La gota que rebosó la copa

Ya es un poco latoso que hable de este asunto aquí, pero es que hoy tuve la experiencia  que acabo con todo mi respeto frente a la vergüenza que es el Ejército Nacional con respecto a la solución de situaciones militares.

Ya van a ser dos años en los que entre madrugar e ir a perder tiempo, mi paciencia se ha ido agotando. Como bien les comente unos post atrás, ya estoy en el último paso de este engorroso trámite, pero como cosa rara algo más debía suceder, un pero más, un escalón más que le toca a uno aguantarse y mirar cómo se soluciona.

Resulta que hace ya tres meses me informaron que presentaba una inconsistencia mi libreta. Después de esperar algunas dos horas en el  caótico Distrito militar Nº 3 pude averiguar cuál era la inconsistencia, resulta que desde la jefatura no habían cargado el pago. ¿Qué me tocó hacer? Ir a la jefatura, dejar fotocopias del recibo de pago y esperar -como todo con el ejército-

La vez que fui a la Jefatura, me dijeron que fuera en un mes al Distrito, pero como dicen por ahí ‘hazte fama y échate a dormir‘, decidí no ir al mes, sino ir un poco después ya que sabía lo negligentes que son los del Ejército. Terminé yendo hoy, dos meses después a ver qué había pasado. ¡Oh sorpresa! La inconsistencia aun esta.

Saben, en cierto modo me esperaba algo así por parte de esos incompetentes, pero lo que no me esperaba es que una “secretaria” -porque creo que ese es el trabajo que tiene- se alzara con su orgullo a flor de piel y me dijera: “Si yo quiero, no te atiendo”. ¿Por qué me dijo eso? Porque es un pendeja de las que dicen ‘Usted no sabe quién soy yo’. La Señora se sintió “presionada” porque estábamos haciendo fila -¿?- nos sacó y yo solo dije “salgámonos que está muy presionada”  y eso fue peor que habérmele metido con la mamá.

Lo mejor de la situación es que toda la presión que la pobre almita de Dios recibe, son las notificaciones que llegan a su celular a cada nada, y lo digo porque justamente fue ella la que me explicó cuál era la inconsistencia hace tres meses, y para que me respondiera tuve que esperar media hora para que llegara -sí, me dejo solo en la oficina- luego esperar a que atendiera a otros cuando era mi turno y para finalizar, que contestara sus conversaciones en redes sociales. ¿Esa es toda tu presión?

Lo irónico de la situación es que en la oficina de la señora hay un cuadro -lo más de bonito y claro- donde mencionan los deberes de ellos, como funcionarios, para con uno, el ciudadano. Es una pena que no le hubiese tomado una foto aquella vez, porque sé que entre todos los que hemos tenido que hacer esa vuelta, no encontramos esos “deberes” presentes en militares con cierto rango y algunos funcionarios de mas que hay allí.

Realmente quede con ganas de no volver por allá, de vivir con el recibo de pago para evitar las batidas y rogar para que dejen de pedir ese inútil papel para graduarse y buscar trabajo; pero es algo que no se puede dejar ahí, y más en este país de roscas. Será seguir sacando el tiempo para ir a lidiar con esa gente intratable, insoportable y soberbia.

Hasta pronto.

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