Poniéndome azul

Hace un buen rato que no escribo de fútbol en este espacio, pero en estos momentos parece inevitable no hacerlo. Y es que después de ver al eterno rival -por el cuál no guardo mayor rencor- coronarse internacionalmente en el torneo que mi equipo, Millonarios, estuvo tan cerca de ganar en dos ocasiones, y ahora ver al rival histórico… Desde los 70’s-80’s -y por el cuál no siento ni una pizca de aprecio- quitarnos el lugar de ser el más veces campeón, no puede sentirme muy feliz, aunque a decir verdad, no me enamoré de Millos por sus 13 títulos -hoy 14- que tenía cuando lo empecé a seguir.

Yo siempre he creído que desde una vez -como en 2002- que mi papá me regaló un reloj de Millonarios me empecé a interesar en el equipo,  pero fue realmente en 2003, donde aquel equipo dirigido por Norberto Peluffo y que contaba con jugadores como Julián Téllez,  Mayer Cancelo, Belmer Aguilar,  López Caballero, Héctor Burguez, Andrés Pérez, entre otros -no tengo mente prodigiosa- estuvieron más que cerca de ser finalistas del torneo finalización de ese año, siendo derrotados en casa por el Cali -otro eterno rival- y luego eliminados por Unión Magdalena en lo que fueron las últimas dos fechas de ese cuadrangular. No tengo dudas que desde ese entonces, mi amor por Millos floreció sin jamás llegar a marchitarse –irónico que me enamore de Millos en un momento de tristeza, ¿debí suponer mi destino?-.

Desde entonces, entre idas y venidas, entre alegrías y tristezas, he sido orgulloso de ser hincha de Millos pese al odio y el rechazo que esto pueda generar en hinchas de otro equipo -suena estúpido pero lo he sentido, así es la gente-. Cuando Millos estuvo tan cerca de la final de Copa sudamericana en 2007, estaba sin palabras ya que el equipo no era un equipazo y después de un comienzo pésimo logró reponerse de la mano de Vanemerak. Cuando América de México nos eliminó no me sentí triste porque se logró más de lo previsto,  pero en 2012 si no puedo negar que el haber caído ante Tigre de Argentina en la semifinal, y después de haber dejado en cuartos de final al favorito Gremio de Porto-Alegre, me dejó un sin sabor que luego se pasaría con la obtención de la Liga tras 24 años sin títulos -el único de los 14 títulos que he visto y por lo cual, no me gustaba alardear con lo de “más veces campeón “-.

Esa tristeza que luego olvidaría con la obtención de la estrella 14 regreso a mí. En el momento en que Omar Pérez alzó el trofeo de la Copa Sudamericana para Santa Fe, me dio nostalgia de pensar cómo hubiera sido si Tigre no nos hubiera eliminado aquella vez, quizá hubiéramos logrado lo que Santa Fe logró. Pese a la tristeza que me trajo esos recuerdos, me alegre y apoyé a Santa Fe, quizá sea el hecho de tener más amigos ‘Cardenales’ que ‘Embajadores’ lo que me hace sentir algo de simpatía por Santa Fe cuando Millos no está -esperando por la tormenta de arena y odio…-. Pero esa simpatía que siento por Santa Fe no la puedo sentir por Nacional, un equipo con suerte y que a partir de ella se ha sabido construir. No es odio, simplemente no me simpatizan.

Ver a Nacional llegar a cada rato a finales y ganarlas fue el apocalipsis para la hegemonía ‘Embajadora’ en cuanto a títulos se refiere -aunque a decir verdad, del gran Millos que todos hablan y nunca conocí sólo queda la historia-. A mí me invade la tristeza no sólo por la historia, sino porque es Nacional, es ese rival al que no quiero y que por nada del mundo quiero que gane, es como el compañero que siempre hace copia en los parciales y con el que uno siente un fresquito cuando sabe que perdió el examen –no encontré un mejor ejemplo-, pero la realidad es otra, ellos son quizá el mejor equipo de Colombia en la actualidad –haciendo o no copia- y nos han aplastado.

De todo esto, lo que más tristeza me da es ver que mi equipo parece estar en un sueño más profundo que el mar y no escucha el despertador -así como yo cuando tengo que madrugar- que quiere anunciarle los triunfos ajenos y las penas propias para así despertar y retomar el camino. Pero bueno, pese a todo esto, el sentimiento no podrá cambiarse, como mencione en algún post, pese a querer a equipos que parecen estar destinados a ser el hazme reír de todos en la actualidad, yo los quiero y no dejaré de seguirlos por ello, como dijo Sandoval, ‘una pasión es una pasión’ -siento la obsesión con la frase, pero es que para mí es LA frase-.

Ahora solo me queda esperar, con la pasión en el corazón que algo haga mi equipo del alma, el que me enamoró desde niño y el cual no me endulzó con sus títulos, pero al que si me gustaría ver que brille como cuenta la leyenda que brillo.

Hasta pronto.

 

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