Si, si, Colombia…

Ante la expectativa generada por la llegada de la selección Colombia a territorio nacional, más exactamente a Bogotá, yo, el “antipatriótico”, al que le gusta la naranja mecánica, no me iba a quedar con ganas de por lo menos llevarme una polvareda y unos cuantos tropezones para ver aunque sea por cinco minutos a la selección que tanta alegría nos dio.

El plan no se hizo esperar, con un amigo nos pusimos cita muy temprano (6 am para ser exactos) en el portal para salir rumbo al aeropuerto. Las estrategias para poder estar más cerca de la selección surgieron como soluciones para un parcial final… (?), Que el tío lejano, que la abuela perdida, que la maleta olvidada…, un sin fin de ideas que nos hacían acreedores de un cero como nota de ideas. Al final, cuanta pendeja idea se nos disolvió como Alka-seltzer vencido en agua, pues habíamos olvidado el simple detalle de que el avión llegaba a CATAM y no al aeropuerto como tal, menos dos para el próximo parcial, por perdidos.

Cuando nos encontrábamos cerca de lo más cerca que podríamos estar, ya la mancha amarilla se hacía notar, gente de todo tipo, con todo tipo de cosas, con cualquier invención curiosa y desquiciada, desde letreros de “gracias por hacernos soñar” “fuerza Zúñiga” hasta letreros tipo “James, capullo, quiero un hijo tuyo” los asistentes nos preparábamos para darle la bienvenida a Pékerman y su combo.

Estuvimos privilegiados, logramos un lugar en una especie de “glorieta” que hay a la salida de CATAM (no sé si alguien puede ubicarse, la verdad no sé cómo explicar bien la ubicación geográfica, fue la primera vez que fui al aeropuerto), y desde allí sí que observamos y escuchamos cosas. ¡Tremendo!. Pudimos comprobar con nuestros propios oídos que el 80% de las mujeres asistentes solo iban por ver a James (ustedes saben a qué me refiero), era de esperarse, iban niñas, señoras y SEÑORAS, y alguna que otra viejita (sin ofender). Pero es que quién no quería ver a James, tremendo crack, que jugador.

Mientras la espera se prolongaba (cuál se prolongaba, nosotros, todos los presentes, que somos bien fiebres), había que buscar algo que hacer, por lo menos algo pa’ reír un rato, y éste apareció, tipo de tez blanca, cabello largo, bajito, poco acuerpado, con gafas y fumando, si le cambiábamos el cigarrillo por un bom bom bum, quizá no quedaba el clon más exacto, pero al no haber más, toco empezar a joderlo como “Falcao”, se intentaron subir algunas foticos para hacer bullying cibernético, pero la pobreza es tal que no hubo formas de obtener una buena captura, toco como toco todo el día, como toco aquella vez que se fue de paseo y se olvidó la cámara, toco dejarlo todo en nuestros recuerdos, solo nuestros, para nadie más.

La gente se alborotaba con nada (como si fuera noticia nueva), pasaba un carro tanque, sonaban vuvuzelas, silbidos, rechiflas, trompetas, era tenaz, pasaba una vehículo particular y de igual manera ocurría, pitos, vuvuzelas, silbidos, rechiflas, trompetas, alcancé a pensar que podría perfectamente pasar Soner Ertek (ahora que estamos tan sensibles con lo de las lesiones, o bueno, están, porque hasta amenazaron al pobre Zúñiga), y también lo hubieran recibido con pito y algarabía. Pero no éramos los únicos, los policías parecían estar igual o estar más ansiosos que todos nosotros, tanto así que se formaron delante de nosotros para evitar que se ocupara la calle y permitir el flujo vehicular (como si los colombianos fuéramos así, no, quién dijo), pero ellos, haciendo gala de su implacable inteligencia, cerraron la entrada de la glorieta (para que los traje). Pero había más, evento que se respete siempre lleva al déspota carabinero que no puede evitar expresar el deseo de pisarnos con su caballo, la gente tranquila, y ellos, como siempre, empujando con sus caballos, y los caballos parecían estar también ansioso, tanto así que pareció que a uno le dio malestar de tanta ansiedad y quiso alzar su colita para hacer de las suyas, por suerte fue  una falsa alarma (una más, junto a los falsos: “Ahí viene el bus”), y la señora, emperifollada para recibir a James, no tuvo que irse a casa hecha un mar de…, de eso, que horror, guacala.

La espera por fin termino, el bus apareció, y en él, nuestros héroes (que carajos, héroes porque lo dieron todo por dejarnos en alto), digamos que el momento esperado es rescatable por eso, por lo esperado, porque por otro lado, la avalancha humana no se hizo esperar, y uno cojo, pues tome pa’ que afine. Aun así, nada cambiara la sensación de haberlos tenido cerca, a un metro y medio (aprox.) de largo, tomando como punto de referencia mi cabeza, y a una altura de dos metros y medio (aprox.) desde el mismo punto de referencia, ósea, en total a unos doscientos noventa y un metros (aprox.)de hipotenusa (Pitágoras, geometría básica para el que no entendió) y eso a mí consideración, es cerca. Además, ¿cómo va a ser olvidable para James, Ospina, Zapata, Pékerman, etc., olvidar a este pechito con barba?, ok, no, ni me vieron, fin, lo importante era verlos a ellos.

Luego de avanzar unos metros, de haber perdido a mi amigo, de estar más cojo de lo que estaba, al llegar a la unión con la 26 opté por apartarme de la caravana, chao Guarín (que vigilaba la retaguardia del bus), chao y gracias muchachos. Caminé unos metros más, buscando un punto de encuentro con mi amigo, nos figuró en la estatua del mancito que indica la dirección para llegar a Fontibón (según me informó una persona muy querida por mí, es el monumento a Isabel la católica y Cristóbal Colón, NPI, la ignorancia es atrevida), lo cierto es que esperando a mi amigo, me lleve una grata sorpresa. Un personaje ondeaba su bandera de Colombia con un particularidad en la punta del asta, en ésta se ondeaba también una camiseta de Alemania (hubiera muerto si fuera de Holanda), creo que era la de 2006, lo cierto es que fue curioso pensar el porqué de la camiseta, seguramente por el deseo de que Alemania nos vengue (que así sea).

Por suerte nos abstuvimos de ir al Simón, nos abstuvimos de ver a Lalinde preguntando por los precios, a “Linda” bailando con James, y a Mónica estorbando, a esa vaina lo que le falto fue que llevarán a Marcelo Cezán y al maestro Escola (compatriota de nuestro queridísimo profe Pékerman), junto a los 23 mejores músicos del mundo (como se hacen llamar), para recibir a nuestros 23 héroes de Brasil, ¿se lo imaginan?, ¿se imaginan a Miñia bailando el famoso: “gira, gira, gira, gira, gira el tocadiscos…”?, eso hubiera sido ya la patada, menos mal no fuimos, nos llevamos nuestro pedacito de gloria al verlos tan cerca, que mejor que eso.

Como todo gusto lleva sus consecuencias, los trancones (como cosa rara) se hicieron amos de la calle, los alimentadores escasearon (eso si no es una novedad), y a causa de esto tuvimos que caminar. Por suerte vivo cerca al aeropuerto, pero aun así llegue cansado y con el tendón de Aquiles muerto, así que mejor los dejo porque voy a ver que me hago para ese dolor, me tocará aplicar la sabiduría que nos acobija ante la pobreza que nos acosa e ir a: “sobarme porque la pomada esta cara”.

Hasta pronto.

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