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Recordar el colegio implica recordar esa exploración musical que tuve a través del metal, hoy recuerdo en especial un tema, “To Enter Your Mountain” de Bathory. La verdad yo en la interpretación de las letras en inglés he sido un vil güeva, pero siempre esa canción me transportaba, me llevaba a una montaña, quizá en el interior de uno, donde hubiera paz, tranquilidad, donde pudiera reorganizarse y salir de nuevo con claridad. Hoy sé qué no dice nada de eso, pero la sigo sintiendo igual y hoy más que nunca me serviría encontrar esa montaña, adentrarme en ella, y poder alejar todos mis demonios…

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Cánticos que no van

Ir al estadio es una oportunidad única para mí, esto debido a que no vengo de una familia futbolera y no tengo la capacidad económica para costearme el abono para ver a mi equipo del alma; pero ayer creo que no tuve una de las mejores experiencias y no precisamente por lo futbolístico.

Sí, Millos jugó horrible ayer y siendo sincero mereció perder, pero el resultado es meramente deportivo, algo que ocurrió y que se puede olvidar. Pero lo que no puedo olvidar es sentir que buena parte de la hinchada le pareció muy divertido cargar al rival con un tema que a mi modo de ver no tiene nada para coger de chanza.

Se veía venir que el clásico iba a tener ambiente pesado dado el escándalo sexual que involucra a unos jugadores (¡No todos!) de Santa Fe. Quise tener fe en nosotros, los hinchas, de que podríamos saber reconocer la diferencia entre meterle presión al rival y tomar un tema tan delicado para vulnerarlo. No debí tener fe, aunque debo decir que otra parte de los que estuvimos en oriental no seguimos la chanza.

El momento que me generaba incertidumbre llegó, salieron los jugadores de Santa Fe a caminar la cancha y los gritos de “Violadores” no se hicieron esperar. Curioso, acusar a todo un equipo que son unos violadores cuando ni siquiera se han revelado detalles concretos de quiénes son los involucrados. Que por uno paguen todos. Escueleros a morir. Ya en el juego, gritos solitarios de “Violador”, “Violador hijueputa” no faltaban, gritos desesperados de hinchas que van a putear más que a alentar. Algún cántico quizá se me pasa, pero la gota que rebosó la copa, mi copa, llegó cuando empezó a escucharse un: “el que no salte / es violador”. Se me quebró todo, quedé sin palabras.

Para quienes han asistido a un estadio saben en qué sentido se usa el cántico, para quién no, el cántico invita a saltar a toda la hinchada local para diferenciarla de la hinchada visitante, ósea que ¿se quiso decir que también los hinchas cardenales son unos violadores? Sí, no hubo hinchada visitante ayer, pero el sentido está, la intención está. Me parece increíble que se juegue con eso, decirle a toda una hinchada, que son personas igual que nosotros, con una misma pasión por el fútbol, que tan solo cambia de color, que son unos violadores. Estoy seguro que a ninguno ayer en el estadio le hubiera gustado que los mismos cánticos fuesen dirigidos hacia nosotros.

Yo entiendo que el hincha quiere apoyar al equipo y así mismo hacerle sentir al visitante que no esta jugando en su casa, se quiere presionarlo y puedo hasta entender que se puteen (ya las groserías se han tergiversado tanto que hay es que mirar el contexto en que se dicen), pero no puedo entender que se hagan cantos como el de ayer. Si muchos nos indignamos con el tweet del honorable senador Uribe (al cual inexplicablemente aún algunos llaman  presidente) en contra de Daniel Samper, pues lo de ayer me parece que no es menos indignante.

Quiero que se entienda que no estoy defendiendo a los de Santa Fe, mi deseo es que se haga justicia, pero que se haga con los que son, y si el rumor de que se pagó por el silencio es comprobado, que también se haga justicia allí. Pero no estoy de acuerdo en que se acuse a diestra y siniestra a todos los jugadores rivales y aún más a una afición que ni velas tiene en ese entierro; aunque también es reprochable la actitud de mucho hincha cardenal en Twitter justificando la violación porque “es una trabajadora sexual” o dándole mayor trascendencia a que justo pasó antes del clásico. ¡Por favor, fue una VIOLACIÓN! En qué mundo estamos; si el partido era lo que más les importaba, pues ya, lo ganaron, pero lo ocurrido es demasiado grave como para que el fútbol esté por encima. Amamos el fútbol, pero que este no nos enceguezca.

También quiero ser claro que no es solo cosa por parte de la hinchada embajadora, así digan que todos somos unos gamines, unos bocones y demás, no todos lo somos (y no lo digo por sentirme más). Estoy casi seguro que si Santa Fe hubiera tenido que visitar cualquier otra plaza “caliente” (Medellín, Cali, Barranquilla) también las acusaciones de violadores no se hubieran hecho esperar y es más, si la situación hubiera sido al revés, no dudo también que hinchas cardenales hubieran hecho cánticos similares en contra nuestra. Hinchas así abundan en Colombia y hay en TODOS los equipos con hinchadas considerables.

