Noche…

Que vacías se hacen las noches en las que la oscuridad reina casi de manera dictatorial, siendo ella la única apoderada ante la impotente y liviana luna, rea de las densas nubes que opacan su luminosidad.

Que frías y tristes son las noches, cuando las calles no acogen sombra alguna ante la ausencia absoluta de luz no natural y el silencio solo puede quebrarse con la presencia de las luciérnagas, sí, de las luciérnagas nuevas, las evolucionadas, las enormes, las de motor, las únicas que en noches como estas pueden tener su propia luz.

Que dirían nuestros antepasados, que no tenías una sola noche, sino toda una vida si luz hecha por el hombre, tal vez se burlarían de nosotros y hablarían de lo débiles que somos, y es que quizá ellos no necesitaban de esta luz artificial, quizá ellos solo necesitaban sentirla, sentirla en sus entrañas y así poder vivir en verdad.

En esta oscura y fría noche, en donde la ausencia de una más de nuestras innecesarias necesidades, lo más humano que pueden expresar, es el temor casi con tintes fúnebres ante la imposibilidad de camino observar, como si ante el más claro rayo de sol, dejáramos de ser ciegos y empezáramos a avanzar.

Y es que en esta ausencia de todo, hasta la ausencia del ser amado para buscar juntos lo poco que nos queda como humanos. Solo tengo un papel y un lápiz, para escribir estas letras en presencia de la trémula luz que me otorga una lánguida vela, para así prolongar y vivir esta fría, oscura y vacía noche.

Hasta pronto.

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