ante Japón la idea se reforzó, con el juego ante Polonia fue inevitable no ilusionarse, había con qué, podíamos lograrlo, había que superar peldaños duros (como este en el que nos quedamos), pero se podía ilusionar, se valía soñar. Así como hace 4 años, la derrota en cuartos ante Brasil dolió pero había felicidad, ayer y hoy (y quizá mañana y pasado…) hay tristeza por lo que pudo ser y no fue.

Queda agradecer la entrega de los jugadores, fue lo único que nunca nos faltó, actitud. Se pusieron esta camiseta y la sintieron como si fueran cada colombiano (amante y no del fútbol). Ellos no fueron un equipo, fueron todo un país que quiso dejar nuestro nombre en lo más alto. Gracias por ponernos en este bonito sueño, y por darlo todo para que éste continuara.

Ahora solo me queda, como amante el amante del fútbol que soy, disfrutar lo que queda de mundial a media máquina, con el dolor por la eliminación y sin la ansiedad de saber que el sábado jugaría la selección. Sintamos, vivamos esta derrota, y levantémonos, miremos al futuro y cambiemos lo que tengamos que cambiar para mejorar (esto último le calza al país no solo en el ámbito futbolero, ya van dos derrotas, una muy dolorosa y ésta).

Hasta pronto.

 

 

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Dolor

Dolor, dolor solo dolor, no se siente más. No se puede creer que sigamos siendo esto, que sigamos con los mismos, que haya ganado Colombia, no la de todos, sino la Colombia de los mismos que nos han gobernado y que nos tienen dónde nos tienen.

Que dolor, no que Petro no haya sido presidente, sino haber estado tan cerca del cambio y haberlo dejado ir, no haber podido consolidarnos, unirnos, sino dispersarnos y dejar que el uribismo se fuera solo. Ojalá Duque sea independiente, pero es casi inevitable pensar que no habrá más que un show de ventriloquia por 4 años.

No quedan ganas de nada, pero hay que seguir, porque como dijo el gran Freddie en su última canción, el show debe continuar… (Así en el interior, mi corazón se esté quebrando).

Que dolor…

 

 

 

Resaca electoral

El fin de semana pasado fue bastante frustrante para mí. Vi como Liverpool perdía la final de la Champions League de manera absurda ante uno de los equipos que no me aguanto ni por el putas, el Real Madrid; vi como el monstruo de LeBron James dejaba sin final a mis aguerridos Celtics en la NBA (para el que le esté hablando en chino); y tras del hecho, estaba muerto del susto preparando (je je) un parcial el cual debía pasar sí o sí. Pero todo esto fue quizá la mitad de las frustraciones, quizá menos, porque faltaba el golpe mayor, pero era la frustración más evidente que se veía venir: las elecciones presidenciales.

Antes que nada, ni soy experto ni pretendo serlo, y tampoco quiero mostrarme como un ser superior, cada quién tiene derecho y tiene sus razones para creer en un candidato, pero, ¿los que votaron por Duque, al menos son conscientes que es Uribe el que va a gobernar? Prefiero que voten conscientes de que es Uribe, y no como reverendas güevas creyendo que Duque es la renovación, porque de verdad, es patética la campaña y el slogan de que él es el cambio, quizá el cambio de interiores de Uribe, que dejó con rayitas de canela a Zuluaga y a Santos le talló la entrepierna y lo tuvo que dejar, pero de resto, veo muy poco probable que Duque vaya a ser autónomo.

Pero más allá de que la gente siga de cabeza con Uribe, lo que más me dolió fue ver como nosotros, los que queremos una renovación alejada de nefastos ex-presidentes, curas de la santa inquisición, conservadores y religiosos arraigados a su fe, no solo hacia un Dios sino hacia el patrón Uribe, nos terminamos aniquilando entre los que buscamos ese cambio. Desde problemas internos entre los candidatos Petro, Fajardo y De La Calle, hasta nosotros mismos, agrediéndonos, anulándonos y no uniéndonos. Al final, Fajardo tenía razón, debemos aprender a ser diferentes sin ser enemigos.

