Puta vejez

Hoy me ha sucedido algo realmente revelador, algo que marca un antes y un después en mi existencia.

Subí a sacar unas bolsas de hielo (sí, del frío, como lo pregunta la gente), y pasé justo frente a un espejo en el cual notaba que andaba muy despeinado (como si alguna vez anduviera peinado). Mientras pasaba la mano por mi anárquico cabello, noté algo, algo que me dejo sin palabras, algo que solo la banda sonora de mi vida (si es que no tengo que pagar derechos de autor por tener en mi enmarañada cabeza una banda sonora para mi vida), podría expresar, como un tal cacique alguna vez cantó: “Una hebra de cabello adorna mi cuerpo. Una hebra de cabello adorna mi alma. Ay ve, mi primera cana, noticia de mi vejez”.

En ese tema vallenatesco fue en lo primera que pensé al ver los que se sostenía entre mi pulgar y mi índice, atónito, perplejo (si mi madre hubiera estado presente, hubiera dicho: “-Cierre los ojos que no le voy a echar gotas”), no podía creer que tuviera una cana, me es hasta comprensible la existencia de mis ermitañas barbas rojas, ¿pero un cana?, ¿eso que me puede indicar?

Por ahí, las malas lenguas dirían que es por el estrés, pero creo que si fuera por eso, mi cabeza sería más blanca que la nieve, pero no es así. Debe ser que he empezado el descenso en mi curva existencial, solo puedo recordar al pobre Willy Wonka, preocupado él, ante el descubrimiento de su cabello blanco, el cual anunciaba su futuro fin. Por lo menos él había hecho algo, y tenía algo que heredar, ¿pero yo?, ¿yo que ni problemas he dejado?, ¿yo que no tengo nada que heredar?, que nefasto ha sido este hallazgo en mi cabello.

Ahora tendré que complementar aspectos de vida, en esto que es mi prematura vejez, tendré que comprar unos cuantos cárdigan de color marrón o negro, comprar unas gafas de marco redondo y quizá unos corbatines oscuros y medias marrones de rombitos, además que ya tengo varios complementos que auspician mi teoría de mi puta vejez, los dolores de espalda, estas barbas sin sentido, y lo refunfuñón o quejetas que soy. ¡Que dicha!

No me queda más que irme a “mama ron” (que colada musical más maluca), mientras espero que mi vejez se consuma como se fue de fugaz mi juventud, mientras canto a grito herido: “¡Ay, adiós!, se va mi juventud, y ahora yo no la vuelvo a ver. Se va llena de gratitud, y me deja solo con mi vejez”.

Hasta luego, m’hijitos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s