No quería cargar a la hinchada de mi equipo, pero así como Millos ayer cayó en el juego que Santa Fe le planteó en la cancha y perdió, parte de la hinchada también cayó en toda la situación mediática y perdió con una actitud que considero reprochable. Si algún hincha embajador me lee, espero entienda mi posición, que este no es un tema de hinchada ni de fútbol, esto es algo delicado en la sociedad en la cual vivimos, y antes que hincha soy ciudadano. Sí su sentir es putearme, hágalo, pero este post lo hago siendo orgulloso de ser de Millos, pero lamentando lo ocurrido.

Hasta pronto.

 

Noche de suspenso.

Hay días en los que uno tiene espíritu de corredor y le gusta hacer maratones; el problema surge en el instante en que en vez de alistar zapatillas, pantaloneta y agua, alista crispetas, DVD y películas. Hoy estoy acá para contarles sobre una maratónica jornada de suspenso.

Debo decir que hacía un buen tiempo no me sentía tan grato por la descarga de suspenso/horror que viví. En verdad cada película que vi es un recomendado intachable para sus posibles inexistentes listas de recomendados de este blog para usted, lector mío. Sin más rodeos empezaré.

La noche comenzó con algo de este año. Get Out, fue quien dio la apertura y lo supo hace de buena manera; con una historia misteriosa, cargada de racismo que es imposible no notar y gestando luego un thriller psicológico que me dejó sorprendido y algo psicoseado con los psiquiatras.

Me pareció muy interesante la película, no es tan obvia como se puede llegar a creer durante su desarrollo y genera la suficiente intriga y tensión como para no cansarse de ella. Me pareció una película bien hecha, con una historia bien pensada, la cual me resulta muy oscura y macabra.

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La noche siguió con otra película reciente. Raw es la cinta que ha causado furor recientemente. El film francés fue acusado hasta de causar desmayos durante su proyección en el Festival de Toronto, y la verdad mi única decepción con la película fue esa, que no me desmayé (ya soy grandecito, fuertecito y no me desmayo).

La película es muy buena, la historia es fuerte y cruda, y lo de crudo cabe en todo el sentido de la palabra y en todo lo que usted lo quiera aplicar. No hay razones y si muchas cuestiones, pero eso será lo de menos luego de haber visto el film que sin duda se hace escalofriante para muchos (me incluyo).

Sí, hubo partes que me parecen algo extraño, que me hace cuestionar si en verdad ocurren cosas así en las universidades de Francia, grupos que hacen y deshacen, una bienvenida a la facultad de veterinaria algo asquerosa y un descontrol total, pero estas son cosas nimias (bueno, no todas) para lo que termina resultando de la película. La película me pareció muy buena, con argumento que hasta donde conozco, parece ser innovador, no recuerdo un película similar aunque debo decir que tiene cierto aire a “Let the Right One In”. No sé si esta película de para una segunda parte pese a que todo parece haber quedado puesto para que ésta se dé, lo que sí sé es que es de lo mejor que he visto este año.

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La tanda acabó de manera brutal. Debo decir que la película que finalizó la jornada me dejó tieso, sin ganas de cerrar los ojos para dormir. Inside (À l’intérieur) es una película francesa de 2007. Era una tarea pendiente que me tenía, y creo que la espera fue necesaria, más chicuelo quizá hubiera sido algo traumático.

La película en verdad me pareció tensa, escalofriante, sanguinaria, ¡brutal! No es muy larga, pero desde que la situación se pone peliaguda, se me hizo hasta insoportable no porque estuviese cansado de verla, sino porque me sentía encerrado, tensionado, preocupado, temeroso; además que la protagonista es una mujer embarazada y creo que eso hace que uno se haga más susceptible con lo que ocurre en la película. En verdad la película logró atraparme tanto que siento que me llevó a un extremo intransitado para mí a la hora de ver cine de este género.

La historia es buena, bien desarrollada; al comienzo uno se dice “¡pero qué putas! ¿Por qué hace eso esa vieja?” y después todo va quedando muy claro… (O muy oscuuuuuro). La película cuenta con unos efectos que me parecieron buenos, por ejemplo, a la protagonista se le veía muy real su embarazo y todas las atrocidades que ocurren, en su mayoría fueron muy bien hechas.

Es posible que yo sea demasiado impresionable y haya puesto a esta película entre lo más, cuando quizá para muchos no lo sea, pero también considero que cada quien le da un valor a las cosas según lo vivido, y mi experiencia con la película fue estupenda. Si me lo preguntarán la pondría entre lo mejor que he visto en cuanto a cine de terror/horror/suspenso (últimamente se hace complicado separar a estos tres)  en mi vida.