Aun así, con poca diferencia hubo un mano a mano emotivo entre Petro y Fajardo, y al final quedó el que más polariza, Petro. Pero más allá de si van o no van a votar por Petro los que votamos por Fajardo, o los que votaron por De la Calle (pa que contar al pastor y al quemado de los coscorrones), queda ahora la incertidumbre de saber si era posible pensar que quedarán más cerca en votos a Duque sabiendo la genuina aparición de la nueva fuente de Word Office, la DUQUE-14 (quién quita que hasta Petro y Fajardo hubieran pasado, vaya uno a saber). Este Uribe es un omnipotente, desparece gente, pone votos, hace y deshace, cómo no le van a tener fe sus feligreses. Lo más triste es que lo más probable, como todo en este país, es que nada pase y DuUrQiUbEe se proclame presidente de la nación.

Creo que de estas elecciones no queda más que una moraleja para que en el futuro, los candidatos se miren como un equipo que puede trabajar en un mismo ideal, y también nosotros, que en vez de putearnos en redes, que si Petro que si Fajardo que si de la calle, que tibio, que guerrillero, que lo uno, que lo otro,  miremos que es Colombia la que terminó perjudicada, y Colombia somos nosotros, los que estamos acá, y hasta los que están afuera pero ejercen su derecho al voto (y bueno, también la que no lo ejerce y pasea en  yate por Mónaco mientras muestra su intención de voto que poco y nada vale porque ¡NO VOTA!).

Quizá estoy demasiado pesimista ya, y es que es demasiado probable que suba al poder Porky, pero hombre, vivimos en un país laico que es más religioso que el mismísimo Vaticano, por qué no creer entonces en un milagro y por obra y gracia del espíritu santo, Duque no quede presidente, aunque bueno, también ya notamos las facultades milagrosas de la Registraduría para multiplicar los votos… por Duque… ¡Por favor! Uribe, hacéte una biblia que ya tenés toda la historia hecha.

Eso sí, el 17 de Junio salga y vote, con convicción, vote, es su derecho y su deber. Y a la próxima, unámonos, no nos fragmentemos más de lo que ya estamos.

Hasta pronto.

 

 

 

 

 

 

Alzas

Este nuevo año ha comenzado con más malestar que comodidad y todo a causa de la reforma tributaria y todo el desangre monetario que ésta significa para el bolsillo de los colombianos que en verdad lo sufren (porque los que lo aplican se suenan la nariz con billetes de 50 y la dignidad del pueblo).

No soy un experto en el tema económico y político del país, pero si puedo hablar de lo que vivimos como comerciantes ante las alzas que se presentan, todo por la usura de poner el IVA en un 19% a causa de cosas que quizá no veremos jamás. Perdón el pesimismo, pero nuestra clase política actual es la heredera de la clase política que robó en el ayer, son las mismas familias, el mismo negocio, dudo que hagan algo en verdad significativo para el país.

Pero bueno, no me quiero quejar de un gobierno que nunca pierde, porque dejémonos de vainas, más allá de la izquierda, de la derecha, de los de Santos, de los de Uribe, de los que sí, de los que no; el que pierde es el ciudadano común, al que le clavan los impuestos,el que con las uñas y esfuerzo busca la manera de subsistir, al que manipulan y someten. Pero hoy quiero hablar de las multinacionales, distribuidoras, etc., de los cuales somos clientes para surtir el negocio (si, porque aunque muchos no lo crean, a uno le toca comprar para surtir. A uno no le regalan las cosas).

