(…)

Siento que no siento, es lo único que ronda mis noches ajenas al sueño, es lo único que recorre este cuerpo casi inerte.  ‘No te pongas azul’  me dicen, pero yo estoy translucido. Cuando Morfeo por fin me atrapa, luego de una larga cacería, me veo cayendo por un agujero, como en la portada de ‘Vértigo’ y luego, al despertar, solo siento un profundo agujero en mi pecho del cual no puedo salir sino que tan solo puedo cargar. ‘No más nada’  no hay más, no tengo más.

¿Será frustración? ¿Será pena? ¿Será depresión? Podrían ser todas, podría ser ninguna. Alzo mi vista al cielo, y no encuentro estrellas que me alivien, solo encuentro un cielo gris que no me dice nada -¿tendría que decirme algo?- Caminar, caminar, caminar. Mis pies están cansados -don’t laugh, don’t cry- Me detengo y miro mis frías manos, no hay nada, están vacías. 

No hay nadie en casa. Entro y me acerco a la ventana  ‘el dolor cae como la lluvia’. Camino entre la oscuridad. Me recuesto sobre el gélido suelo y allí, en la inmensidad del techo, una luz en forma de estrella me acompaña. ¡Luz artificial! ¡Vida artificial! 

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