“Charon”

Hace unos días, tres para ser exactos, llego a este hogar un nuevo miembro, llegó traído por la cigüeña, o quizá llego como Moisés, solo que tuvo que cambiar las cristalinas aguas del río Nilo por las turbias cañerías del río Bogotá, tan solo llegó y ya, pero su llegada es motivo de sorpresa y encanto para todos acá.

Me encontraba en la tienda, aburrido, sin mucho que hacer, cuando  de repente, como una velocista, muy sigilosa de por sí, entró, como pedro por su casa, como vieja conocida o en el peor de los casos, vieja confianzuda, solo había una variante, no era vieja, era niña, muy pequeña ella, negra con pintas blancas, de ojos ama…. creo que amarillos (son raros sus benditos ojos), fulminantes. Eso fue todo, me atrapó. La alcé, salí a preguntar si a alguien se le había perdido. No, nadie la conocía. Regresé a mi casa y mi hermana quedó igual de maravillada, creo que la suerte estaba echada, había que adoptarla, al fin y al cabo cada niño trae el pan bajo el brazo, solo que éste no era un niño, era un gato… bueno, una gata.

Debo admitir que al principio me mantenía escéptico (razón por la cual no había escrito nada sobre esto), y es que la herida que dejó Tony, mi anterior gato, fue tremenda. Él se fue, se marchó a causa de sus malos actos los cuales tuvo que pagar ante el juez, ante mi padre. Se marchó para nunca volver. Al pan pan y al vino vino, los gatos son hermosos, pero traicioneros, por eso no me quería hacer aun a la idea de que se quedará. Pero todo cambió cuando se sentó de la manera más tierna sobre mis piernas y me desenfundó su maquiavélica arma de la manipulación. Seré pendejo, pero me encanté, me derretí ahí, el gato se queda.

Como el padre debía ser yo (quién le manda a recibirlo), pues me di a la tarea de buscarle nombre. Las ideas brotaban como si no hubiera mañana, la mayoría de los nombres eran feos, pero por suerte estaba con la experta de los gatos (que se hace conocer en el bajo mundo como: “La loca de los gatos”), y de a poquito las ideas mejoraron. Entre los pocos nombres que medio resonaban con gusto en la familia, el de Sharon fue el que más gustó. Debo confesar que este nombre se lo debo absolutamente todo a King Diamond, es una pena que no me aceptaran escribirlo con C en vez de con S. Y es que King Diamond, el maestro Kim Bendix Petersen, fue caudillo en mi despabilada y metalera adolescencia (no pues, tan maduro ya el señor). Este hombre, con sus tonalidades poco comunes y sus espectaculares carcajadas sin duda hicieron de mis clases de religión algo más llevadero, y no solo esas clases, todas las clases y muchos pasajes de mi existencia. El innegable gusto por Kim Bendix me llevó a explorar todos sus temas, toda su historia en King Diamond y en Mercyful Fate, y al explorar tan buenos temas, sin duda el que más me gustaba (bueno, me gusta) es “Charon”, el del 86′, el del “Fatal Portrait” (apúntemelo para mi banda sonora). ¡Qué ejecución!, siempre soñé con hacer el solo de LaRocque, era para mí fenomenal, y hoy gracias a la gatica, recuperé ese anhelo, hoy sería capaz de aprenderme bien la letra (Éxito), aprenderme el solo y hasta me maquillaría, solo para cantarle a Sharon en las noches Charon.

Pero volvamos con la gata. Tenemos la leve sospecha de que la gatica ya había tenido un hogar, y es que la muérgana no solo tiene pinta de alta alcurnia (gatuna), sino que además tiene porte fino y modales, parece estar educada, no daña las matas (por suerte para mi mamá), no hace sus necesidades en cualquier parte (por suerte para mi) y hasta el momento no ha roto nada (por suerte para ella). De mantenerse la gata así, seremos muy afortunados, aunque si llega a ser cierto que de algún lado se voló, pues tengámonos, porque de acá también se puede ir.

Lo cierto es que por más dulce que ella sea, aun trato de no aferrarme mucho a ella, nada está cantado aun, quién quita que la gata en sus adentros cante: “No soy de aquí, ni soy de allá”, que tal sea una alma gitana. ¡Ah!, pero ya valió madre, cómo no engatusarme con mi nueva compañía nocturna, ya no estaré tan solo en mis noches blogueras o de gamer (gamer fracasado de por sí), es más, hasta la idea de tener a la gata junto a mí me motiva para seguir en la carrera, la matemática en compañía sabe mejor.

No sé qué más contarles y no quiero escribir más pendejadas gatunas, así que los dejo, me iré a coger lazo en mano y correr, correr como Usain Bolt manda, para así aprovechar que la gatica es pequeña aun y poder jugar con ella, con mi querida Sharon (Charon de mi corazón).

Hasta pronto

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