La aplicación del nuevo IVA es flexible en este primer mes según el gobierno y en febrero ya todo quedará gravado con el 19%, pero al parecer varias empresas, por ejemplo, Bavaria, Mondeléz, Nutresa, han implementado este de una buena vez. Lo interesante del asunto es que los vendedores le dicen a mi padre: “Este producto ya viene con el IVA pero usted tranquilo, mantenga los precios del año pasado”. ¿Es una broma? Es decir que nosotros pagamos un producto con un IVA más caro pero debemos perder ese 3% de aumento en el impuesto. Un descaro

Cualquiera podría decir que no seamos bobos, que le subamos, pero en esta sociedad, por lo único que no alegan cuando ésta caro es por licor y cigarrillos (y estos últimos sí que han subido, pero con gusto los pagan). Subirle a productos como por ejemplo, la gaseosa,  implicaría inconformidad en el cliente el cual se iría a donde alguien que haya mantenido el precio, ya que, (dentro de nuestro argot, donde la envidia y los prejuicios son lo que más sacamos a flote), al subirle nosotros, somos unos ladrones, usureros, y demás. Pareciera que el cliente creyera que a nosotros no nos cuestan los productos.

Este particular fenómeno no viene de ahora, se potenció con el alboroto generado a razón de la reforma, pero ya de antes se veían casos donde es la empresa quien maneja la ganancia del cliente y futuro vendedor. Quala es una empresa que nos distribuye productos como el destapa cañerías, Frutiño, el éxito del verano en Europa, Suntea, el gel pa’ machos, Ego, el shampoo que encrespa a Paola Turbay, Savital, la bebida que es mejor que dormir, Vive 100, entre otros. Todos hemos visto las campañas mediáticas que hay con estos productos en radio y TV, sabemos sus precios, pero nosotros que se lo compramos a ellos, sabemos que la ganancia que le dejan a uno es mínima ya que ellos imponen el precio y nos cobran como quieren. Negocio redondo para ellos que no pierden y venden por montones.

Yo tengo una hipótesis. Creo que las empresas someten a sus cliente directos para que sus productos no pierdan impacto ante el cliente indirecto, es decir, aumentan costos, reduciendo nuestra ganancia para así el producto pueda mantener su precio usual ante el público. ¿No sería algo desleal que esto fuera cierto? Sí, pero también es su estrategia para que los que pierdan no sean ellos, que han de estar ahogados en dinero, sino uno, que se mata de domingo a domingo en un negocio esclavizante.

No sé si andar viendo tanta sería conspirativa me tiene paranoico o qué, pero se siente que entre el gobierno, las multinacionales y la competencia algo desleal y sospechosa (D1, Justo y Bueno, etc.), la meta fuera acabar con el comerciante pequeño. Por ejemplo, Bavaria a tomado por costumbre que en diciembre, cerca de las fechas navideñas, “se queda” sin cerveza en lata, que se les agotó. ¿En serio la única cervecería colombiana, la que acapara el mercado, la que no tiene competencia alguna y que ha de vender más que cualquier otra empresa en el país, se le agota uno de sus productos principales? Lo más curioso es ver qué almacenes de cadena y bodegas del centro no dan abasto con bandejas de Poker en lata y a precios bajos, ¿eso no es competencia desleal, no venderle el producto al comerciante pequeño para que las grandes cadenas dominen el mercado? Y eso sin contar con los nuevos impuestos y el alza de los servicios que hacen que uno no quiera seguir en esta labor. Cómo no pensar que lo que quieren es acabarnos

Lo cierto es que la situación está cada vez más que dura. Si bien nosotros entendemos que la economía no le da para tanto a muchos clientes, y que pese a que todo les gusta regalado, también la situación no da para más. Nosotros también somos humanos, ciudadanos y tenemos que comer, que subsistir en una sociedad de consumo que no da tregua. Espero que esté alboroto se calme en algún punto. Lo que si toca es seguir mientras se quiera y se pueda, porque pese a los golpes bajos recibidos, seguimos dependiendo de nosotros mismos.

Hasta pronto.

¡Por fin!