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Quizá exageré diciendo que fue una maratón y para alguno, tres películas no den ni para media maratón, pero pues las circunstancias llevaron a que el momento fuera corto pero sustancioso. En verdad les recomiendo estas tres películas y por supuesto, espero las disfruten (o las vivan) igual que como las disfruté yo.

Hasta pronto.

La Tierrita

Quizá sea un romántico excesivo, un enamorado de los paisajes repetidos, del verde abrumador y el aire liviano que se respira. Puede que sea un lugar aburrido para algunos, pero se me hace imprescindible entre mis destinos. Ir por la carretera, bordeando un río o cruzando el valle, rodeado por la montaña cargada de bosques que sin importar el clima dan un toque mágico al viaje, a mi viaje, que me absorbe al otro lado del cristal.

Llegar al campo, respirar naturaleza, sentir calma; lugares como la tierra de mi padre me hacen sentir esperanza, sentir que pese al daño ambiental que generamos, aún se puede hacer algo y podemos preservar lo que aún tenemos. Estar allá me hace creer que aún hay vida, una estable.

En la noche, el camino se muestra bajo la luz de una luna, de las estrellas, gracias al cielo puro que ninguna ciudad jamás podrá apreciar. El sendero nos guía hacia el potrero, donde una vaca que junto a su vástago desean probar de la densa cubierta del suelo. De allí, la siguiente parada es  la zona de relajación (el SPA boyacense (?)).

La pista está puesta a disposición, las piedras vuelan de lado a lado en un movimiento parabólico cuyo ángulo de disparo dependerá de su peso y la fuerza del tirador; artefactos triangulares estallan sin tomar prevenido a nadie, que entre algún grito de susto y risa se celebra el equivalente a un gol.

Es allí, estando en la banca, con una bebida de cebada en la mano, observé la iglesia del pueblo, a lo lejos, escondida entre los árboles, y me pregunté, ¿Llegarán a dejar de existir estos pueblos? Algo exagerado mi pensamiento, pero dados los estereotipos de progreso, de ciudad y de campo, me fue imposible no dejarme llevar por la pregunta; además, es muy difícil negar que cada vez se ve más una población longeva en los pueblos. Pensar en ello me dejó melancólico, qué seríamos sin el campo, qué sería de mí sin aquel lugar al cual no pertenezco pero que me acoge como si lo fuera desde que tengo uso de razón; no podría aceptar la idea de que estos municipios llegasen a quedar desiertos, olvidados.

Es irónico que una persona como yo, que digo no querer dejar la ciudad alguna vez (son ideas que pueden cambiar con el paso del tiempo) salga ahora a añorar y desear que la tierrita nunca sea la tierra de la que Vives canta. No faltará quien me diga que coja azadón, botas y me vaya pa’llá, pero el hecho de que no viva allá no implica que no sienta cariño por la tierra que busco empedernido entre la montaña cada que estoy del otro lado del valle durante el camino, esa tierra que crió a mi padre, que es hogar de mi abuelo y que es como una segunda tierra natal para mi.

Hasta pronto.

 

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Exótico oriente

Estoy molesto por una estupidez, pero es una estupidez que hace que uno disfrute las vainas contemporáneamente con los demás colombianos y anacrónicamente con el resto del mundo. Estamos atrasados hasta pa’ ver cine. Por eso cuando hago mis Top Ten a fin de año, recibo comentarios como: “Ah, pero son películas del año pasado, no de este” y uno como un idiota no puede hacer más que aceptar porque se sobrevive con lo que llega tarde, lastimosamente.

Dejaré de lado las quejas inevitables, no sé si en contra de las productoras o en contra de, por primera vez y de manera vana, ser colombiano (se viene la horda de chovinistas) y cambio de lado el cassette para contarles que quedé maravillado, exaltado, extasiado, asqueado, y hasta por momentos asustado con “The Handmaiden” ¡Qué película se mandó  Chan-Wook Park!

La película es un mar de incertidumbre. En un comienzo aparenta ser clara para el espectador, quizá predecible para los más osados, pero a partir de un punto, la película ya no es lo que se creía que sería y lo sumerge en ese mar de engaños, lujuria, codicia, traición y un buen número de actos que logran emocionar  y atrapar al público a medida que avanza el extenso largometraje.

Son casi 3 horas en la sala de cine apreciando la película surcoreana, pero fueron casi 3 horas donde la única mediana angustia o desespero que sentí (y muy leve) fue por lo tarde que se hacía para volver a casa. De resto, la historia que se desarrolla hace que uno quede petrificado, enmudecido, asombrado ante la pantalla.

