Cine para todos.

Me encontraba de regreso a casa, colgado en el alimentador (literal). Tuve una leve sensación de inseguridad y opte por revisar a lado y lado del bus para ver quien más iba en él. Que sorpresa la que me lleve cuando observe a un señor (bueno, quizá no tan señor), observando una película desde su Android (ni puta idea la referencia). Alcancé a ver que actuaba Julian Moore, si hubiera sido Hannibal me hubiera acercado y hasta hubiera ofrecido gaseosa y palomitas de maíz, pero vi que en la película también actuaba Liam Neeson. Esto desvalorizó mi interés de acercarme (?).

No podía creer lo que veía, ¿tan buena estaría la película que tuvo que empezar a verla de pie, con audífonos e incómodo en el alimentador?, me resulta inexplicable. He visto gente viendo videos de German, videos musicales y uno que otro cortos que no duran más de 6 minutos, ¿pero una película?, ¡coño! Lo mejor del asunto es que la película estaba subtitulada, esto me llevo a pensar que de pronto estaba practicando su “listening” o algo por el estilo, pero a medida que me enfocaba en su cara de: “no entiendo ni mierda”, fui descartando esa posibilidad. La capacidad lectora de ese hombre debe ser impresionante, leer de pie y entre huecos la letra menuda y amarilla de la pantalla debe ser todo un desafío, además de mantener la compostura ni dar muestras de mareo ni nada, (no sé si soy muy nauseabundo o él es de Narnia).

Yo pienso que fue mera dependencia, y es que la sociedad actual ha llegado al punto que no puede soltar sus súper-mega-híper celulares ni para tener sexo (sino que me refuten todos los que pusieron de moda su: after sex. ¿A quién le importa ver sus caras después de tan dinámica muestra de pasión?). Es increíble, uno ve, por ejemplo, en un bus que más del 70% de los pasajeros van usando Facebook, Twitter, WhatsApp, Line, o en su defecto jugando Candy Crush (o “preguntados”, que es lo más en estos momentos). A mí la verdad ya me da hasta pena recibir una llamada y tener que sacar mi perola de Nokia C2, ante semejantes móviles de alta gama, terrible, por suerte hoy, en el mismo alimentador, un joven sacó su Nokia 5130 para pasar un nuevo nivel de: Bounce Tales, por un instante pensé en sacar mi C2 y chocar nuestros celulares y gritar: “¡Dame la fuerza, Pegaso!”, luego pensé en lo ridículo que seria y deshice de inmediato la idea.

Lo cierto es que por momentos me dan ganas de entrar en la onda, pero sé que de inmediato caería en adicción con el twitter (bien muchacho, el primer paso es reconocerlo), así que me basta con el tiempo que le dedico en casa (o en la casa de alguien con acceso a internet). Yo tengo la fe de que las perolas dominarán el mundo de nuevo (bien campeón), eso sí, mientras tenga la música del celular, lo demás llegará por añadidura. No me afano por comprar un celular de alta gama, pero si me llega, de una me pongo a twittear y a ver películas en el alimentador…

Por ahora, será seguir construyendo mi ciudad de City Bloxx (que jodido es hacer el “perfect” en las torres de 40 pisos), mientras me coge el sueño, y así mismo, en un universo paralelo (en el mismo, gran pendejo), el sujeto del alimentador termina de ver su película, en español (españolete), con calma y comodidad.

Hasta pronto.

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