Estoy sin palabras. Después de año y medio de idas y venidas, de mañanas perdidas, de peros, de fotos, de gadejo, de canas producidas por el estrés, de tanta mofa, de negligencias, después de tantas cosas que ni ganas de recordar me quedan, por fin, ¡por fin! Tengo mi p*** libreta. Y es que no es para menos, cuando ya parecía algo imposible, cuando parecía una Odisea en el espacio poder tener mi libreta, tanto así que veía más cercana la fecha de mi grado, o un próximo título de Millos o Liverpool, o hasta la mismísima venida de nuestro señor Jesucristo… ¿Pero mi libreta? ¿Ver en mis manos ese pedazo de tarjeta intrascendente? Ya había perdido la fe.

Lo primero que hice al escuchar del señor que atiende en el distrito que ya estaba mi libreta, aparte de poner un cara de: “¿en serio, no me está tomando del pelo, señor?”, fue pensar en cómo sería mi vida desde ese momento en adelante, ya con libreta. Y es que sonará exagerado, pero me dije: tanta espera, tanto pereque, tanta jodedera, debe ser porque vale la pena, debe ser porque lo que voy a recibir me va a cambiar la vida.

Al momento en que recibí mi libreta, esperé sentir en mi cara el vientico que sienten los protagonistas de ‘La Rosa de Guadalupe’, pero no, a cambio de eso recibí dos libros y una hoja para firmar. Esperé un momento, me dije que el cambio tardaría quizá un poco, pero no, no me sentí mejor persona, ni me llegó alguna condecoración, ni alguna bonificación por el tiempo perdido, ni siquiera una disculpa por todo el tiempo que me habían hecho perder, nada, nada cambio, año y medio de lucha por un papel que no me va a cambiar la vida, que solo hará bulto en mi billetera y me pondrá aún más apto para la vida laboral (que no se ve por dónde pueda empezar).

Lo más divertido de todo el meollo con el ejército es que hicieron en semana y media lo que no hicieron en año y medio. ¡Que qué! Que sí. Resulta que tras de que las fotos que lleve en Enero del año pasado no le servían al atento militar que me las recibió, y me tocó de manera maratónica ir por Kennedy buscando dónde tomarme una foto para llevarla ese mismo día. Hace unas dos semanas me dijeron que inexplicablemente no había fotos mías, de ocho pasaron a haber cero fotos. Me pregunté: ¿qué se habrán hecho las foticos mías, andarán en el bolsillo de algún capitán de libro de  Vallejo, siendo usadas para atraer el magma que brota el erecto volcán del placer? ¡Qué peligro! Lo divertido de la situación es que ahora la fotico la piden en CD y tras del hecho, piden nuevamente, por n-ésima vez, copias de la cédula y el recibo, algo superfluo pero con ellos, la verdad es que no hay tope. Las llevé y con demasiado optimismo el señor me dijo que ya me la tenían para la siguiente semana. No le creí, pero vea, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, por fin tengo mi libreta, el señor cumplió, si hay gente diligente en el ejército, o por lo menos en ese distrito. Un milagro.

Lo importante de toda la cuestión es que ya he resuelto ese lío que tan complicado se hace de resolver. Ya no tendré que ir más a ese hueco al que llaman distrito militar, ni tendré que lidiar más con tanto déspota con camuflado (no todos son así, pero si una buena parte), por un buen tiempo, por el resto de vida que me quede si es posible. Esa tarjetica que costo un ojo de la cara (quedé como pirata) y que poca utilidad prestará, pienso meterla en una caja fuerte, y a la caja fuerte meterla en un bunker, para así evitar cualquier perdida y verme obligado a volver a aquel averno militar.

La vida no me cambio, y lo más seguro es que como me dijo el señor que me entrego la libreta: “eso ni la saque que ya ni la piden”, es decir, esa platica se perdió. Lo cierto es que a lo hecho pecho, y pues después de tanto sufrir se llegó la hora de gozar, así sea gozar por un papel que en últimas poca importancia tendrá.

Hasta pronto.

Enseñando sobre el papel

A veces basta con dictar unas clases de álgebra para darse cuenta lo mal que estamos, lo pobre y mediocre que es nuestro sistema educativo del cual todos somos víctimas (unos más que otros).

