¡Que se acabe esto ya!

‘Adonay, por qué llegaste tan pronto, Adonay’. Por qué, por qué acabamos el año tan rápido. Tiene sentido que nuestra noción del tiempo se haga cada vez más y más corta, pues al parecer, la gente ha empezado a vivir en pro de Diciembre. Unos ni quitan las luces (eso también debido a la pereza), otros las ponen desde Septiembre si es posible, y para otros (más que todo para las emisoras de radio) en éste mismo mes acaba todo, para ellos: Septiembre (así no más), Octubiembre (nuestro querido y olvidado Octubre de terror) y Noviembre (forever Ignored) se resumen en un inmenso Diciembre, tortuoso y sin comida siempre rica.

Yo entiendo que para muchos, la temporada decembrina es fabulosa (sobre todo si tus padres no tienen tienda y no has tenido que pasar el 90% de las navidades de tu vida atendiendo), ¿pero por qué no respetar los tiempos establecidos para cada mes? ¡Coño!, esto no es de Yisus, es como si quisiéramos celebrar nuestro cumpleaños con 4 meses de anticipación, o quisiéramos estar casándonos en el momento de nuestra primera erección (?). Creo que este fenómeno podría explicar tantas cosas, como por ejemplo, jóvenes embarazadas, y todo por querer correr, se les da por ser mamas cuando apenas debían ser bachilleres, menos mal les gusta la navidad, así pueden ser felices con sus chinitos.

Lo más triste de que la gente quiera tanto la Navidad y de que el tiempo se pase tan rápido, es que ni me di de cuenta a qué hora llegué al final del semestre, terrible noticia para los que no deseamos la pronta llegada de la navidad. No sé si es comprable con una guerra, pero de que buscan acabarte, lo buscan, como sea, que la integral de superficie, que el tensor, que wachu, que programe, que no hay un solo infinito (¿Cómo putas hay un infinito más grande que otro?, ok, uno ve que sí, pero coño, que jodido eso) y la verdad, con todo lo que acarrea un final de semestre (finales, notas, sufrimiento, y en el peor de los casos, habilitaciones), las vacaciones terminan siendo algo más, nada más.

La vida de por si es cíclica, redundante, y hasta aburrida por momentos, pero si empezamos a girar en torno a Diciembre, la vida va a terminar siendo puntual, solo natilla, solo buñuelos, solo villancicos, solo regalos, solo feliz año, SOLO FINALES, solo angustias académicas. En teoría, uno no debería sufrir, uno debería ser muy bueno y hacer de los finales algo pasajero, pero cuando a uno se le dio por estudiar matemáticas (en pública) y para colmo, tiene un nivel de procrastinación altísimo (comenzando por acá, dizque haciendo un post), pues la cosa no resulta tan fácil, uno no es Leibniz, ni Hilbert, ni Cantor, uno es apenas un emulador de lo que ellos dejaron, somos como una lora mojada que repite lo que ya está, así como un cristiano, solo que con conocimientos realmente avanzados (aunque basados en ideas similares, cosas que jumm, ni idea de donde salieron: Dios, el cielo, biblia, punto, línea, axioma).

Solo quería quejarme un poco, como para salir de lo monótono del estudio, lo que no sabía era que ese monótono era dominado por otro monótono mayor, el de la vida (Sad but true). Ahora solo me queda irme a estudiar, porque el fin llego (This is the end, my only friend, the end), no el fin de los precios altos, sino el fin de las notas bajas, porque si no hay buenas notas, no hay ‘Feliz navidad’ (?).

Hasta pronto.

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