Enseñando sobre el papel

A veces basta con dictar unas clases de álgebra para darse cuenta lo mal que estamos, lo pobre y mediocre que es nuestro sistema educativo del cual todos somos víctimas (unos más que otros).

Este post va a parecer más una conclusión de mi trabajo de seminario que un post personal sobre mi experiencia como docente familiar (la víctima, una prima), pero es que no pude evitar expresarme, no respecto a su nivel académico, sino ante los comentarios que salían a flote durante las clases.

Resulta que mi prima, en su ya entrado noveno de bachillerato, está estrenando colegio, uno en Yopal, luego de haber estudiado  sus ocho cursos anteriores en su natal Chameza, un lugar lejano, recóndito entre montañas, con dilemas de identidad dado que su contextura y sus pueblos aledaños lo hace parecer  boyacense, pero su ubicación dice que es casanareño, en los llanos orientales, pero de llano no tiene nada.

Mientras iba avanzando en mi ardua labor de darle octavo y noveno en una semana (al menos las bases), noté los profundos vacíos  en ella, lo cual esperaba y no la juzgo por ello, pero cuando le preguntaba por el porqué de sus vacíos, siempre me decía que era culpa del colegio de Chameza, el ventiúnico que hay allá. Me parecía la excusa barata de siempre, pero a medida que fuimos hablando más, me fui dando cuenta que no.

Resulta que hace un año, en el ajetreo político, mi tío estuvo en la puja por ser alcalde del pueblo; como sospechosamente ya habrán notado, perdió las elecciones entre un turbio charco  de especulaciones e incertidumbres respecto al vencedor. Lo interesante es que en su alegato, mi prima acusaba a sus “profesores” de jugarle en contra a mi tío por el hecho de que él buscaba reformar el sistema educativo allá, hacer algo para mejorarlo, aunque desde el papel todo suena bonito (no dudo de sumercé, tío, dudo la política).

Según mi prima, los viejos vinagres, amargados, antipáticos y mediocres en su labor docente, se preocuparon por su zona de confort, y como el confort es lo que más importa en este país, se le fueron en contra a mi tío… ¿No suena ilógico que ante una reforma que busque mejorar el sistema educativo, sean los profesores los que primero se opongan? Luego pienso en nuestro folclore de conformismo y mediocridad, y me parece coherente que pase esto.

No es extraño para mi ver esto, viendo que a cada nada; entre nuestro espíritu de rebeldía y revolución, compañeros de licenciatura están en pie de lucha, ¿por qué? Por todo, por lo que sea, luchando por su posición ya establecida y por un mejor mañana, así sea solo para ellos, no lo sé. Yo no voy a discutirles que la educación en Colombia es una parodia, así como nuestra ministra de educación que por mera coincidencia se apellida Parody (casi y que le calza el puesto de nombre). Pero tampoco me cuadra hechos como, por ejemplo, que en la Universidad Distrital, uno de los tantos motivos para montar un paro sea la apertura de una facultad de ciencias… ¿Acaso nuestros futuros licenciados, no serán hombres de estudio, de academia, que no reconocen la importancia de la ciencia en una sociedad? Luego recuerdo que muchos de los futuros licenciados (en química y biología la mayoría) tampoco andaban muy de acuerdo  con el paro, reduciendo así la brecha de los sujetos que lograron hacer un poco inhumana las condiciones en la Universidad. En este país le tienen pavor a la ciencia, le tienen más miedo que el miedo que siente Uribe con la firma de la remendada paz, que con vacíos entre línea y línea, sobre el papel será paz (como los ideales de mi tío para su utópica alcaldía).

Lo cierto es que la educación está estancada, y mientras este estancada la ciencia también lo estará, y si la ciencia está estancada pues el país seguirá estancado. Es como una cadena de tragedias. Lo cierto es que terminé viendo a mi prima como víctima de una educación mediocre que recibió en su natal Chameza, pero también la veo como victimaria, por no tener más iniciativa propia, por dejarse hundir con toda la tripulación, en vez de conseguir un bote y navegar por el mar del conocimiento.

Me es difícil juzgarla ya que uno ha tenido que pasar vergüenzas en clases  y ha tenido que quedarse callado y agachar la cabeza ante la culpa innegable del acto no cometido, estudiar  (si, Gloria, hablo de tus regaños). Todos tenemos nuestros errores, y nuestros vacíos. Quizá haber tenido algo más de rigor al comienzo, haber tenido mejores hábitos desde pequeños y un sistema educativo que en verdad forme y no mande a la guerra laboral a sus estudiantes, hubiera hecho de nosotros más sólidos en nuestro estudio, pero por ahora solo nos queda no quedarnos como mi prima, con los errores del pasado estancados, y avanzar para evitar que nuestras metas y esfuerzos queden sobre el papel.

Hasta pronto.

 

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