Este post va a parecer más una conclusión de mi trabajo de seminario que un post personal sobre mi experiencia como docente familiar (la víctima, una prima), pero es que no pude evitar expresarme, no respecto a su nivel académico, sino ante los comentarios que salían a flote durante las clases.

Resulta que mi prima, en su ya entrado noveno de bachillerato, está estrenando colegio, uno en Yopal, luego de haber estudiado  sus ocho cursos anteriores en su natal Chameza, un lugar lejano, recóndito entre montañas, con dilemas de identidad dado que su contextura y sus pueblos aledaños lo hace parecer  boyacense, pero su ubicación dice que es casanareño, en los llanos orientales, pero de llano no tiene nada.

Mientras iba avanzando en mi ardua labor de darle octavo y noveno en una semana (al menos las bases), noté los profundos vacíos  en ella, lo cual esperaba y no la juzgo por ello, pero cuando le preguntaba por el porqué de sus vacíos, siempre me decía que era culpa del colegio de Chameza, el ventiúnico que hay allá. Me parecía la excusa barata de siempre, pero a medida que fuimos hablando más, me fui dando cuenta que no.

Resulta que hace un año, en el ajetreo político, mi tío estuvo en la puja por ser alcalde del pueblo; como sospechosamente ya habrán notado, perdió las elecciones entre un turbio charco  de especulaciones e incertidumbres respecto al vencedor. Lo interesante es que en su alegato, mi prima acusaba a sus “profesores” de jugarle en contra a mi tío por el hecho de que él buscaba reformar el sistema educativo allá, hacer algo para mejorarlo, aunque desde el papel todo suena bonito (no dudo de sumercé, tío, dudo la política).

Según mi prima, los viejos vinagres, amargados, antipáticos y mediocres en su labor docente, se preocuparon por su zona de confort, y como el confort es lo que más importa en este país, se le fueron en contra a mi tío… ¿No suena ilógico que ante una reforma que busque mejorar el sistema educativo, sean los profesores los que primero se opongan? Luego pienso en nuestro folclore de conformismo y mediocridad, y me parece coherente que pase esto.

No es extraño para mi ver esto, viendo que a cada nada; entre nuestro espíritu de rebeldía y revolución, compañeros de licenciatura están en pie de lucha, ¿por qué? Por todo, por lo que sea, luchando por su posición ya establecida y por un mejor mañana, así sea solo para ellos, no lo sé. Yo no voy a discutirles que la educación en Colombia es una parodia, así como nuestra ministra de educación que por mera coincidencia se apellida Parody (casi y que le calza el puesto de nombre). Pero tampoco me cuadra hechos como, por ejemplo, que en la Universidad Distrital, uno de los tantos motivos para montar un paro sea la apertura de una facultad de ciencias… ¿Acaso nuestros futuros licenciados, no serán hombres de estudio, de academia, que no reconocen la importancia de la ciencia en una sociedad? Luego recuerdo que muchos de los futuros licenciados (en química y biología la mayoría) tampoco andaban muy de acuerdo  con el paro, reduciendo así la brecha de los sujetos que lograron hacer un poco inhumana las condiciones en la Universidad. En este país le tienen pavor a la ciencia, le tienen más miedo que el miedo que siente Uribe con la firma de la remendada paz, que con vacíos entre línea y línea, sobre el papel será paz (como los ideales de mi tío para su utópica alcaldía).

Lo cierto es que la educación está estancada, y mientras este estancada la ciencia también lo estará, y si la ciencia está estancada pues el país seguirá estancado. Es como una cadena de tragedias. Lo cierto es que terminé viendo a mi prima como víctima de una educación mediocre que recibió en su natal Chameza, pero también la veo como victimaria, por no tener más iniciativa propia, por dejarse hundir con toda la tripulación, en vez de conseguir un bote y navegar por el mar del conocimiento.

