Hoy Club, mañana Heineken

Que día más triste, más amargo, tan amargo como ese café mañanero desproporcionado, en el cual agregas mucho café, poca leche y sin azúcar, casi que comerse una cucharada de café a secas, así de amargo. Y es que como no va a ser amargo si Colombia ha caído ante el Brasil con tintes bolivianos (futbolísticamente hablando) que sigue haciendo de las suyas.

Nos han superado doce hombres en la cancha (doce, porque esa idea del “nueve falso” que aplicó Guardiola ya ha trascendido, hoy Scolari usa un “árbitro falso” en sus líneas), pero lo bonito fue que caímos como grandes, ¿alguna vez se imaginaron a Brasil pidiendo tiempo, de local, ante Colombia?, yo, en lo personal, no lo veía, veía más cerca la resurrección de nuestro señor Jesucristo a comparación con esto, pero por lo visto, ésta ya quedó para un tiempo indefinido, porque hoy Colombia puso a parir a Brasil.

Pero bueno, la idea de este blog no es hablar como tal del fútbol, de hecho, creo que busco hablar de mi (tan egocéntrico el sin vergüenza), pero es que después de la tristeza de hoy, mañana se me va a venir el mundo encima, me tildarán de Judas, de “voltearepas”, de vendido, de lo que quieran. Si me armaron un drama por apoyar a Holanda ante México, ¿qué será mañana que juega ante Costa Rica (de técnico colombiano) y justo el día después de la eliminación de Colombia?, si pudieran, me linchan, pero no se meten conmigo porque mi papá es el de la tienda y Don Carlitos nos simpatiza (ahora es un hijo de papi), que quieren que les diga, hoy tomé Club, mañana será Heineken, hoy fue Colombia, mañana es Holanda, y es mi gusto, aunque un gusto poco gustoso sabiendo que mañana hay guayabo tricolor y un largo día laboral.

Es obvio que mañana asumo el partido con tristeza, y es que yo también tengo el tal guayabo que mencioné en el párrafo anterior (aunque quizá el tal guayabo no existe, no ve que es ley seca), no hubo motivos para celebrar con guarín, o con pola, o con lo que sea, porque por más que hubiéramos salido con la cabeza en alto, la derrota nos pesa, y más si nos meten la mano así (o bueno, las pierna, porque pegaron de lo lindo), aun así, de todo esto, ya no hay que llorar sobre la leche derramada (o la pola, o el guarín, o el ron, o lo que sea, porque en Colombia no se puede tomar sin hacer regueros), y eso me ha gustado de nosotros, que por fin hemos sabido perder (árbitro hijo d…).

Saben, me costó mucho esperar tanto para no escribir esta entrada en el momento cúspide de mi tristeza, tuve que esperar para escribir estas paupérrimas palabras de incertidumbre, pero me dio otra vez nostalgia, así que mejor me voy, espero que mañana la naranja me dé una alegría, para que la Heineken no sea tan amarga como la Club de hoy, y no escribiré sobre mi experiencia naranja el día después de la eliminación, me temo que será igual que el otro día, así que, para qué escribir los mismo una y otra vez haciendo de esto un misal, dejemos esto para otras experiencias. Amén.

Hasta Pronto.

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