Chau Charito

Escribo este post tres días después, no con la esperanza de que se cumpla la promesa divina de que al tercer día resucite de los muertos, no. Lo hago porque a los tres días recibí a Charito en este medio, y al tercer día la despido acá, (además que no creo que Charon fuese la mesías de los felinos).

¡Ay mi Charito! Que llegaste como una bolita diminuta de pelos negros, con tus fulgurantes ojos de color indescriptible, que entraste como un haz de luz en la tienda para que te recogiera, y con una respectiva charla familiar permitirte entrar en nuestro hogar, para que luego, sin plática previa, entraras en nuestros corazones. Te marchaste de la manera menos sospechada, dejándonos un vacío sospechable y con los ojos desbordados en llanto.

La ignorancia se paga caro. El no saber que una enfermedad terminal como la Leucemia se puede evitar en los gatos nos costó un pedazo de corazón y demasiadas lágrimas en el momento que supimos el inevitable diagnóstico. Ese momento fue el principio de un doloroso fin, físico para ella, emocional para nosotros.

Es imposible no sentir un vacío en el hogar. Ya mi hermana no tiene a quién dejarle la ventana de su cuarto abierta en las noches para que se acomode alguien más en su cama. Mi mamá no tendrá quién la reciba con una carrera impresionante cada que ella suba al apartamento. Mi papá no tendrá quién se le tome el agua que usualmente deja en la mesa de noche. Yo no tendré a quién acariciarle la cabeza de manera frenética y enternecedora cada que me descansaba en las tardes. Es tal el vacío que aún cerramos la puerta del apartamento para que no se salga, ¿pero que se salga quién? Si ya te fuiste, para siempre.

Qué complicado son estos momentos en los que pierdes a alguien importante. Cualquiera podría decir que es solo una mascota, pero aquel animal que un día llega termina siendo un miembro más de la familia, el cual en su momento de partida es imposible no sentir nostalgia.

Como en todo luto, aparte de vivirlo hay que buscar en qué ocupar la cabeza. Por suerte hay libros por leer, cuartos por pintar y Juegos Olímpicos por apreciar. Aunque por más distracción que se encuentre, el vacío y dolor que ha dejado su partida permanecerá un buen rato con nosotros. Descansa en paz, Charito.

Hasta Pronto.

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