La sombra del ayer, el abrazo del hoy

En escasos 15 días he tenido las mejores experiencias cinematográficas, de origen nacional, que quizá en un pasado no muy lejano no creí que pudieran realizarse aquí en Colombia. El abrazo de la serpiente La tierra y la sombra son, en lo que para mí concierne, las mejores películas que ha dado este país.

Si bien La tierra y la sombra  ya traía su fama por el galardón de la Caméra d’or en el pasado festival de Cannes, al verla uno realmente queda sorprendido. ¡Qué película! Tiene tanto para ver, para apreciar, para recordar, para sentir… Fue más que increíble. Además que en la película se muestra también un ámbito social fuerte, la explotación laboral y el olvido del campo. 

En mi caso, fue inevitable no recordar al ver la película la tierra de mi padre: Somondoco, Boyacá. Y no la recordé porque los hechos que se dan en la película  pasen exactamente igual allá, pero sí creo que el fondo en el que se tiñe la película es muy similar, no solo a Somondoco, sino a todos los pueblos -tan solo hablo de Somondoco porque es la tierra que conozco- La desolación, el recuerdo de lo que alguna vez fue y hoy apenas subsiste, en el recuerdo de algún hombre al que el tiempo le ha marcado su tez así como ha marcado la tierra en la que creció, vivió, la cual siente y sabe que no puede dejar.

En la otra película, El abrazo de la serpiente, la situación cambia para mí, la sentí más como una película para pensar, indagar, ver y apreciar. Pero en cierto modo se enlaza con La tierra y la sombra, para mí, el marco en el que se tiñen ambas películas es similar.

No puedo hablar de qué película me gusto más, en cierto modo creo que se complementan: una película para sentir, otra para cuestionar. Eso sí, ambas creo que marcan la pauta para que en Colombia se empiece a hacer mejor cine. No digo que todas las películas colombianas antes de estas dos fueran malas, pero si les faltaba algo más. Muchas de estas películas se enfocaban en una historia que al final terminaba siendo acogedora pero vacía en el fondo, allí es donde para mí está la clave de estas dos películas, en que nutrieron ese fondo, con pequeños pero sentidos detalles que hacen que la película tome más fuerza, que no sean vacías.

Creo que tanto César Augusto Acevedo como Ciro Guerra dieron ejemplo de lo que se puede hacer en Colombia, sin tener que saturar una película de escenas miserables en las que se baña nuestra triste realidad, las cuales vemos a tientas en diarios y noticieros, pero que en el fondo sabemos que es peor; ni tampoco tener la necesidad de llenar los guiones de groserías y pendejadas que a la final no dejan nada.

La verdad es que fue muy grato ver estas dos películas. Trate de no mencionar escenas ni personajes, para los que quizá me lean y no las hayan visto, se motiven y las vean porque realmente son buenas. Creo que en el fondo, siendo amante del cine -sin saber mucho de él- me lleno de esperanza con estas dos producciones y espero que en un futuro -ojalá no muy lejano- podamos seguir viendo películas de este calibre.

Hasta pronto.

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Un comentario el “La sombra del ayer, el abrazo del hoy

  1. […] Quizá en esta última parte tuve muchos debates conmigo mismo porque no sabía cuál de estas dos películas merecía estar en mi puesto número 1. Al final me decidí por ‘La tierra y la sombra’ por cuestiones de sentimiento, el ver la historia y recordar a mis abuelos en el campo me llegó más, me impactó más. Aun así ambas son espectaculares y a ellas también les dediqué un post por si lo quieren ver (La sombra del ayer, el abrazo del hoy) […]

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