Es posible que yo sea muy impresionable. De por sí muchas veces considero que trato de rescatar cosas de cada película que veo (no más basta ver que le hice un post a “A Serbian Film“) sin que esto implique que todas me gustan, pero en verdad “The Handmaiden” me atrapó de una manera tal, que me acojona no haberla visto antes, que no la hubieran traído a Colombia por lo menos a comienzo de este año.

No puedo decir que soy un experto en cine oriental y más específicamente en la obra de Chan-Wook Park, pero con lo poco que he visto, encuentro cierta similitud entre por ejemplo “Oldboy”  y “The Handmaiden”. No es que sean iguales, pero se me hizo notorio el hecho de ir desarrollando la historia y a su vez ir confundiendo y asombrando al espectador con los cambios sorpresivos que la historia toma según es contada; además que la trama de ambas películas (en general relacionándola con la Trilogía de la Venganza) pueden llegar a tener matices similares sin ser necesariamente parecidas. No sé qué hace Chan-Wook Park, pero encuentra historias singulares y les imprime su sello característico de muy buena manera generando una especie de universo propio.

La película además tiene una fotografía estupenda, locaciones preciosas y un vestuario y caracterizaciones muy estéticas, bellas y bien hechas. Cada toma es preciosa, cargada de una labor artística impecable según mi parecer. La película personalmente me parece una pequeña joya, sin decir que es lo mejor que he visto en mucho tiempo, pero sí me atrapó y me exaltó a tal punto que la recomiendo y me la volvería a disfrutar sin pensarlo dos veces.

Como es casi un mandamiento para mí, no daré spoilers, así que mejor me muerdo la lengua, me ato las manos, y paro el post acá, abruptamente, no sin antes recomendarles  de nuevo la película la cual me pareció genial;  eso sí, si usted está lleno de prejuicios moralistas, que juzga todo lo que cohíbe una religión y no sale de esa cuadrícula, mejor no se la recomiendo, de pronto sale ofendidos por el filme. A los demás, si siguen la recomendación, espero la disfruten igual que yo.

Hasta pronto.

Melodramathico.

Hace unos meses temía por el semestre, por si podría revertir un mal comienzo, y hoy puedo decir: ¡La remonté! ¡No la “pechee”! Logré sacar adelante un semestre que solito se me complicó. A trancas y mochas la pude sortear y sobrellevar la situación, y estar hoy tranquilo al otro lado del semestre, pero algo en el fondo me impide celebrar con total satisfacción.

Es increíble pero a estas alturas del partido aún tengo dudas, tengo temores respecto a lo que hago, lo que estudio. Estoy plagado de miedos, y quizá ellos me permiten seguir sintiendo la vida al máximo, ese temor antes de presentar un parcial, o antes de vender humo en una exposición, ese temor de abrir Cóndor (me importa un carajo que ya no tenga ese nombre) y no ver la nota esperada. Todo este conjunto de cosas me angustia y a la vez me mantienen ahí.

Hace poco una amiga me pregunto por cuál era uno de mis mayores miedos en la vida, a parte de los nimios temores que padezco y que ya mencioné, le pude contestar por uno que siempre me acongoja, el temor a no dar la talla en lo que hago. Es absurdo, pero siempre dudo y me siento inferior a los demás, siento que no soy bueno en esto, y ese hecho me llevo el otro día a una reflexión; Durante la carrera he visto cada tema con miedo, con temor de no ser capaz de comprenderlo, en vez de tratar de entenderlo con calma y por qué no, gozarlo me. En conclusión, no he disfrutado la carrera y quizá haya desperdiciado en cierto modo esta oportunidad.

De pronto estoy pasado de pesimista, me este dando duro, esté viendo todo de manera trágica cuando debería estar tranquilo por la buena racha que llevo. Es posible que sea por el final que ya empieza a asomar, o simplemente sea la reacción a la acción de esta puta baja autoestima que me corroe desde pequeño.

Esta pequeña entrada ha sido como liberadora y pesimista, además de desesperada. Me disculpo por el post melodramático, pueda que sea también porque pese a la remontada, el semestre no fue lo que esperaba que fuera y desaproveché una oportunidad enorme de subir ese promedio que parece no sube ni a rueda de Nairo. Aún así estoy tranquilo, porque el objetivo principal se cumplió.

Hasta pronto.

 

A veces el silencio puede ser más sabio, más significativo, más valioso y precavido. Ese silencio que a veces no se sabe guardar, que se escapa del consejo de la prudencia y que termina invocando a todos los demonios de mi interior. El silencio puede ser el más hijueputa, el más certero, que haga sentir ignorado u olvidado al otro, pero ese silencio, el que no guardé, pudo haber evitado lo que parece difícil de evitar ya. Qué puta tristeza, qué impotencia, qué desolación.