Me es difícil juzgarla ya que uno ha tenido que pasar vergüenzas en clases  y ha tenido que quedarse callado y agachar la cabeza ante la culpa innegable del acto no cometido, estudiar  (si, Gloria, hablo de tus regaños). Todos tenemos nuestros errores, y nuestros vacíos. Quizá haber tenido algo más de rigor al comienzo, haber tenido mejores hábitos desde pequeños y un sistema educativo que en verdad forme y no mande a la guerra laboral a sus estudiantes, hubiera hecho de nosotros más sólidos en nuestro estudio, pero por ahora solo nos queda no quedarnos como mi prima, con los errores del pasado estancados, y avanzar para evitar que nuestras metas y esfuerzos queden sobre el papel.

Hasta pronto.

 

La gota que rebosó la copa

Ya es un poco latoso que hable de este asunto aquí, pero es que hoy tuve la experiencia  que acabo con todo mi respeto frente a la vergüenza que es el Ejército Nacional con respecto a la solución de situaciones militares.

Ya van a ser dos años en los que entre madrugar e ir a perder tiempo, mi paciencia se ha ido agotando. Como bien les comente unos post atrás, ya estoy en el último paso de este engorroso trámite, pero como cosa rara algo más debía suceder, un pero más, un escalón más que le toca a uno aguantarse y mirar cómo se soluciona.

Resulta que hace ya tres meses me informaron que presentaba una inconsistencia mi libreta. Después de esperar algunas dos horas en el  caótico Distrito militar Nº 3 pude averiguar cuál era la inconsistencia, resulta que desde la jefatura no habían cargado el pago. ¿Qué me tocó hacer? Ir a la jefatura, dejar fotocopias del recibo de pago y esperar -como todo con el ejército-

La vez que fui a la Jefatura, me dijeron que fuera en un mes al Distrito, pero como dicen por ahí ‘hazte fama y échate a dormir‘, decidí no ir al mes, sino ir un poco después ya que sabía lo negligentes que son los del Ejército. Terminé yendo hoy, dos meses después a ver qué había pasado. ¡Oh sorpresa! La inconsistencia aun esta.

Saben, en cierto modo me esperaba algo así por parte de esos incompetentes, pero lo que no me esperaba es que una “secretaria” -porque creo que ese es el trabajo que tiene- se alzara con su orgullo a flor de piel y me dijera: “Si yo quiero, no te atiendo”. ¿Por qué me dijo eso? Porque es un pendeja de las que dicen ‘Usted no sabe quién soy yo’. La Señora se sintió “presionada” porque estábamos haciendo fila -¿?- nos sacó y yo solo dije “salgámonos que está muy presionada”  y eso fue peor que habérmele metido con la mamá.

Lo mejor de la situación es que toda la presión que la pobre almita de Dios recibe, son las notificaciones que llegan a su celular a cada nada, y lo digo porque justamente fue ella la que me explicó cuál era la inconsistencia hace tres meses, y para que me respondiera tuve que esperar media hora para que llegara -sí, me dejo solo en la oficina- luego esperar a que atendiera a otros cuando era mi turno y para finalizar, que contestara sus conversaciones en redes sociales. ¿Esa es toda tu presión?

Lo irónico de la situación es que en la oficina de la señora hay un cuadro -lo más de bonito y claro- donde mencionan los deberes de ellos, como funcionarios, para con uno, el ciudadano. Es una pena que no le hubiese tomado una foto aquella vez, porque sé que entre todos los que hemos tenido que hacer esa vuelta, no encontramos esos “deberes” presentes en militares con cierto rango y algunos funcionarios de mas que hay allí.

Realmente quede con ganas de no volver por allá, de vivir con el recibo de pago para evitar las batidas y rogar para que dejen de pedir ese inútil papel para graduarse y buscar trabajo; pero es algo que no se puede dejar ahí, y más en este país de roscas. Será seguir sacando el tiempo para ir a lidiar con esa gente intratable, insoportable y soberbia.

Hasta pronto.