YNWA

Este blog parece un elogio a la derrota, plagado de tristezas como si de fondo tuviera la malévola intención de revivir la moda ‘emo’; pero que culpa digo en mi defensa si hoy vivo con otra derrota, una que no fue mía (no de manera directa), pero que la siento, la vivo y la sufro.

Para muchos es una estupidez, y no los juzgo (aunque si se sienten superiores por no sufrir por ello o porque no les gusta, ya empiezo a verlos con ojos desaprobadores), pero el fútbol a mi modo de ver no es algo que se haya quedado en un deporte, el fútbol ha trascendido cultural, económica y emocionalmente en la sociedad. Y sí, estoy triste por fútbol,  estoy triste por la final perdida de Liverpool.

Sé que para muchos amantes del fútbol y que son hinchas de equipos de su nación, les suena estúpido enamorarse y decir que son hinchas de un club de otro país (en cierto punto de mi vida a mí también me pareció estúpido, por ejemplo, con tanto madridista criollo. Creo que en parte es también porque no soporto al Real Madrid); pero últimamente me he hartado del fútbol colombiano (sin dejar de lado a Millos) y me he encariñado aún más con el Liverpool, equipo al que siento un poquito menos que al ‘Embajador’ pero que al igual lo siento con demasiado fervor en la sangre.

Dicho esto, me fue imposible no sentir una pesadez, un agobio sobre este latente músculo que me mantiene vivo, al instante en el que el juez pitó el final del juego (aunque el partido hacía rato había acabado) decretando al Sevilla como amo, dueño, rey y todo lo que quieran del segundo torneo más importante de Europa. Empiezo a considerar la frase “El fútbol es un juego simple: 22 hombres corren detrás de un balón durante 90 minutos y al final los alemanes siempre ganan” dicha por Gary Lineker en el 90′, y hacerle un pequeño cambio armando un corolario que diga ‘la Europa League la juegan 56 equipos y siempre la gana Sevilla’.

Quedé tan aburrido que ni quise saber los datos de Míster Chip diciéndole al mundo vía Twitter que España es la hostia, ni quise escuchar el par de bandas españolas que vienen a Rock al Parque, es que ni a Paco de Master Chef me lo hubiera bancado ayer. Hice un esfuerzo extrahumano para soportar las estupideces que comentaban en la transmisión española de la NBA, pero el fastidio y la tristeza me ganaban por dentro. Apenas Klopp y su combo recibieron su premio al segundo lugar, apague el inmundo TV y reducí mi mundo al silencio y a un sentido abrazo con mi amada (eso si es ‘ternurismo’ y sin pierna de cerdo).

Para no aburrirlos tanto con mi melancólica parla, voy a hablar sobre lo que fue el juego en si (primera vez que lo hago por este medio… ¡Te extraño Gazzetta!). Liverpool tuvo un buen primer tiempo, fue más que su rival y sin dudarlo mereció irse victorioso en la primera parte, pero fue muy corta la ventaja y como dicen por ahí ‘el que no los hace los ve hacer’. Para el segundo tiempo salieron como bellas durmientes, solo que no recibieron a un príncipe azul sino un gol sevillano a los 18 segundos. Después de eso ya Liverpool no fue nada, quedó estupefacto, parecía estudiante de universidad pública (no mamerto), que se relaja a causa de un paro y que de repente éste se levanta y él, sin darse cuenta del poco tiempo que le queda debe empezar a correr por su vida académica. El problema de Liverpool ayer fue que no corrió, se quedó allí, esperando el fin como el que escucha a The Doors. ¿Qué pienso del árbitro? Que es un hijo de su gran p#@/&… Está bien, no. Cometió errores, pero no por ellos perdió Liverpool, de todas formas, saludos a tu madre, Jonas Eriksson (?)

Lo cierto es que la final se perdió y la tristeza aún esta. Durante lapsos del día se reproducía en mi cabeza el ‘You’ll Never Walk Alone’, y la nostalgia volvía con los recuerdos que había dejado la final en Basilea. Así es esto, no pueden haber dos campeones, y mientras unos tocan el cielo a dos manos (así sea por tercera vez consecutiva), otros pasan el trago amargo de la derrota.

Algún día tendré que escribir algún post con temas futboleros donde me regocije victorioso, lleno de felicidad a causa de que alguno de mis equipos ganó algo. No sé cuándo pasará, pero tendrá que pasar (la madre si no). Aun así, no dejaré de querer a mis equipos, así pierdan y pierdan a más no poder.

Hasta pronto.

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